El uso de baños secos crece como alternativa para disminuir el desperdicio de agua en los sanitarios tradicionales. Esta iniciativa nace ante la crisis hídrica y en Hermosillo es impulsada por el colectivo Nuestra Vida Verde.
Ricardo Amador/NORO
La escasez de agua ya dejó de ser un problema del futuro para convertirse en una realidad constante. Sequías prolongadas y baja disponibilidad han impactado tanto a zonas urbanas como rurales, donde incluso el acceso a servicios básicos se ha visto limitado.
En ese contexto surgió en Hermosillo el proyecto Nuestra Vida Verde, enfocado en impulsar soluciones ecológicas desde lo cotidiano, como la creación de huertos, la permacultura y la elaboración de composta. Uno de sus principales ejes es promover el uso de los baños secos, una alternativa que elimina el uso de agua en el baño y propone una forma distinta de gestionar los residuos.
Implementar un baño seco en casa puede comenzar con sistemas sencillos, como una cubeta con tapa y material secante —aserrín, hojas secas o cartón—, siempre en un espacio ventilado y con un uso adecuado que evite olores.
Aunque existen modelos más complejos que implican construcción, muchas personas inician con versiones básicas y las integran de forma gradual a su vida cotidiana. Sin embargo, uno de los principales retos es la disposición final de los residuos, ya que en la mayoría de las ciudades no existen servicios de recolección especializados. Nuestra Vida Verde exploran la posibilidad de ofrecer este tipo de servicio, con el objetivo de facilitar la adopción de estos sistemas y asegurar un manejo adecuado.

Especialistas han advertido sobre el llamado “día cero”, un momento en el que las ciudades podrían perder la capacidad de abastecer agua suficiente para cubrir necesidades básicas. Ese escenario puede derivarse de factores como sequías prolongadas, sobreexplotación de acuíferos y fallas en la gestión del recurso. Incluso, ya ha sido considerado un riesgo real para regiones del norte de México, según investigadores de la UNAM, pues es una realidad en algunas regiones del noreste de México.
Para Gustavo Dueñas, integrante de Nuestra Vida Verde, el punto de partida para el cuidado del agua y el uso de baños secos fue entender que la crisis no es lejana.
“El primer acercamiento que tuvimos fue en Ciudad de México. Con las amenazas del día cero nos empezamos a relacionar y a estudiar con diferentes proyectos relacionados al tema del agua y a la pérdida de suelo”, comentó Dueñas.
¿Cómo funcionan los baños secos?
A diferencia de los sanitarios convencionales, los baños secos no utilizan agua para trasladar los desechos. En su lugar, se emplean materiales orgánicos como aserrín, hojas secas o trozos de cartón o papel para cubrirlos, lo que permite controlar olores y facilitar un proceso de descomposición natural.
Con el tiempo, estos residuos se transforman en composta mediante un manejo controlado, es decir, el uso de materiales secos y naturales, ayuda a reducir la humedad, y por ende, los malos olores. Además, como están cubiertos, se evita la proliferación de insectos. Por último, el tiempo ayuda a eliminar agentes patógenos. Este proceso puede tomar hasta dos años, pero al finalizar genera tierra fértil que puede reintegrarse al suelo.

“El baño seco funciona hasta en una cubeta. Ahí se depositan las excretas y la orina, con materiales secantes, siempre se cubre muy bien para evitar moscas u otros animalitos”, explicó.
El contraste con el modelo tradicional es significativo. En un sanitario convencional, una persona puede usar, según un cálculo hecho por Dueñas, hasta 15 mil litros de agua al año únicamente en descargas, lo que en un contexto de escasez de agua adquiere otra dimensión.
El reto de los baños secos en México
Aunque el funcionamiento de los baños secos es relativamente sencillo, su adopción enfrenta barreras culturales. El uso de agua en el baño sigue siendo visto como un estándar de higiene y desarrollo.
“Todavía se piensa que el desarrollo tiene que ser siempre un baño de porcelana con agua pero hoy en día ese mismo sistema nos ha llevado a una gran contaminación del agua, incluso una desconexión total dentro de los ciclos naturales”, comentó el miembro de Nuestra Vida Verde.

Más allá del ahorro hídrico, los baños secos plantean un cambio en la forma de entender los residuos. En lugar de desecharlos, estos pueden transformarse en composta y regresar al suelo como nutriente.
“Hablar de baños secos es hablar de cómo regresamos a la tierra lo que alguna vez nos dio; lo regresamos incluso como alimento para el mismo suelo”, añadió.
Otro de los obstáculos para la adopción de los baños secos no es su funcionamiento, sino la percepción que existe alrededor de ellos. Entre los mitos más comunes están los malos olores, la falta de higiene o la presencia de insectos.
Sin embargo, estos sistemas están diseñados precisamente para evitar esos problemas. A diferencia de los sanitarios tradicionales, donde el agua genera procesos de descomposición sin oxígeno, los baños secos utilizan materiales que evitan los malos olores y los deshechos se infesten de insectos.
“El tema de los olores pasa porque estamos acostumbrados a que el agua encapsula los desechos. Pero eso genera pudrición por falta de oxígeno. En los baños secos, la materia secante absorbe la humedad y elimina los olores”, explicó Dueñas.

Otro de los mitos está relacionado con la seguridad sanitaria. De acuerdo con Nuestra Vida Verde, en una entrevista exclusiva con NORO, los residuos no se utilizan de forma inmediata, sino que pasan por un proceso de compostaje controlado que puede durar hasta dos años. Este es el tiempo en el que se eliminan agentes patógenos y se transforman en tierra fértil.
En medio de la crisis hídrica, los baños secos comienzan a posicionarse como una alternativa viable. Su expansión dependerá no solo de la integración de proyectos de recolección de baños secos en las ciudades, además de replantear hábitos cotidianos en el uso del agua.




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