En Mexicali, Baja California, el proyecto Restauremos el Colorado ha unido a productores locales para recuperar suelos dañados y reintroducir biodiversidad en una región marcada por el monocultivo y la escasez de agua.
Grecia Bojórquez/ NORO
Gallinas de libre pastoreo, árboles de mezquite, borregos, abejas, plantas medicinales y una milpa de verano que mezcla maíz, calabaza y sandía. A simple vista podría parecer cualquier rancho productivo en una zona fértil. Pero todo esto ocurre en uno de los paisajes más áridos del país y su nombre es el Valle de Mexicali.
Mario Meza, Don Beto, camina por su parcela y enumera con los frutos de su esfuerzo. “Aquí se aprovecha todo. Vamos a elaborar fertilizantes orgánicos con el estiércol de animales”, explicó en entrevista con El País.
Mientras recorre su rancho, Rancho Tata Lobo, señala plantas nativas como el toloache, el amaranto silvestre, la cachanilla y la margarita del desierto. “Es muy importante encontrar la riqueza de cada elemento de la naturaleza donde uno vive”, dice.
El suyo es uno de los proyectos piloto de un modelo regenerativo que busca transformar el paisaje, el sistema silvopastoril impulsado por la asociación civil Restauremos el Colorado (REC). Esta organización, que desde 2015 trabaja en la restauración ambiental del delta del río Colorado, acompaña a agricultores locales para sanar suelos, diversificar cultivos y fortalecer la resiliencia ecológica.
Para entender la magnitud de lo que ocurre, hay que mirar hacia atrás. El Valle de Mexicali fue uno de los escenarios clave de la Revolución Verde, aquel movimiento que impulsó la agricultura intensiva en México a partir de los años sesenta. Se introdujeron fertilizantes, maquinaria y nuevas semillas, y con ellos vinieron los monocultivos, que son algodón, alfalfa, espárrago, palma datilera.
Décadas después, las consecuencias fueron visibles para la agricultura. “En el Valle de Mexicali, hemos sido testigos de un fenómeno que nos ha perjudicado de una forma atroz: la cada vez más compactación del suelo”, relató Javier Mosqueda, agricultor de 66 años, a El País. A esto se suma la escasez hídrica, el deterioro ambiental y la crisis económica del campo.
Por eso, pequeños y medianos productores decidieron buscar una alternativa, la de recuperar prácticas ancestrales y combinarlas con nuevos enfoques agroecológicos.
“Volver al camino que se torció”, como lo definió Mosqueda.
El sistema silvopastoril que implementa Restauremos el Colorado propone una convivencia armónica entre árboles nativos, ganado y cultivos. Árboles como el mezquite, resistente, útil y adaptado al clima extremo, cumplen funciones como capturar carbono, sombrear, fertilizar y dar alimento.
Además de reintroducir la milpa tradicional, los productores cultivan forrajes como avena, trébol y cebada, y crían animales bajo prácticas responsables. “Nos decían: ¿qué van a producir en esas tierras muertas?”, recuerda Don Beto. Hoy, la biodiversidad vuelve, incluso las aves rapaces sobrevuelan de nuevo.
“Dicen que cuando hay zopilotes alrededor, el rancho está sano”, bromeó para El País.
A la par, REC ha reforestado más de 94 hectáreas con especies como álamos, sauces y palo verde, y ha sembrado más de 36 mil árboles. Sitios como Chaussé, Don Parna y Vado Cebollero se han convertido en ejemplos de restauración en pleno desierto.
El otro gran desafío de la región es el agua. El río Colorado, sobreexplotado durante décadas, ya no tiene el caudal de antes. Por eso, el proyecto prioriza el uso eficiente del recurso a través de tecnología.
“La gota de agua se inyecta directamente en las raíces, por lo que resulta más eficiente”, explicó Mónica Alves, bióloga de la Universidad Autónoma de Baja California.
La implementación de sistemas de riego por goteo, aspersión y próximamente subterráneos permite adaptar el riego a las necesidades específicas del terreno. “Cuando está seca [la tierra] se ve agrietada, pero al humedecerse se vuelve maleable, como plastilina. Al secarse otra vez, la tierra se contrae mucho y comprime las raíces”, explicó Alves sobre los suelos salino-sódicos del valle.
Restauremos el Colorado también ofrece formación en gestión hídrica, hidrología y agroecología a productores locales. El conocimiento técnico, combinado con el saber campesino, es la base del cambio.
Más allá del campo, lo que ocurre en el Valle de Mexicali es un ejemplo de cómo la restauración ambiental puede fortalecer vínculos comunitarios y crear nuevas posibilidades económicas. Para Arcelio Meza, hermano de Don Beto, el futuro se construye con trabajo compartido. Junto a su hijo Julián, biotecnólogo de 27 años, impulsan el Rancho Don Efrén, donde proyectan integrar actividades ecoturísticas para diversificar ingresos y mostrar el valor del entorno restaurado.
“Para poder arraigar a la tierra a nuestros hijos, necesitamos una economía sana y estable”, dijo Meza a El País. Más que una historia de recuperación ecológica, lo que ocurre aquí es también una recuperación de identidad. Lo que antes se veía como una tierra agotada, hoy se entiende como un territorio con memoria, potencial y esperanza.
La restauración, en este rincón de Baja California, no es una promesa abstracta. Este espacio se ha convertido en una herramienta concreta para quienes, lejos de abandonar el campo, decidieron sembrarse en él otra vez.
Con información de El País, portalambiental.com y restauremoselcolorado.org.
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