Académicos y comunidad general lidera la defensa de las dunas costeras en Baja California Sur, un ecosistema vital contra huracanes y para la recarga de acuíferos.
Ricardo Amador/NORO
Las dunas costeras de Baja California Sur se constituyen una barrera natural frente a huracanes, tormentas y marejadas, además de ser un hábitat de especies endémicas y reservorio de agua dulce.

Sin embargo, este ecosistema clave enfrenta una presión creciente debido al avance inmobiliario, la circulación de vehículos todoterreno y los impactos del cambio climático.
¿Por qué son importantes las dunas en el ecosistema?
Las dunas costeras cumplen un papel esencial en la protección ambiental y en la vida de las comunidades. Su función principal como una barrera natural frente a huracanes, marejadas y tormentas, al reducir la fuerza de los vientos y del oleaje antes de que impacten directamente en viviendas e infraestructura.

Además, tienen una función hídrica fundamental: filtran el agua de lluvia y permiten la recarga de acuíferos en zonas áridas como Baja California Sur.
También regulan la intrusión de agua salada en los mantos freáticos, lo que garantiza la disponibilidad de agua dulce para las comunidades costeras. A la par, son hábitat de especies que dependen de las condiciones que brindan las dunas para sobrevivir, lo que las convierte en reservorios de biodiversidad.
Ciencia y acción climática en Baja California Sur
Una de las voces más firmes en esta causa es la de Antonina Ivanova, académica de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) e integrante del Colectivo La Duna.
Desde hace algunos años advierte que los efectos del cambio climático ya se sienten en el estado: el aumento de la temperatura global en 1.1 grados centígrados, la erosión costera y la mayor frecuencia de huracanes son solo algunos ejemplos.

Ivanova sostiene que es urgente incluirlas en los planes de ordenamiento urbano y ecológico, para que sean reconocidas como infraestructura natural de protección.
Además, hacen un llamado a aplicar el Plan Estatal de Acción Climática 2025 y a fortalecer la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático, instrumentos que, según ella, solo tendrán sentido si se traducen en acciones reales.
También critica prácticas como el uso de vehículos 4×4 en cordones dunares, prohibidos en Estados Unidospero aún comunes en Baja California Sur, lo que genera daños importantes en esta zona.
Colectivos que cuidan y restauran dunas en Baja California Sur
La defensa de las dunas no se limita a la academia. En comunidades como La Ribera, Cabo Pulmo y La Ventana impulsan procesos de organización social y restauración ambiental.

Reyna Macklís, integrante de la iniciativa Ruta de la Conexión, explica que su labor va desde la vigilancia comunitaria hasta talleres de empoderamiento para jóvenes y mujeres.
La experiencia demuestra que la acción comunitaria es clave para frenar el avance descontrolado de proyectos inmobiliarios. En zonas como Ensenada Blanca, donde la presión turística crece, las defensoras documentaron daños ambientales y exigen a las autoridades aplicar la ley con firmeza.
Estrategias para un futuro sostenible
Los colectivos y especialistas coinciden en que proteger las dunas implica mucho más que prohibiciones, requiere un cambio de visión en el modelo de desarrollo. Para ellos, es indispensable:
- Alto inmediato a obras sobre dunas, aplicando el artículo 170 de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente.
- Regulación efectiva del tránsito vehicular en playas y cordones dunares.
- Incorporación obligatoria en los Programas de Ordenamiento Ecológico y de Desarrollo Urbano.
- Restauración activa de dunas degradadas, con participación comunitaria.
- Sanciones ejemplares contra quienes violen la normatividad, desde clausuras hasta reparación de daños.

El Colectivo La Duna también plantea la instalación de una mesa permanente de coordinación, convocada por la Semarnat, en la que participen autoridades, comunidades y academia. Esta mesa tendría como función dar seguimiento a las denuncias y garantizar que su conservación sea un eje prioritario en la planeación del estado.
Las defensoras recuerdan que este ecosistema no solo tiene un valor ambiental, sino también cultural y social. Mantenerlo vivo significa garantizar la seguridad de las comunidades costeras, preservar la biodiversidad y ofrecer alternativas de turismo sustentable que generen beneficios a largo plazo.
Fuentes: El Independiente, El Sudcaliforniano, Ecobaja




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