En el Golfo de Califonia quedan entre 6 y 10 ejemplares de la vaquita marina. Es la especie endémica de México de la que se debe hablar durante el Día Mundial de los Océanos.
Ricardo Amador/NORO
El 8 de junio, no es un día cualquiera, ya que se conmemora el Día Mundial de los Océanos. En el Golfo de California, la vaquita marina, el mamífero marino más amenazado del mundo, sigue nadando, y eso, según los expertos, es ya una forma de resiliencia.
El Golfo de California alberga una de las diversidades marinas más ricas del planeta. Jacques Cousteau, el famoso oceanógrafo francés de finales del siglo XX, lo llamó «el acuario del mundo». También, es el único mar que pertenece completamente a un solo país.

Víctor Renné Rodríguez, periodista ambiental con más de siete años en el tema y autor del libro Odisea por la vaquita marina, lleva cinco años documentando esta historia desde Baja California. Para él, el Golfo de Baja California es como un tesoro submarino. Incluso, la primera vez que se asomó a conocerlo fue cuando comenzó a cubrir el tema. Después, vio cómo todas las conexiones: las especies, los circuitos migratorios, la fragilidad del ecosistema.
«México es el único que tiene un mar que le pertenece completamente y entonces depende de México cuidarlo. No hay excusas para no proteger la vaquita marina», afirma el periodista Rodríguez.
La vaquita marina resiste en el Golfo de California
Según los últimos conteos de la vaquita marina, quedan entre 6 y 10 ejemplares en el Alto Golfo de California. El cetáceo es esquivo, nervioso, sale a respirar en segundos y se sumerge. La mayoría de los pescadores de San Felipe, Baja California nunca lo han visto. Sin embargo, el científico Lorenzo Rojas Bracho fue claro cuando Rodríguez le preguntó sobre su valor económico.

«El valor de la vaquita es por su sola presencia, por su estética, por su rol en la cadena trófica. Si le daba una respuesta económica, todo se iba a convertir como en un parking de Walmart», señaló Rojas Bracho, citado por Rodríguez.
La vaquita no genera una industria turística ni produce un beneficio económico directo, por lo que su conservación desafía la lógica utilitaria con la que a menudo se justifican los esfuerzos ambientales. La vaquita existe porque existe, no necesita justificar su permanencia con un rendimiento económico. Esa idea, dice Rodríguez, es el corazón de Odisea por la vaquita marina.
Pero hay una condición que el libro deja clara: ningún esfuerzo de conservación funciona si la comunidad no lo hace suyo. No como ejecutante de un plan diseñado desde afuera, sino como parte del ecosistema mismo. Los pescadores de San Felipe y del Golfo de Santa Clara no son el problema a resolver, son parte de la solución que aún no se ha construido bien.

«Si no hay participación de la comunidad, cualquier esfuerzo de conservación está destinado al fracaso. La participación en la comunidad solo se puede dar si la comunidad tiene las posibilidades de tener un ingreso digno que permita mantener a sus familias», advierte Rodríguez.
¿Cómo recuperar la vida marina del Golfo de California?
Lo que los científicos han confirmado resulta esperanzador: si ningún ejemplar de la vaquita marina muriera atrapado en redes ilegales, su población podría recuperarse por sí sola. La especie tiene la biología para hacerlo; el obstáculo no es natural, es humano.

«Lo que a veces no alcanzamos a ver porque todo lo queremos de inmediato es que la naturaleza se recupera de una manera impresionante. Si nos retiramos del espacio afectado, en uno o dos años empiezas a ver cambios. Ahora imagínate en 10, 20 años o 50, la recuperación puede ser casi total», explica Rodríguez.
Según el periodista, no hace falta vivir junto al mar para marcar una diferencia: las decisiones cotidianas de consumo, turismo e información tienen un impacto real en el ecosistema marino.
Si quieres hacer algo por los océanos y las especies que lo habitan, estos son los consejos de Victor Renné Rodriguez:
- Consumir con conciencia: preguntar de qué especie es el pescado antes de comprarlo. Si está en veda, no pedirlo. Si el vendedor no responde, es una señal de que probablemente está en veda.
- Elegir ecoturismo: en Loreto o La Paz, pagar un tour de avistamiento de ballenas en vez del antro. Ese dinero queda en manos de ex pescadores que hoy protegen el mar.
- Apoyar ONG locales: buscar las organizaciones ambientales de cada ciudad, porque ellas traducen el conocimiento científico y organizan voluntariados y limpiezas de playa.
- Difundir solo información verificada: ya sea por científicos u ONG, porque la desinformación puede ser tan dañina como la inacción.
«Entremos en simbiosis con esa resiliencia. Sí podemos tener acciones que aceleren esta resiliencia sin afectar a la comunidad. Sí hay maneras, pero implica un cambio en los paradigmas», concluye Rodríguez.

El cambio de paradigma que propone es dejar de ver el mar como un recurso propio. La frase «es nuestro mar» es incómoda, porque implica que todo lo que hay ahí está disponible para nosotros. El mar es de todos, incluye a las especies que lo habitan.
La presencia de la vaquita marina recuerda que la conservación no siempre se trata de salvar algo que nos beneficia directamente, sino de decidir qué tipo de relación queremos tener con el mundo natural. En el Día Mundial de los Océanos, su historia es una invitación a mirar el mar no como un recurso inagotable, sino como un ecosistema compartido cuya supervivencia también depende de todos.




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