El colectivo La Casa, en Culiacán, impulsa conversaciones, intervenciones urbanas y espacios culturales para repensar cómo se habita el noroeste.
Ricardo Amador/NORO
En Culiacán, un grupo de arquitectos convirtió una oficina compartida en una plataforma cultural que busca abrir conversaciones sobre ciudad, comunidad y espacio público. A través de charlas, intervenciones urbanas y actividades culturales, La Casa se ha convertido en un punto de encuentro para repensar cómo se habita la ciudad.

¿Qué es La Casa en Culiacán?
La iniciativa nació desde la necesidad de generar espacios de diálogo en una ciudad donde, según Edwin Gálvez, arquitecto y fundador de La Casa, hacía falta una escena cultural vinculada a la arquitectura y el urbanismo.
Aunque comenzó como un espacio compartido entre arquitectos, el proyecto evolucionó hacia una plataforma abierta al público con actividades constantes. Conversatorios, talleres, fiestas y encuentros con exponentes nacionales e internacionales forman parte de las dinámicas que se desarrollan en Culiacán.

“Es una plataforma viva que tiene constante movimiento cultural. Ha servido mucho el ambiente porque ha habido demasiada sinergia y he conocido personas nuevas que les interesa y que traen mucho. Entonces ya se formó una comunidad grande”, contó el fundador Gálvez a NORO.
Conversación sobre habitar el noroeste
La conversación con el cofundador Edwin Gálvez, también abordó cómo las ciudades del noroeste moldean la vida cotidiana de quienes las habitan. Para Gálvez, vivir en las ciudades, como en caso de Culiacán, implica enfrentarse diariamente a problemas de infraestructura, calor extremo y falta de espacios pensados para el peatón.

“Vivir la ciudad puede de repente ser un reto. Puede ser muy difícil llegar a tu trabajo desde tu casa y todo lo que tengas que pasar: la infraestructura, las líneas de transporte, el calorón que hace y que no está correctamente arborizado”, comentó el arquitecto.
Dentro de esa reflexión, el arquitecto insistió en que el diseño urbano influye directamente en el bienestar de las personas, una idea que resumió con la enseñanza de Graziano Brau.
«No se puede pensar en una casa sin pensar en la ciudad, ni en la ciudad sin pensar en la casa», comentó el arquitecto italiano.
Espacios culturales independientes escasos en el noroeste
Para Gálvez, el noroeste ha tenido históricamente menos acceso a financiamiento cultural que otras regiones del país. Pero esa misma escasez forjó algo: una identidad construida desde la autogestión, desde la vida cotidiana, desde el espacio urbano, que rara vez ha recibido el reconocimiento que merece.
“Ha sido una lucha dura de obtener recursos para seguir desarrollando la cultura. Por eso urgen los espacios culturales, hay una necesidad y es lo que nos hace movernos”, compartió el arquitecto Gálvez.

Esa misma escasez es la que empuja a colectivos como La Casa a existir, y la que hace que su trabajo tenga un efecto directo en que la gente sienta que su ciudad vale la pena que se habite. Una identidad que, como dice Gálvez, está ahí aunque no siempre se reconozca.
«Incluso eso de que hablamos golpeado, que somos muy arrebatados, es precisamente parte de nuestra cultura», concluyó el cofundador de La Casa.

Además de organizar actividades culturales, La Casa ha impulsado proyectos de urbanismo táctico y rehabilitación de espacios en Culiacán. Entre ellos se encuentra una colaboración con La Aurora, una antigua fábrica que buscan convertir en un espacio cultural activo para la ciudad. Cuando La Aurora abra sus puertas, será también el resultado concreto de lo que La Casa lleva años argumentando: que la cultura transforma ciudades.




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