Una campaña ciudadana que supera las 500 mil firmas busca detener la instalación de una planta industrial en la bahía de Ohuira, Sinaloa. Esta operación amenazaría el ecosistema que habita el Pechocho, un delfín muy querido de la región.
Ricardo Amador/NORO
En las aguas del puerto de Topolobampo, Sinaloa, vive desde hace más de 30 años un delfín nariz de botella al que todos conocen como Pechocho. Su nombre nació de la pronunciación infantil de la palabra «precioso«.
Según relatos de pescadores y guías turísticos locales, el Pechocho nació durante el huracán Ismael, mientras su madre buscaba refugio en los manglares de la bahía. La madre no sobrevivió. La creencia de los habitantes es que los delfines permanecen donde murieron sus seres queridos, lo que explicaría por qué este cetáceo nunca ha abandonado el lugar donde llegó al mundo.

El Pechocho se convirtió en una atracción única en Topolobampo, y es conocido por interactuar directamente con los visitantes. Por ejemplo, cuando Pechocho lleva una vara en la boca indica que prefiere estar solo; cuando no, permite que los turistas lo acaricien. Esta personalidad singular lo ha convertido en un ícono de Sinaloa y en uno de los delfines solitarios más famosos de México.
La planta de amoníaco que amenaza Topolobampo
Desde 2010, la empresa Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), filial de la compañía suizo-alemana Proman AG, tramita la construcción de una planta industrial. Ésta se ubicaría en un predio de más de 200 hectáreas a orillas de la bahía de Ohuira. El objetivo es producir aproximadamente 2,200 toneladas diarias de amoníaco anhidro, un insumo clave para la fabricación de fertilizantes.

El proyecto ha generado una disputa prolongada entre la empresa, autoridades gubernamentales, comunidades indígenas mayo-yoreme, cooperativas pesqueras y organizaciones ambientalistas. Los opositores advierten que la operación de una industria de este tipo implicaría riesgos graves para una zona de altísima relevancia ecológica y económica.
El amoníaco anhidro es una sustancia tóxica y volátil. En caso de fuga o accidente, los cerca de 10 mil habitantes de las localidades de Topolobampo, Ohuira, Paredones y Lázaro Cárdenas, ubicadas en el área de influencia directa del proyecto, quedarían expuestos a serios riesgos para la salud.

Miles de firmas respaldan a Pechocho
Frente al avance del proyecto, activistas y pescadores de la zona lanzaron la campaña «Detener la planta de amoniaco GPO en Topolobampo» en la plataforma Change.org. Al 2 de junio de 2026, la petición había reunido más de 530 mil firmas, lo que evidencia la magnitud del respaldo ciudadano dentro y fuera de Sinaloa.
Los opositores al proyecto señalan que la instalación no solo pondría en peligro al Pechocho y a otros mamíferos marinos, sino que también afectaría los ecosistemas de manglar, las especies migratorias y una actividad pesquera que genera más de 45 mil empleos directos en el estado.

Sinaloa concentra el 13% de las agrupaciones ribereñas del país y el 15% de su población pesquera nacional, por lo que, cualquier daño al equilibrio de la bahía tendría consecuencias económicas y sociales de amplio alcance. La historia del Pechocho se ha convertido en el rostro más visible de una lucha que lleva más de una década: la de comunidades que defienden su bahía, su cultura y su sustento frente a un proyecto industrial cuyas consecuencias, advierten, podrían ser irreversibles.



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