SILICE ha cambiado la percepción del vidrio en Chihuahua: no es un desecho, es materia prima. Con esfuerzo e inventiva propia, abrieron brecha para el reciclaje en el estado.
México desecha alrededor de 2.5 millones de toneladas de vidrio al año y recicla apenas el 12%. No es un problema de voluntad: es que no hay infraestructura, no hay políticas públicas que la impulsen y el material casi no vale nada en el mercado de residuos.
En Chihuahua el panorama es similar al resto del país, cada habitante genera entre 5 y 9 kilogramos de vidrio al año. Sin plantas procesadoras y sin centros de acopio especializados, todo ese vidrio terminaba en el relleno sanitario.

En 2020 durante la pandemia, Ashly Hinojos tras ver videos sobre el reciclaje del vidrio, se le ocurrió la idea de comenzar a reciclar el vidrio. Le mostró la idea a su amiga Paola Rascón y esta se sumó de inmediato. Había recicladores de papel, de aluminio, de cartón, pero nadie había tocado el vidrio en Chihuahua.
Nadie en todo el norte del país. La idea sonaba descabellada porque era un emprendimiento fuera de lo común, además que no tenían referencias directas sobre el reciclaje del vidrio. «La idea fue tan loca que dije, va, vamos a hacerlo. Por algo no lo han hecho, pero bueno, vamos a descubrirlo», mencionó Paola.
Para ellas, ese hueco fue una oportunidad. Fundaron SILICE, la primera empresa recicladora de vidrio en el estado.

Inventiva para procesar el vidrio
Para procesar el vidrio, se necesitan máquinas que trituren botellas y envases, y que los convierta en “cullets” o calcines, fragmentos de alrededor de una pulgada que facilitan el transporte a la fundición. Cada una de estas máquinas cuesta alrededor de 2 millones de pesos. Cuando Ashly y Paola comenzaron la recicladora en 2020, no tenían el dinero para cubrir el costo de una.
Ashly Hinojos puso manos a la obra, tomó una servilleta y, con sus conocimientos de ingeniería mecánica, empezó a dibujar el modelo de una trituradora propia. Este boceto lo perfeccionó en un diseño que realizó por computadora, hasta tener los planos de su propia máquina.
Junto con su padre viajó a Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua a un poco más de 100 kilómetros de la capital. La idea era buscar ayuda en las comunidades menonitas asentadas en la zona. Al llegar, los hombres de la comunidad con quienes habló, asumieron que la idea o los planos eran de su papá.

«Le dije, necesito esta máquina, con estas especificaciones. Volteó a ver a mi papá y le contestó a él. Yo te estoy hablando, repetí. Nos fuimos con otro, igual. Para que me ignoren, mejor me quedo en mi casa.»
Al regresar a Chihuahua, Ashly conoció a una persona que la apoyó con su taller para poder materializar la máquina. Después de un tiempo, construyó la primera versión de la máquina a partir de los planos e indicaciones de ella.
“Aquí está la primera versión de la trituradora, ya también tenemos trabajando la segunda versión de la máquina”, mencionó Ashly.
En un futuro cercano, Ashly y Paola planean construir sus propias bandas transportadoras, para que les ayuden con el proceso de separación de vidrio en los tres colores principales: transparente, café y verde. Pues hasta ahora, ese trabajo es realizado a mano.
Tecnología adoptada para SILICE
La innovación no terminó en las máquinas. Al inicio, las chicas hacían de todo, recolectaban el vidrio y llevaban los registros de recolección del vidrio a mano. Con el crecimiento del volumen y teniendo un equipo más consolidado, buscaron una solución distinta a los registros manuales.
Adoptaron la aplicación “Composteros”, desarrollada en Querétaro para empresas de recolección de residuos orgánicos y la adaptaron al vidrio para darle trazabilidad. A través de esta app, SILICE organiza de forma más fácil y eficiente sus rutas de recolección de vidrio.

La misma app les permite registrar más de 100 centros de acopio que tienen dentro la ciudad de Chihuahua, entre contenedores, restaurantes, bares y demás sitios. Cada día el equipo operativo diseña las rutas de recolección, según las necesidades de cada centro. A la par, y en tiempo real se realiza un registro de los kilogramos de vidrio que se recolectan en cada punto. Por último, se confirma la recolección una vez realizada.
Este sistema les permite mantener una comunicación cercana con cada centro de acopio. Además de que permite enviar avisos directamente por WhatsApp para coordinar los servicios de recolección.
Márgenes estrechos en el negocio del vidrio
Gracias a la aplicación y a las máquinas fabricadas por ambas, hoy SILICE procesa de 40 a 70 toneladas aproximadas cada mes. El vidrio que ellas procesan es de grado alimenticio, aquel que es el utilizado para el envasado de alimentos o bebidas. Estas cantidades en su mayoría provienen de bares, restaurantes, empresas y de las colonias que las buscan para instalar puntos de acopio.
En cinco años han reciclado entre 2,000 y 2,500 toneladas de vidrio. Sin embargo, los precios para la compra del vidrio son bajos, el “cullet” ronda entre 0.40 y 1.20 pesos por kilogramo aunque varía según la región y la demanda del reciclaje. Con esos márgenes, el volumen no es una meta sino una necesidad para mantener las operaciones en SILICE.

«La rentabilidad está en el volumen, recaudar muchísimo vidrio para procesarlo a gran escala y que los costos bajen», explicó Ashly. “En realidad el producto que sale del reciclado de vidrio no vale el proceso, ni siquiera del reciclaje. Entonces tenemos que andar viendo de dónde sacar recursos”, afirmó Paola.
A esto se suma que el vidrio es un material difícil de reciclar. Si hay una colilla de cigarro, un pedazo de limón, cerámica u otro material ajeno o que no provenga de botellas y frascos, contamina el lote completo y lo hace irrecuperable.
«La gente piensa que de la basura te vas a hacer rico y quieren cobrarte por el vidrio. Pero no ven que más que un negocio, es una labor que tenemos que hacer», comentó Paola.
En la actualidad Ashly alterna su trabajo en SILICE con el trabajo en plataformas petroleras en el Golfo de México. Mientras que Paola, ingeniera en biotecnología y ex docente universitaria, está a tiempo completo en la recicladora.

La confianza es clave para la viabilidad de SILICE
En cinco años, han creado una comunidad de reciclaje, gracias a la unión entre sociedad y la iniciativa privada. SILICE ha dedicado sus esfuerzos a educar sobre la importancia del reciclaje del vidrio. Una labor que ha tomado tiempo, ya que ha sido cambiar hábitos culturales ya establecidos.
En un inicio, Ashly y Paola tenían que recolectar vidrio en el relleno sanitario. Incluso, pedían vidrio en los comercios o iban a las colonias a recolectar las botellas. En algún punto, colocaron botes recolectores con letreros que decía solo vidrio. La gente tiraba pañales, bolsas con heces animales y todo tipo de basura. Por esta razón, a la par de SILICE, Ashly y Paola comenzaron con campañas informativas en las colonias donde hablaban de la importancia del reciclaje de vidrio y cómo se debía recolectar este material.

«Con el tiempo, cuando íbamos en la troquita y recolectábamos vidrio en la calle, la gente empezaba a saludarnos, a darnos comentarios positivos. Desde ese momento dijimos, a la gente sí le está gustando esto», afirmó Paola.
Ahora cada vez hay más colonias que piden ser centros de acopio. En los botes recolectores ya no hay otro tipo de basura, solo vidrio. Además, los restaurantes o comercios les piden pláticas sobre la importancia del reciclaje de vidrio.
«En cinco años hemos podido cambiar Chihuahua, la forma de pensar, la información que se tiene de dónde viene el vidrio y qué se puede hacer con él», mencionó Paola. «No hubiéramos llegado hasta aquí si no hubiéramos crecido esta comunidad», reiteró la ingeniera en biotecnología.
SILICE entró a una industria donde la maquinaria cuesta millones, las distancias encarecen la recolección, un solo error contamina todo el lote y las mujeres siguen siendo excepción.

Sin embargo, Ashly y Paola lo hicieron con inventiva propia, en un estado donde nadie lo había intentado. Sembraron la primera semilla para que florezcan más proyectos como este, no solo en Chihuahua, sino en todo el país. Su visión no es convertirse en un monopolio sino que México sea un referente que se pueda mirar hacia atrás, ver cómo estaba en basura y apreciar cómo se transformó.
En la actualidad, reciben mensajes de padres que quieren que sus hijas sean como ellas, que comparten los videos de SILICE con sus hijos. O niñas que les escriben para decirles que quieren ser ingenieras.
“Nunca sabes a quién puedes inspirar o a quién le puedes abrir la puerta para que se aviente a hacer algo que le da miedo o porque simplemente, no es de mujeres”, mencionaron Ashly y Paola.





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