Un recuento de iniciativas comunitarias sociales, culturales y ambientales que, desde lo local, abrieron otras posibilidades de futuro en el norte del país.
Grecia Bojórquez/ NORO
2025 fue un año donde, lejos de los reflectores, surgieron iniciativas comunitarias que apostaron por reconstruir vínculos con la tierra, con la comunidad, con la palabra y con la memoria.





Desde NORO, estas historias se leyeron como procesos colectivos que, paso a paso, propusieron otras formas de habitar el territorio, alejadas de la idea de excepciones heroicas.
Este cierre de año es un recuento de algunas de esas iniciativas comunitarias que, sin prometer soluciones totales, activaron preguntas necesarias y mostraron que la esperanza también se construye con acciones concretas.
Iniciativas comunitarias creadas desde el noroeste:
Cuenca Los Ojos y el regreso del bisonte a Sonora
El bisonte volverá a Sonora por primera vez desde el siglo XVIII, como parte de un plan para redistribuir una manada que creció de 23 a más de 500 ejemplares tras su reintroducción en Janos, Chihuahua, en 2009.
En Sonora, el proceso tiene el liderazgo con Cuenca Los Ojos. La organización, con trabajo de restauración ecológica en el noreste del estado, prepara el territorio para recibir a los primeros animales y será su hogar temporal.

La apuesta de Cuenca Los Ojos busca que su predio funcione también como espacio de manejo y reproducción. En el centro está la función ecológica del bisonte en los pastizales: su presencia reactiva dinámicas del suelo y del paisaje que han estado ausentes por siglos.
Y alrededor de esa llegada hay trabajo técnico y social: evaluaciones de riesgo, diagnósticos sanitarios, adecuación de cercos y conversaciones con ranchos y ejidos vecinos para pensar la convivencia en el territorio.
Polinizador Social: economía restaurativa con mujeres y agave
En comunidades productoras de bacanora, Polinizador Social propuso mirar los residuos del agave como materia prima, en lugar de un desecho inevitable. Liderado porValeria Cañedo y Leonela Báez, el proyecto trabaja con mujeres rurales para transformar el bagazo, que antes se quemaba o ignoraba, en productos sostenibles como encendedores ecológicos y jabones artesanales.

Lo más relevante, sin embargo, ocurre en el proceso: talleres, experimentación, acompañamiento y redes de aprendizaje entre las propias participantes. En una región donde el monte suele describirse como “vacío”, esta iniciativa lo releyó como territorio vivo y como archivo de saberes que se transmiten en caminatas, recetas y usos tradicionales de plantas.
Las Chureas: leer en voz alta como acción comunitaria
Mientras los diagnósticos nacionales e internacionales advierten una caída en la comprensión lectora, en Pesqueira, Sonora, un grupo de jóvenes decidió responder con una práctica sencilla y exigente, la decleer para otros.

El taller de cuentacuentos Las Chureas, coordinado por el maestro Omar Lauterio, forma a estudiantes de preparatoria para interpretar textos y compartirlos en escuelas y campos agrícolas del municipio.
El taller convierte la lectura en algo que se entrena, se acompaña y se sostiene en comunidad. En lugar de reducirla a tarea escolar, la vuelve vínculo. Los niños piden que regresen, los jóvenes mejoran su expresión y, en algunos casos, llevan esa experiencia a nuevos círculos de lectura cuando migran a la universidad.
Taller Ambulante: cine y fotografía para narrar desde adentro
Desde 2019, Taller Ambulante ha recorrido comunidades con talleres gratuitos de cine documental y fotografía. La propuesta parte de facilitar herramientas para que quienes habitan un lugar filmen y fotografíen desde su propia experiencia, sin llegar con un relato prediseñado.

Antonio Trillo, su director, lo resume como una forma de indagar en lo que importa a nivel individual y comunitario, usando el cine como pretexto para escuchar y mirarse. El formato intensivo permite aprender teoría y llevarla rápido a la práctica: guion, rodaje, edición, exhibición.
Con los años, el proyecto ha tejido una red que conecta territorios dentro y fuera de México, incluyendo comunidades de Sonora y una colaboración con la nación Tohono O’odham en Arizona. Funciona como una plataforma de producción comunitaria, cercana a una escuela itinerante, donde los relatos nacen desde el lugar y no se imponen sobre él.
El Huerto de San José: cultivar salud en la frontera
En Naco, Sonora, el Huerto Comunitario Orgánico de San José creció como parte del trabajo de Naco Wellness Initiative, una alianza binacional que comenzó en 2004 con servicios de salud y que con el tiempo entendió que la prevención también se cultiva.

De ahí surgió un modelo que acompañó huertos familiares con herramientas, semillas, riego y capacitación; hoy, el barrio Colosio suma más de 150 huertos caseros. El huerto comunitario estableció esa ruta durante años difíciles, ahora produce alimentos, distribuye cosechas y funciona como espacio de encuentro.
Con invernadero, compostaje y riego por goteo, el proyecto hace tangible la seguridad alimentaria desde lo local, aun en una región donde el muro define el paisaje. El trabajo, a ambos lados, se sostiene en colaboración, apoyo y recursos, y también en liderazgo comunitario y acuerdos colectivos.
En conjunto, estas historias muestran que hay iniciativas comunitarias capaces de sostenerse en el tiempo, de organizar conocimiento y de modificar rutinas. Y que, a veces, la esperanza se parece más a una práctica, con método, alianzas y constancia, que a una emoción pasajera.




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