Gala is Love es el resultado de una evolución personal y profesional que comenzó con botones convertidos en aretes durante la infancia.
Grecia Bojórquez/ NORO
Michelle Galindo, originaria de Tijuana, Baja California, creció fascinada por el brillo de las joyas que usaba su abuela. Esa curiosidad infantil por los botones convertidos en aretes marcaría el inicio de lo que hoy es Gala is Love, una marca con presencia internacional que reinterpreta el arte de la joyería desde un enfoque orgánico, emocional y artesanal.

Michelle Galindo, una diseñadora autodidacta
Aunque su formación académica fue en Administración de Empresas y más tarde cursó una maestría en Mercadotecnia Internacional, Michelle abandonó su empleo en la Secretaría de Economía para dedicarse de lleno al diseño de piezas hechas a mano.

El primer anillo de Galindo, hecho con un cuarzo del amor y alambre, llamó la atención entre sus colegas hasta convertirse en un negocio paralelo. Años después, ese impulso se transformó en una carrera creativa que encontraría su identidad entre metales, conchas, plata reciclada y una narrativa profundamente personal.
Instalada en la Ciudad de México desde hace más de una década, Michelle construyó su taller desde cero. A prueba y error, exploró los pasajes del Centro Histórico, contactó artesanos y formó un equipo que ha sido clave en el crecimiento de su firma.
Gala is Love, una marca con materiales con historia y raíz
Más allá del diseño, el sello de Gala is Love es su interés por los materiales con una narrativa de fondo. La plata mexicana es constante en sus piezas, pero también incorpora otros elementos como malaquita, madreperla o concha de abulón, esta última utilizada desde 2018 a raíz de una colaboración con el chef Javier Plascencia.

En esa ocasión, Michelle investigó el proceso de pesca del abulón en Baja California Sur, descubriendo que las conchas, desechadas durante su exportación a Japón, podían ser recuperadas para darles una nueva vida en forma de joyas.
“Me llegan las conchas oliendo a mar todavía”, relató en entrevista para Elle México.
Una vez en el taller, se limpian y se respetan sus formas orgánicas, creando composiciones que dialogan con la estética de los años 60 y 70, cuando las joyas de Taxco eran sinónimo de sofisticación en destinos como Acapulco.
Estas piezas mantienen una conexión clara con el entorno, el oficio y la identidad, sin abandonar la funcionalidad o el estilo contemporáneo. La marca ha logrado posicionarse en escaparates internacionales como Nueva York, París, Japón y Corea.
Arte orgánico y evolución constante
Las creaciones de Gala is Love se alejan de la producción en masa. En colecciones como Mantequilla, cada pieza es única, numerada y con la firma de la marca. Michelle Galindo apuesta por la imperfección como elemento estético y narrativo, permitiendo que el material guíe el diseño.

En entrevista reciente para InStyle, la diseñadora explicó que este enfoque le permite experimentar y fluir en su trabajo creativo: “Me gusta aprender y estar en constante evolución […]. Trabajar con cera me enseña a confiar en el proceso y no ser tan dura conmigo misma”.
Hoy, Gala is Love está presente en ciudades como Nueva York, Tokio, París y Lima, y mantiene su estudio activo en la Ciudad de México. La marca ha sido reconocida en publicaciones como Vogue y L’Officiel, esto como un referente de la joyería contemporánea mexicana con visión artística y sensibilidad material.

Desde botones de infancia hasta piezas de exposición internacional, Michelle Galindo ha demostrado que la joyería puede ser un vehículo para contar historias, reconectar con las raíces y crear objetos que, más que adornos, son testigos de procesos culturales y personales.
Con información de Elle México, InStyle y loonauniverse.com.




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