“El parque no era parque, la basura se lo había comido”, recuerda Brenda Francisca Vega Barrera, vecina de la colonia Metalera desde hace 18 años.
Hace apenas tres años, el espacio que hoy funciona como punto de encuentro comunitario en la colonia Metalera, era un basurero clandestino y una zona considerada insegura para los habitantes. Las familias evitaban que sus hijos salieran después de las cinco de la tarde; jugar ahí era impensable. Sin embargo, la organización de un grupo de mujeres de la colonia transformó por completo el entorno.
La Metalera, ubicada al surponiente de Hermosillo, fue una de las dos zonas seleccionadas a nivel nacional para el programa ecozonas. Esta iniciativa es impulsada por WRI México y el Instituto Wuppertal, y está orientada a mejorar los entornos ambientales y la calidad de vida en comunidades vulnerables mediante la participación ciudadana.
En el proyecto de rescate de la zona, la participación de las instituciones WRI México y el Instituto Wuppertal fue fundamental. Ambas organizaciones brindaron capacitación a los habitantes del sector de manera constante al menos una vez por semana en temas como reforestación, almacenamiento de aguas pluviales y cambio climático. En Hermosillo, de acuerdo con el área de Servicios Públicos Municipales, se han rehabilitado 893 parques, 170 bulevares y camellones de gran tamaño, así como 74 espacios verdes en la zona rural.
“Participaron mujeres como doña Naty, Lety, Linda, doña Rosario, Loly… muchas señoras ya grandes, pero muy entronas, muy comprometidas con la comunidad”, relata Brenda.

El impacto ambiental de las ecozonas
A casi tres años de la implementación del proyecto ecozonas, el parque no solo se mantiene gracias al cuidado de los vecinos, sino que se ha convertido en un espacio vivo, donde se observan las áreas verdes y la presencia constante de personas. Los vecinos fueron capacitados en reforestación y gracias a esto, lograron consolidar áreas verdes que antes no existían.
“Batallábamos mucho, pero siempre volvíamos a plantar. Después vinieron unas ingenieras que nos ayudaron a implementar microcuencas para retener el agua y permitir que los árboles crecieran”, y Brenda añadió, “se lograron sembrar muchos árboles, prácticamente todos son nuevos”.
Los vecinos señalan que la zona ha cambiado completamente. Ahora la basura se quedó a un lado y ahora se observan aves, abejas, mariposas y colibríes. Los árboles han cambiado incluso la sensación térmica del lugar. A pesar de que en Hermosillo las temperaturas superan los 40 grados centígrados, en la ecozona el ambiente es más fresco. Los vecinos salen por las tardes a tomar café, convivir o simplemente disfrutar de un espacio por el cual antes no podían ni circular.
La ecozona La Metalera hoy luce verde y limpia. En los columpios, algunos niños juegan y disfrutan del espacio, una escena que, según la vecina de la colonia Metalera, Brenda, parecía imposible por lo sucio que estaba el lugar y la inseguridad.

Recuperar lo presente y la creación de la comunidad Metalera
La recuperación del lugar no solo transformó el entorno ambiental, sino también la dinámica social de la colonia, al devolver a las familias un espacio seguro para convivir. Incluso, durante el recorrido, se observó a una familia que llevó a su caballo a pastar en el área.
Brenda relata que todo comenzó con su familia, quienes iniciaron las labores de limpieza. Con el tiempo se sumaron más vecinos y, posteriormente, los niños de la colonia: “los viernes, después de la escuela, venían a ayudar a limpiar. Luego les dábamos un refrigerio y así se fue creando la convivencia”, añadió. También la participación de personas adultas mayores fue crucial.
“La mayoría éramos personas adultas, pero también participaron personas mayores como doña Raquel y don Gregorio, que tienen alrededor de 80 años”, mencionó Brenda con orgullo. “Al principio fue complejo —afirmaba— porque es una zona conflictiva, pero logramos avanzar. Se transformaron los espacios y, en lugar de ser puntos de riesgo, ahora son áreas que cuidamos entre todos”.
Durante la pandemia de covid, el parque también funcionó como un punto de apoyo económico para las familias, pues se organizó un tianguis. “La gente vendía lo que podía: comida, cosas que tenía en casa, y a muchos les funcionó, aunque fue por una temporada”, recordó Brenda.

Callejón de la lluvia: otra área rehabilitada para mejorar la calidad de la comunidad
Frente al parque se localiza el “callejón de la lluvia”, un pasillo angosto forrado con mosaicos rojos y blancos. A los lados hay viviendas de la colonia Metalera y, sobre sus muros, hay murales que acompañan este paso peatonal. Al día de hoy, este callejón está totalmente transformado y es agradable para quienes circulan por él. Brenda explicó que se trata de uno de los espacios con mayor intervención dentro del proyecto. Actualmente, se ha convertido en una vía clave para la movilidad de los vecinos.
“El callejón está al cien. Es la principal avenida para quienes no traen carro. Por ahí pasamos a dejar a los niños a las escuelas, porque hay dos cerca, y nos ahorramos mucho tiempo. Lo cruzan y toman el camión”, comentó.
Recordó que, antes de su intervención, este espacio representaba un riesgo constante para la comunidad, pues se inundaba durante las lluvias. Ahora, funciona como un cauce que permite captar y dirigir el agua hacia el parque y mejora el riego de los árboles.
“Antes de que se pavimentara con el proyecto de ecozonas, era prácticamente una zanja. Mucha gente se caía, sobre todo personas adultas mayores. Ahora se puede transitar tranquilamente”, explicó.
Entre los trabajos realizados destacan la nivelación del suelo, la instalación de luminarias para reforzar la seguridad y el diseño de un piso con materiales reutilizados.

La Metalera: ejemplo para tejer nuevos futuros
María del Rosario Ramírez Jáquez es vecina de la colonia Metalera desde hace más de 50 años. Ella fue una de las mujeres que impulsó el rescate de espacios en su comunidad y el pilar para embellecer el espacio. Para lograrlo, capacitó a otras vecinas para tejer las mandalas que hoy forman el llamado “cielo escultórico” del parque.
“Fue algo novedoso, porque es el primer cielo de tejido de mandala aquí en Hermosillo. Llamó mucho la atención. Cuando se hizo la convocatoria para que nos ayudaran, éramos muy poquitas”, recordó Rosario.
La respuesta de las mujeres superó las expectativas. Lo que inició como un grupo reducido, creció hasta reunir a cerca de 60 mujeres interesadas en aprender a tejer y participar en la intervención del espacio.
“Creíamos que íbamos a ser unas 10, pero fuimos casi 60 mujeres las que nos sumamos”, relató.
Para lograrlo, María y las otras mujeres se reunían una o dos veces por semana. El objetivo era avanzar en la elaboración de las piezas que, posteriormente, fueron instaladas como parte del techo decorativo del parque. Con el paso del tiempo, explicó, la exposición al sol ha provocado que los colores de las mandalas se desgasten, por lo que ahora, otro de los objetivos es rehabilitar la escultura textil.
“Yo sé tejer, nos dieron varias opciones y yo dije: ‘sé tejer, y si la gente quiere hacerme caso o me sigue, podemos hacer el cielo’, y sí se logró”, comentó.
Rosario aprendió a tejer desde niña, gracias a su mamá. Además, recuerda que gran parte del conocimiento viene de la enseñanza de las maestras de la escuela en la clase de manualidades, cuando este tipo de actividades formaban parte de la educación. La mujer, orgullosa, reconoce que el trabajo, a través del tejido, busca no solo embellecer espacios, sino también contribuir a causas sociales y recuperación de espacios. Algo es importante, los cambios que María del Rosario ha observado en la colonia, lo resume en una palabra: unidad.

¿Cómo abonar a la conservación del espacio en la ecozona La Metalera?
Laura Leticia Martínez Téllez es vecina de la colonia Metalera desde hace 35 años. Ella, junto con su familia, se mantiene constantemente al pendiente del parque rehabilitado. Relató que, antes de la intervención, el espacio estaba prácticamente abandonado, con muy poca vegetación y sin mantenimiento constante.
“No había plantitas, estaban nomás esos árboles. De hecho, en la mañana estábamos regando porque no les llega suficiente agua hasta acá, y de mi casa yo riego las matitas de este lado”, explicó.
Para mantenerlas en buen estado, Leticia y su esposo salen a regar plantas con bote y manguera al menos dos veces por semana. También dijo que esta ecozona —adoptada por los vecinos como parque— tiene una llave de agua que permite dar mantenimiento a algunos árboles, aunque no es suficiente para toda el área. Leticia también ha asumido un rol activo en la convivencia comunitaria: vigila que los niños cuiden el espacio y les enseña a respetar el parque.
“Me siento muy bien. Los niños lo han disfrutado mucho del parque, vienen incluso de otros alrededores”, comentó la vecina.
Leticia recordó que durante el proceso de recuperación hubo una gran convivencia entre vecinas, especialmente durante las actividades de tejido y mantenimiento del parque. En estas reuniones, las mismas vecinas tomaban café y se incluyeron en la plantación de árboles.
“El espacio estaba abandonado, se robaban los columpios o los mismos niños hacían daño, pero ahora todo ha durado, hasta las mandalas en el cielo”, afirmó Leticia sobre los cambios observados en el rescate de La Metalera.

La actualidad de las ecozonas
Hoy, el parque y sus alrededores se mantienen gracias al cuidado constante de las propias vecinas, quienes no han dejado de realizar acciones para preservar el trabajo que comenzó hace tres años.
Los niños juegan, los árboles siguen creciendo y el espacio se conserva limpio, verde y más seguro. Las tres mujeres que participaron en el proyecto de las ecozonas coinciden que el cambio en la comunidad no solo fue físico, también social y ambiental. La convivencia, en esta parte de Hermosillo, se fortaleció ya que la participación de los habitantes ha sido fundamental para poder sostener el cambio en esta zona.
Lo que antes era un basurero y una zona de riesgo, hoy es un lugar de encuentro donde las familias conviven, los niños juegan y los vecinos se siguen organizando para preservar el parque.





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