El programa de Visión Cero busca eliminar muertes y lesiones graves por siniestros de tránsito; especialistas del noroeste impulsan su adopción con un enfoque urbano y ciudadano.
Ricardo Amador/NORO
Las ciudades enfrentan una crisis de seguridad vial de la que se habla poco, pero que en ciudades como Hermosillo evidencian un problema: es la segunda ciudad con más siniestros viales de México.

Para revertir esta tendencia en la región, especialistas como Lupita Peñuñuri y Hugo Moreno Freydig impulsan la adopción de la estrategia internacional Visión Cero, que busca eliminar las muertes y lesiones graves en el tránsito mediante calles más seguras, menor velocidad y una corresponsabilidad entre gobierno y ciudadanía.
Visión Cero es una política pública que cambió la forma de entender los accidentes de tránsito: no son inevitables, son prevenibles. Su meta es cero muertes y lesiones graves para 2030.

“No se trata de culpar al usuario, sino de entender que cuando coinciden una mala infraestructura, una decisión riesgosa y una reglamentación débil, el sistema entero está fallando”, explicó la arquitecta Lupita Peñuñuri, una de las impulsoras del enfoque en Hermosillo.
¿Qué es Visión Cero?
Visión Cero parte de la premisa de que los siniestros de tránsito no son accidentes, son hechos prevenibles. La iniciativa sueca, hoy adoptada por decenas de países, se basa en el principio de que ninguna pérdida de vida es aceptable dentro del sistema vial.
Peñuñuri explica que la política se centra en cambiar el enfoque tradicional de culpabilizar al conductor y verlo como parte de un sistema más amplio que incluye la infraestructura, la legislación y la gestión pública.

Visión Cero nació en Suecia en 1997 como una política pública que cambió la forma de entender los accidentes de tránsito: no son inevitables, son prevenibles.
La iniciativa parte del principio ético de que la vida humana no tiene precio y ningún error debería costarla. En Europa, su implementación transformó ciudades: los semáforos en puntos conflictivos se sustituyen por rotondas, las calles amplias se “ponen a dieta” y se integran zonas 30, donde la velocidad máxima es de 30 km/h.
La velocidad es el enemigo en las calles
Según Peñuñuri, la velocidad es el principal factor que determina la gravedad de los siniestros.
“Si vas a 30 kilómetros por hora y chocas, habrá daños materiales; pero a 50 o más, la probabilidad de muerte aumenta hasta en 80 %”, advierte.
La especialista compara el impacto de un automóvil con el de una bala: el problema no es el objeto, es la velocidad con la que se desplaza.

“El automóvil no es el enemigo; lo es la velocidad con que viene”, afirma.
Reducir la velocidad no solo salva vidas, también mejora la convivencia urbana. En ciudades que adoptaron Visión Cero, las calles se diseñan para dificultar físicamente la conducción rápida: carriles más angostos, presencia de árboles, cruces peatonales visibles y pavimentos que invitan a frenar.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) refuerza esta visión en su Plan del Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021–2030, al afirmar que las muertes por siniestros de tránsito son totalmente prevenibles. Por eso, el enfoque de Visión Cero propone que la responsabilidad no debe recaer en la víctima, más bien en las autoridades encargadas de diseñar entornos seguros que protejan la vida de todos, sin importar el modo de movilidad.
El noro y los desafíos para llegar a la Visión Cero
En el noro, Hermosillo enfrenta una realidad urbana moldeada durante décadas por una lógica centrada en el automóvil.Las avenidas amplias y rectas se diseñaron para permitir la fluidez del tráfico motorizado, no para proteger la vida de quienes caminan o pedalean.
Esta configuración, sumada a la escasa infraestructura peatonal, banquetas angostas y la falta de espacios seguros para ciclistas, creó una ciudad que alienta la velocidad y margina la movilidad humana.
“Tenemos una ciudad que alienta la velocidad. Falta empatía con peatones y ciclistas”, explica Lupita Peñuñuri, al señalar que la cultura vial actual es resultado de un entorno urbano que premia la prisa.

Peñuñuri afirma que Hermosillo necesita un rediseño de su infraestructura, donde el objetivo principal sea proteger la vida. Esto implica transformar la manera en que se conciben las calles: que no sean vías de paso rápido, más bien, que se conviertan en espacios seguros para convivir y desplazarse.
Las soluciones pasan por incorporar cruces a nivel de calle, banquetas amplias y sombreadas, carriles exclusivos para bicicletas y diseños que obliguen, por su propia configuración, a reducir la velocidad.
“No se trata de que alguien te diga que bajes la velocidad, sino de que la calle misma te lo pida”, resume Peñuñuri.
Medidas para llegar a la Visión Cero
El enfoque de Visión Cero propone una transformación integral que combina infraestructura, normatividad y cultura ciudadana. Su propósito no es evitar que estos se traduzcan en muertes o lesiones graves.
Para lograrlo, el diseño urbano debe actuar como una red de protección ante el error humano.

Peñuñuri explica que las llamadas “calles perdonavidas” son aquellas donde, incluso si alguien comete un error, las consecuencias no son fatales. Reducir carriles, incorporar vegetación, ensanchar banquetas o instalar rotondas son acciones que disminuyen de manera natural las velocidades sin necesidad de vigilancia constante.
“Lo que funciona es un diseño urbano que no te deje correr y una ley que te obligue a respetar los límites. No se trata de tener un agente atrás de cada conductor”, afirma la arquitecta.
La meta no es redefinir la relación de los ciudadanos con su entorno urbano, promoviendo una movilidad más humana, incluyente y equitativa.
Cultura, ley y corresponsabilidad
Si bien la educación vial es una pieza fundamental, Peñuñuri subraya que sin infraestructura segura no hay aprendizaje que perdure.
“Podemos enseñar normas, pero si las calles te empujan a correr, terminarás haciéndolo”, sostiene.

Por eso, Hermosillo ha comenzado a integrar principios de Visión Cero en su Programa de Desarrollo Urbano, con medidas como la decisión de no construir más puentes peatonales, estructuras que en realidad perpetúan la supremacía del automóvil al obligar al peatón a subir y ceder el paso.
“La prioridad es la vida, no la prisa”, resume Peñuñuri. Solo así Hermosillo podrá dejar atrás un modelo de movilidadque durante años ha privilegiado la velocidad sobre la seguridad, para convertirse en una ciudad que protege a quienes la habitan.




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