MazConCiencia ha retenido más de 70 toneladas de residuos durante 2025 gracias a sus biobardas, estructuras flotantes que impiden que la basura de los canales llegue al océano Pacífico.
Ricardo Amador/NORO
En Mazatlán, Sinaloa, el colectivo ambiental MazConCiencia, liderado por la ingeniera en alimentos marinos Sofía Trejo, trabaja desde hace poco más de 7 años para evitar que los residuos urbanos terminen en el mar.

Sofía Trejo empezó trabajando con comunidades pesqueras. Durante años, capacitó a pescadores sobre sustentabilidad y cuidado del medio ambiente, y fue en esos recorridos donde entendió la raíz del problema.
“Me di cuenta que realmente era un ecosistema muy incomprendido. Se explota pero no se cuida”, recuerda. “La gente no hace las cosas porque las quiere hacer mal, sino por un desconocimiento total”, contó en entrevista para NORO.
De esa reflexión sucedió su despertar ambiental. Al ver la contaminación acumulada en los campos pesqueros, decidió actuar.

A través de biobardas instaladas en ríos y arroyos que desembocan en el mar de Mazatlán, la organización ha logrado retener más de 70 toneladas de basura en lo que va de 2025, sumando voluntarios, empresas y escuelas en una cruzada que se ha convertido en símbolo del activismo ciudadano en el puerto.
Una iniciativa ciudadana que nació del mar
MazConCiencia es un colectivo ciudadano, sin estructura formal ni fines lucrativos, impulsado por el compromiso personal de Sofía Trejo, María Esther Juarez Nelson, Balbina Herrera de Medrano, Ignacio Satarain Ante, Andrea Soria Trejo y Libia Gavica.

Su origen está en la preocupación por el impacto ambiental que presenció Trejo al trabajar con comunidades pesqueras. Al recorrer campos y esteros, entendió que la contaminación marina no era producto de la mala voluntad, sino del desconocimiento y la falta de educación ambiental.
Con el tiempo, su inquietud se transformó en acción. Inspirada en un modelo utilizado en Guatemala, Trejo y su equipo diseñaron la primera biobarda mazatleca: una barrera flotante construida con materiales reciclados, como botellas de PET y redes de pesca en desuso.

El dispositivo se instaló en el canal del puente Juárez, una de las principales salidas de agua hacia el mar, y su impacto fue que durante la primera lluvia fuerte, la biobarda capturó más de 25 toneladas de basura flotante. Aquella jornada marcó el inicio de una historia de persistencia, aprendizaje y comunidad.
El poder de una biobarda de MazConCiencia
La biobarda funciona como un contenedor flotante que intercepta los residuos que viajan por los afluentes urbanosantes de que lleguen al océano. Su eficacia ha sido comprobada con cada temporada de lluvias, cuando las corrientes arrastran todo tipo de desechos: plásticos, unicel, madera, ropa y hasta electrodomésticos.

Según datos del colectivo, en los últimos meses se han retenido más de 70 toneladas de basura, lo que representa una reducción significativa en la contaminación marina directa.
Trejo explicó que la iniciativa es “una acción completamente ciudadana, hecha con las manos y el corazón”, y destaca que los materiales que componen las biobardas también provienen del reciclaje, lo que reduce su impacto ambiental.
El proceso no se limita a colocar la biobarda y esperar. Cada cierto tiempo, las lluvias saturan las estructuras y es necesario coordinar jornadas de limpieza masiva. Ahí es donde entra en juego la red de voluntarios que el colectivo ha tejido a lo largo de los años: estudiantes, pescadores, empresas y ciudadanos que dedican sus fines de semana a extraer basura, clasificarla y transportarla.

“Tenemos más gente que participa con nosotros; nuestra primera jornada fue con treinta personas y hoy llegamos a reunir hasta ciento cuarenta”, mencionó Sofía. Esa respuesta ciudadana, más que cualquier cifra, es para ella el verdadero indicador de éxito.
El desafío de mantener Mazatlán limpio
MazConCiencia se sostiene principalmente con recursos propios y donaciones en especie de empresas locales. También cuenta con el apoyo logístico de instituciones educativas como la Universidad Politécnica de Sinaloa y el Instituto Tecnológico de Mazatlán, que envían voluntarios y materiales para las limpiezas.
Sin embargo, la falta de presupuesto gubernamental y la poca aplicación de las leyes ambientales siguen siendo los principales obstáculos.
Trejo señala que, aunque en Sinaloa existen normativas que prohíben el uso de plásticos de un solo uso y unicel, su cumplimiento es casi inexistente.
“Más que limpiar, en Mazatlán se trata de aplicar las leyes que ya tenemos. Si no se asigna presupuesto ni personal para hacerlas cumplir, seguiremos recogiendo la misma basura una y otra vez”, afirma.
Para ella, el problema de fondo no es únicamente la falta de conciencia ciudadana, sino un modelo de consumo diseñado para desechar.

“Cada que vas al supermercado te obligan a contaminar. El reciclaje ayuda, pero no es la solución; apenas se recicla el 12 % del plástico que se produce en el mundo”, mencionó.
Pese a la magnitud del desafío, el colectivo no se rinde. En lo que va del año, MazConCiencia ha realizado más de ocho limpiezas en manglares, especialmente en la Isla de la Piedra, donde cada jornada retira al menos una tonelada de residuos.
Esa labor se complementa con campañas de sensibilización, la colocación de contenedores para colillas de cigarro y actividades educativas con jóvenes. Todo, dice Trejo, parte de la convicción de que “la apatía también contamina”.
MazConCiencia es ejemplo de cooperación local
El impacto de MazConCiencia va más allá de las cifras. En una ciudad donde el turismo y el desarrollo urbano avanzan sobre los ecosistemas costeros, la biobarda se ha convertido en un símbolo visible de resistencia y esperanza.
La participación de la comunidad ha sido esencial. Pescadores que antes veían los residuos como un obstáculo, hoy colaboran en su recolección; jóvenes estudiantes que acuden por servicio social regresan como voluntarios permanentes; y empresas que dependen del mar para su producción entienden que protegerlo también es proteger su sustento.

“Cada plástico detenido es una victoria para la vida marina y para las futuras generaciones que merecen un océano limpio”, resume Trejo.
MazConCiencia también ha inspirado el surgimiento de nuevos colectivos ambientales en Mazatlán, especialmente entre jóvenes que defienden los manglares y promueven prácticas sostenibles.
Para Sofía, ese relevo generacional es la mejor recompensa: “Yo ya estoy en mis últimos años de trabajo, pero ver a los jóvenes tomar el mensaje y continuar es lo que nos da esperanza”, finalizó.










