Sky Island Alliance es una organización ambiental binacional que trabaja desde 1991 en la conservación de esta ecorregión conocida como Islas del Cielo, a través de monitoreo de fauna, restauración de ecosistemas y colaboración con comunidades locales.
Ricardo Amador/NORO
Las llamadas Islas del Cielo son un conjunto de sierras que emergen del desierto en el noroeste de México y el suroeste de Estados Unidos. Estos territorios conforman una de las regiones ecológicas más importantes del continente por su biodiversidad y su papel clave en la producción de agua.
El nombre formal de esta región es archipiélago Madrense, una ecorregión integrada por montañas aisladas rodeadas de desierto, matorral y pastizales. Estas sierras funcionan como “islas” porque concentran climas, especies y ecosistemas muy distintos tanto en la cima, como en las tierras bajas que las rodean.

“Lo que hace esta región muy interesante es que no existen islas de cielo en otras partes. Ni en otras partes de México, ni en otras partes del todo el mundo”, contó Zach Palma, director del programa Islas del Cielo de Sky Island Alliance.
En estas montañas, el paisaje cambia drásticamente con la altura. En las partes bajas dominan los cactus y especies del desierto; conforme se asciende aparecen pastizales, bosques de pino y encino, y en las cumbres ecosistemas similares a los del norte del continente, en donde se puede recibir nieve según la temporada del año.
El noroeste es una región con biodiversidad excepcional
El cambio abrupto de clima y vegetación es el motivo por el cual las Islas del Cielo son consideradas una región de megabiodiversidad. Las Islas del Cielo son la convergencia de especies de distintos orígenes biogeográficos. En un mismo territorio conviven fauna tropical, subtropical y templada, lo que da lugar a una biodiversidad que difícilmente se podría encontrar en otra región natural.

“Esta conexión del subtropical con el templado produce megabiodiversidad; es una región donde se conecta el jaguar, el ocelote y el coatí con especies de climas más templados como el oso negro”, señaló Palma.
En la región se han documentado jaguares en dispersión, pumas, venados, lobos mexicanos, berrendos, nutrias, así como una gran diversidad de reptiles, anfibios, aves migratorias e insectos.
Esta diversidad, además de biológica, también es funcional. La variedad de especies hace que los ecosistemas sean más resistentes a sequías, incendios y cambios climáticos.
Según Palma, aún se siguen descubriendo especies nuevas en estas sierras, lo que demuestra que la región mantiene un nivel de biodiversidad todavía no documentada.
Islas del cielo son productoras de agua para ciudades del desierto de Sonora
Además de su valor ecológico, las Islas del Cielo cumplen un papel esencial en la vida cotidiana de miles de personas: son zonas donde nace el agua. Palma describió esta región como una especie de “fábrica natural” de agua que alimenta ríos y acuíferos fundamentales para comunidades rurales y grandes ciudades.
“La importancia regional, pensando en todo el noroeste de México, así como una parte de Arizona, es que ambas regiones son fábricas de agua”, explicó el
director.

En el caso de Sonora, Palma señaló que en estas montañas se origina el Río Sonora, que abastece a Hermosillo, además de otros sistemas hidrológicos que cruzan hacia Estados Unidos. La explicación, dijo, está en la altura: las sierras reciben más lluvia que las planicies desérticas y actúan como esponjas que retienen humedad, infiltran agua al suelo y permiten que los ríos se mantengan.
Sin embargo, esta función se encuentra bajo presión. Palma explicó que las lluvias monzónicas ya no llegan con la misma regularidad que hace décadas. Recalcó que, en algunos años, las precipitaciones han sido más tardías o demasiado intensas, lo que provoca que el agua escurra sin infiltrarse adecuadamente.
La problemática del muro divisorio para la fauna
Aunque se trata de una misma ecorregión natural, las Islas del Cielo están divididas por la frontera política entre México y Estados Unidos. Palma explicó que esta división complica la colaboración entre instituciones, organizaciones y comunidades, y que en las últimas dos décadas el endurecimiento fronterizo ha modificado la dinámica del territorio.

Más allá del impacto social, el muro representa un problema directo para el ecosistema porque interrumpe el movimiento de fauna. Palma explicó que, aunque se han colocado algunas aperturas para la fauna, las especies grandes pierden corredores naturales y esto puede reducir la biodiversidad con el paso del tiempo.
“Para las islas del cielo, el muro tiene algunos impactos importantes. El movimiento de fauna es grande, permanente, o por lo menos hasta que llega la fracción del muro que afecta el movimiento de la fauna”, añadió.
De acuerdo con Palma y el equipo de Sky Island Alliance, cuando se reduce la biodiversidad, también disminuye la resiliencia ecológica del territorio. Esto, a largo plazo, impacta en el agua, el suelo y el equilibrio ambiental.
Aunque el concepto de Islas del Cielo comenzó a consolidarse apenas a principios de la década de 1990, Palma considera que su importancia será cada vez más evidente conforme avance el cambio climático y aumente la presión sobre el agua en Sonora y Arizona.




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