Aunque la empatía hacia la comunidad ciega ha aumentado, la falta de información sigue provocando acciones que limitan su autonomía en la ciudad.
Ricardo Amador/NORO
¿Te has puesto a pensar cómo enfrentan la ciudad las personas con discapacidad visual? Banquetas invadidas por objetos, guías podotáctiles interrumpidas, postes mal colocados son parte de la infraestructura urbana de casi cualquier ciudad.
Para muchas personas ciegas o con baja visión, enfrentarse con dificultad a estos elementos es parte de su rutina diaria al desplazarse por el espacio público.

Moverse por la ciudad implica estar atento a sonidos, texturas y referencias que cambian constantemente. Cuando esos elementos se alteran, la autonomía se vuelve más frágil y el recorrido requiere un esfuerzo adicional.
Gabriela Quintero, de 36 años, integrante del colectivo Comunidad Ciega y de Baja Visión Sonora, conoce bien esa realidad. Hace once años fue diagnosticada con glaucoma juvenil y daño en la mácula en ambos ojos, una experiencia que la llevó a replantear su relación con el espacio público y, más adelante, a organizarse con otras personas de la comunidad.
“Las guías podotáctiles son una herramienta muy importante para nuestra movilidad, pero constantemente están bloqueadas o mal instaladas. Cuando eso pasa, nos obliga a improvisar y aumenta el riesgo al movernos por la ciudad”, compartió.
La unión de una comunidad para convertirse en una organización colectiva
La Comunidad Ciega y de Baja Visión Sonora surgió a partir del intercambio de experiencias entre personas con discapacidad visual en Hermosillo. Conversaciones informales sobre el día a día, las dificultades para moverse en la ciudad y los intentos previos de activismo hicieron evidente la necesidad de una organización más estructurada.
“Si estábamos conviviendo mucho, ¿por qué no trasladar todo eso que se comenta a una realidad diferente?”, recuerda Gabriela.

En 2022 organizaron la primera Caminata a Ciegas. Aunque esperaban una participación reducida, la respuesta superó sus expectativas.
“Pensábamos que llegarían unas 50 personas, principalmente familiares y amigos, y para nuestra sorpresa asistieron más de 200”, cuenta.
Ese ejercicio marcó el inicio formal de la Comunidad Ciega y de Baja Visión Sonora, hoy constituida como asociación civil y referente local en temas de discapacidad visual.
Preguntar antes de ayudar: clave para apoyar a personas ciegas
En la vida diaria, uno de los retos más comunes para las personas ciegas o con baja visión es la forma en que se ofrece ayuda en la calle. Para Gabriela, muchas de estas situaciones no parten de la mala intención, sino del desconocimiento.
“Uno de los principales errores es asumir que las personas con discapacidad visual necesitamos ayuda todo el tiempo. Ver a alguien con discapacidad no significa que esté esperando apoyo en ese momento, y muchas veces esa ayuda no solicitada puede resultar incómoda o incluso riesgosa”, explicó.

Desde su experiencia, es común que, al intentar ayudar, algunas personas tomen del brazo, jalonen o intervengan sin avisar. En otros casos, incluso se retira el bastón blanco, una herramienta fundamental para la orientación y la seguridad.
“El bastón no es un objeto cualquiera, es una extensión de tu cuerpo. Cuando alguien llega y te lo quita, te jala del brazo o te mueve sin avisar, no solo te desorienta, también puede sentirse como una invasión o una agresión”, señala.
No usar diminutivos para nombrar a personas con discapacidad
Más allá de lo físico, la convivencia cotidiana también se ve atravesada por el lenguaje. El uso de diminutivos o expresiones condescendientes suele aparecer como una forma de cercanía, pero en muchos casos resulta incómodo para personas adultas con alguna discapacidad.
“Es muy común que se dirijan a nosotros con diminutivos, y eso puede ser molesto, sobre todo cuando ya eres una persona adulta. Sí entiendo que es por por la buena intención, pero ¿y si no me infantilizas? y si dices el término como debe de ser, que es persona ciega o persona de baja visión”.

Según Gabriela, estas formas de trato, normalizadas en distintos espacios, refuerzan ideas equivocadas sobre dependencia o fragilidad. Para la activista, revisar el lenguaje es una forma básica de reconocer la autonomía y la dignidad de la comunidad ciega.
No obstruir guías y espacios para personas con discapacidad visual
El entorno urbano representa otro de los grandes desafíos. Banquetas irregulares, guías podotáctiles obstruidas, falta de contraste y obstáculos improvisados forman parte del recorrido diario de muchas personas con discapacidad visual en Hermosillo.

Gaby explica que, incluso cuando existen herramientas diseñadas para facilitar la movilidad, como las guías podotáctiles, su efectividad depende de que sean respetadas. Cuando estas líneas están bloqueadas por personas paradas encima, puestos o cualquier tipo de obstrucción, dejan de cumplir su función y se convierten en una barrera más dentro del recorrido.
Además, advierte que el problema no siempre está en quienes transitan por la calle, sino también en cómo se instala esta infraestructura. Aunque existen normas que regulan estos elementos, el colectivo señala que con frecuencia se aplican sin capacitación ni consulta previa.
“Muchas veces creemos que con tener buena intención es suficiente, pero es importante preguntar para qué y para quién se están haciendo las cosas”, explica.
Desde su experiencia, la inclusión urbana no se logra solo cumpliendo con requisitos técnicos, sino entendiendo cómo se vive realmente la ciudad desde la discapacidad visual.
La curiosidad como punto de partida para ayudar a una persona ciega
Un cambio cultural puede comenzar con algo sencillo: la curiosidad.
“Me encantaría que cuando una persona sin discapacidad se encuentre con alguien con discapacidad visual, le genere curiosidad. Cuando hay curiosidad, la gente busca informarse”, dice.

Preguntar antes de ayudar, escuchar la respuesta y respetar la decisión son gestos que pueden marcar una diferencia significativa en la vida cotidiana de ambas personas involucradas.
La Comunidad Ciega y de Baja Visión Sonora continúa realizando caminatas, actividades de sensibilización y asesorías en Hermosillo, con el objetivo de que la ayuda deje de basarse en suposiciones y se convierta en una práctica informada, respetuosa y compartida.




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