Investigadores de la Universidad de Sonora realizan minería urbana para extraer metales como cobre, oro y níquel de dispositivos desechados.
Ricardo Amador/NORO
Un grupo de investigadores de la Universidad de Sonora desarrolla un proyecto de minería urbana para recuperar metales de residuos electrónicos como celulares y computadoras en desuso. La iniciativa, que actualmente se encuentra en fase experimental, busca reducir el impacto ambiental de estos desechos y explorar su potencial como una alternativa industrial en el estado.
Sonora tiene una identidad económica ligada a la extracción de minerales del subsuelo, sin embargo, con la minería urbana se plantea un cambio de enfoque que desplaza la mirada de lo industrial hacia el entorno cotidiano. En lugar de buscar nuevos yacimientos bajo tierra, esta propuesta parte de la idea de que los recursos ya presentes en la ciudad están incorporados en los dispositivos electrónicos que se descartan.

La minería urbana consiste en recuperar metales valiosos a partir de residuos electrónicos, particularmente de tarjetas de circuito impreso, donde se concentran materiales como cobre, oro, plata o níquel.
“Hay que aprovechar celulares, computadoras que se desechan y que sabemos que tienen muchos metales incluidos en las tarjetas”, explicó a NORO el investigador Jesús Leobardo Valenzuela, líder de esta línea de investigación.
Este enfoque surge como respuesta a un problema creciente que no ha sido atendido de manera estructurada. México se encuentra en el puesto número 10 de los países que más basura electrónica genera en el mundo, con más de 1,500 millones de kilogramos al año, de acuerdo con un reporte del Observatorio Internacional Sobre Residuos Electrónicos 2024. Otra gran parte permanece almacenada en hogares, sin procesos adecuados de reciclaje. Esto implica una pérdida de materiales valiosos, pero también un riesgo ambiental derivado de la liberación de sustancias tóxicas.
Minería urbana y el reto para la obtención de metales
El proceso de recuperación de metales comienza con una etapa que, aunque puede parecer simple, implica un trabajo considerable: el desensamble de los dispositivos electrónicos. A partir de este procedimiento se obtienen las placas de circuito impreso, pieza donde se realiza la extracción de materiales.
“El desarmado de todos los aparatos electrónicos para poder obtener estas tarjetas y retirar componentes que no entran al proceso lo hacemos de manera manual. Es una labor bastante ardua”, explicó la investigadora Patricia Aguirre, investigadora del proyecto.

Una vez separadas, las placas deben someterse a una reducción de tamaño que permita su procesamiento en condiciones controladas. Para ello, se cortan, se muelen y se pulverizan hasta obtener un material homogéneo que puede introducirse en reactores especializados.
En esta etapa comienza uno de los procesos fundamentales de la minería urbana: la lixiviación. Mediante el uso de soluciones químicas, los metales presentes en el material se disuelven y pasan a un medio líquido, lo que permite su posterior separación. A diferencia de la minería tradicional, donde los minerales pueden presentar concentraciones relativamente definidas, en los residuos electrónicos los metales se encuentran combinados en estructuras complejas, lo que añade un nivel adicional de dificultad al proceso.
“El problema es que los metales vienen en forma de aleaciones. Eso complica su recuperación porque hay que deshacer esas combinaciones, es más difícil oxidarlos y disolverlos”, señaló la investigadora Guadalupe Martínez.
Para resolver esta complejidad, el proceso se desarrolla en distintas etapas. En primer lugar, se extraen los llamados metales base, como el cobre o el zinc, y posteriormente se trabaja con los metales preciosos, que requieren condiciones más específicas para su recuperación. En esta fase, los metales ya se encuentran en solución, pero aún deben ser separados y purificados. Para lograrlo, se utilizan técnicas como la extracción por solventes, que permiten aislar cada elemento y concentrarlo incluso cuando está presente en cantidades muy pequeñas.
Reducir la contaminación desde el laboratorio
Uno de los objetivos de la minería urbana es disminuir el impacto ambiental asociado al manejo inadecuado de residuos electrónicos. Cuando estos dispositivos son desechados sin control, los metales que contienen pueden liberarse al ambiente de forma gradual. G Esto sucede debido a la exposición a la humedad, la temperatura o el aire, lo que puede derivar en la contaminación de suelos y cuerpos de agua.

A esta problemática se suman prácticas informales que buscan recuperar materiales sin considerar sus efectos. En algunos casos, por ejemplo, se queman cables para obtener cobre o se utilizan ácidos sin medidas de seguridad, lo que genera emisiones tóxicas y riesgos para la salud. Frente a este panorama, la minería urbana propone un modelo distinto, en el que los residuos son tratados como recursos y procesados bajo condiciones controladas, con el objetivo de recuperar materiales sin generar nuevos daños al entorno.
De la investigación al potencial industrial
A pesar de los avances logrados en laboratorio, el proyecto aún se encuentra en una etapa experimental, lo que significa que su aplicación no es una realidad.
“Nosotros estamos viendo condiciones físico-químicas. Es fase experimental, todavía no se ha cuantificado la ganancia económica del proceso”, explicó Valenzuela.

Esto implica que, por ahora, no existe una industria consolidada en Sonora que permita aprovechar estos residuos de manera sistemática. En urbes como la Ciudad de México, existen programas como el Reciclatón o Ponte las Pilas, que recuperan basura electrónica con este fin. Sin embargo, el potencial es significativo, ya que los metales recuperados son insumos para la industria tecnológica, partiendo de que todo equipo electrónico requiere un circuito eléctrico al que se le agregan estos elementos.
“Tenemos el desecho, aplicamos tecnología para recuperar los metales y reintroducirlos a la cadena de suministros. Eso es cerrar el ciclo”, señaló Eslith Sustaita, investigadora del proyecto.
Esta propuesta plantea una posibilidad distinta: dejar de buscar únicamente en el subsuelo y comenzar a reconocer el valor de nuestros desechos.




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