Ubicado en Bahía de Kino, Renatura Sonora es el primer jardín etnobiológico comunitario del estado y busca conservar especies nativas y rescatar saberes tradicionales del desierto sonorense.
Ricardo Amador/NORO
El jardín etnobiológico comunitario Renatura Sonora, ubicado en Bahía de Kino, surgió en 2021 como un proyecto impulsado por investigadores y comunidades indígenas. Este jardín abrió con el objetivo de preservar la biodiversidad del desierto y rescatar conocimientos tradicionales relacionados con la alimentación, las plantas y el territorio.
Renatura Sonora forma parte de una red nacional de jardines etnobiológicos impulsada en distintas regiones del país y representa el primero de su tipo en el estado de Sonora. Desde su creación, se ha concebido como un lugar donde la biodiversidad del desierto puede observarse, estudiarse y comprenderse a partir de su relación con las comunidades que han vivido en el territorio durante generaciones.

“El jardín etnobiológico comunitario del Estado de Sonora nace a través de una propuesta de un proyecto que se presenta ante el CONACYT en función de la necesidad de un espacio etnobiológico comunitario aquí en la región. En Sonora es el primero que existe”, explicó a NORO Gabriel Rendón Hoyos, docente de la Universidad Estatal de Sonora e investigador vinculado al proyecto.
Pueblos originarios comparten saberes en el jardín
Uno de los elementos que distingue a Renatura Sonora de un jardín botánico convencional es el papel central que tienen las comunidades indígenas en la construcción del conocimiento que se resguarda dentro del espacio.
El proyecto se desarrolló con la participación de comunidades comcaac, yaqui y mayo. Ellos aportaron sus saberes tradicionales sobre plantas, alimentos y medicina, por lo tanto, definieron el contenido del jardín.
“Propusieron el total de las plantas que forman parte de la farmacia viviente. Ellos establecieron la forma en la que se toman, para qué malestares funcionan, cómo se deben usar, quién sí y quién no puede tomarlas, los riesgos y todo ese tipo de información”, comentó.

El conocimiento de las comunidades guía muchas de las decisiones relacionadas con la conservación de especies y la organización de los espacios dentro del jardín. A través de su experiencia con el territorio, estas comunidades han contribuido a identificar especies nativas, explicar sus usos tradicionales y compartir prácticas de recolección y preparación.
Esta colaboración refleja la forma en que el proyecto integra conocimiento científico con saberes tradicionales. Además, fortalece la conservación de la biodiversidad y la transmisión cultural.
Otro espacio importante dentro del jardín es la llamada farmacia viviente, un área donde se cultivan plantas utilizadas en la medicina tradicional indígena. Este lugar muestra la diversidad de conocimientos relacionados con el uso de las plantas para atender distintos malestares y preservar prácticas que han sido transmitidas de generación en generación.
Renatura Sonora: un espacio para observar la biodiversidad del desierto
El jardín fue diseñado para mostrar la relación entre la naturaleza y las culturas del desierto sonorense. Entre estos espacios destaca el mariposario, donde se trabaja en la reproducción de la mariposa cuatro espejos, una especie que tiene un valor cultural significativo en algunas comunidades indígenas de la región.

“El conocimiento que ahí se alberga, que ahí se comparte, es propiamente el conocimiento que ellos abonan a esto. Por decirte un ejemplo, cuando ya estuvo el mariposario terminado y estaban las plantas de las que se alimenta la oruga de la mariposa, fue la gente de los comcaac quienes llevaron al personal del jardín a recolectar los capullos, porque ellos sabían la ubicación y las temporalidades”, explicó Rendón.
También existe un conjunto de áreas dedicadas a plantas endémicas del desierto, en las que se conservan especies representativas de los territorios donde habitan las comunidades participantes del proyecto. Estas plantas forman parte de la vida cotidiana de las comunidades, ya sea como alimentos, remedios medicinales o materiales para distintas prácticas culturales.
Alimentación tradicional y soberanía alimentaria
Uno de los ejes más importantes del proyecto es el rescate del conocimiento relacionado con la alimentación tradicional del desierto sonorense. Durante el desarrollo del jardín, investigadores y comunidades indígenas trabajaron en la identificación y documentación de plantas silvestres que históricamente han sido utilizadas como alimento en la región.
Como resultado de este trabajo colaborativo se elaboró un catálogo de plantas silvestres comestibles que reúne información sobre especies utilizadas por comunidades comcaac, yaqui y mayo, así como las formas en que estas plantas se recolectan, preparan y consumen.

Además de documentar especies del desierto, este catálogo busca preservar el conocimiento que las comunidades han desarrollado sobre su entorno natural. En él se registran usos tradicionales de las plantas, temporadas de recolección y algunas formas de preparación. La finalidad es facilitar estos saberes a nuevas generaciones.
Este trabajo también se relaciona con el concepto de soberanía alimentaria, que se refiere a la capacidad de las comunidades para decidir qué comer a partir de los recursos disponibles en su propio territorio. En otras palabras, el jardín es un lugar ideal para mantener el conocimiento sobre los alimentos locales, saber cómo obtenerlos y conservar las prácticas culturales que permiten aprovecharlos de manera sostenible.
“La soberanía alimentaria la podemos ubicar en qué tanto control tiene cierta comunidad en poder elegir qué comer. Qué tanto control dentro del territorio tengo yo como comunidad de elementos disponibles, no solamente de qué plantas se pueden comer, sino de cómo comerlas, qué parte se utiliza, en qué temporada y cómo se preparan”, señaló.
Reconocimiento paralelo: cocineras tradicionales son certificadas
El proyecto también impulsó el reconocimiento formal de cocineras tradicionales pertenecientes a las comunidades participantes. A través de procesos de capacitación y evaluación, varias de ellas obtuvieron certificaciones oficiales que reconocen su experiencia en la preparación de cocina mexicana tradicional y popular.
Para muchas de las participantes, este reconocimiento representa una forma de fortalecer su trabajo dentro y fuera de sus comunidades. Incluso, es una oportunidad para transmitir sus conocimientos a nuevas generaciones.

“Para ellas significa mucho tener un documento oficial emitido por el gobierno y con validez nacional que las acredite como expertas en la función de preparación de cocina mexicana tradicional y popular, que al final de cuentas le dé su valor como cocinera tradicional, no solamente ser reconocidas por su comunidad”, señaló Rendón.
Este proceso también visibiliza el papel de las cocineras tradicionales como portadoras de conocimiento cultural y como figuras clave en la preservación de la cultura alimentaria del desierto. La intención de Renatura Sonora es que el espacio funcione como un punto de encuentro entre ciencia, naturaleza y comunidades, donde el conocimiento del desierto pueda compartirse y preservarse para las generaciones futuras.




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