El programa de préstamo de bicicletas en Ensenada ofrece bicis gratuitas para estudiantes y trabajadores, acercando la movilidad activa a la comunidad universitaria desde 2023.
Ricardo Amador/NORO
En octubre de 2023, una broma en un chat de profesores de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), campus Ensenada, se convirtió en un proyecto de movilidad sostenible que hoy sigue creciendo.
La profesora Nelly Calderón de la Barca, docente en el área de ciencias sociales y ciclista urbana desde hace años, coordina el programa Bici Compartida, una iniciativa que presta bicicletas sin costo a la comunidad universitariapara que puedan usarlas como medio de transporte diario.

Calderón explicó a NORO que la bicicleta ha sido parte esencial de su vida, y a lo largo de su trayectoria ha participado en proyectos de movilidad no motorizada, tanto en la universidad como en colectivos locales.
“La bicicleta es mi principal medio de transporte. La mitad de mi vida me he transportado en transporte público, pero ya la mitad para acá, la bicicleta ha sido el medio principal”, comentó.
Esa experiencia personal y profesional sería el punto de partida para una idea que ella misma define como inesperada, sencilla y transformadora.
¿Cómo funciona el sistema de préstamo de bicicletas?
El programa empezó apurado, pero con reglas claras. Para evitar que alguien se quedara con una bicicleta sin devolverla, Calderón pidió comprobar la pertenencia a la universidad.
“Les pedimos una copia de su seguro facultativo, una copia de su identificación como estudiantes, porque pues más de uno se podría pasar de listo y no decir ‘Soy estudiante’ y ya no regresar la bici”, explicó.
En un inicio, el préstamo se hacía mediante un formulario y por periodos cortos, usualmente de cuatro horas. Con el tiempo, la dinámica cambió y hoy las bicicletas suelen entregarse por días e incluso semanas, especialmente a estudiantes que comenzaron a adoptarlas como su medio de transporte principal.

Las bicicletas se guardan en el mismo punto donde se tomó la primera foto que detonó el proyecto: un área de tierra dentro del estacionamiento de la facultad. Cuando alguien solicita una, Nelly entrega la llave y el candado, y aprovecha para explicar aspectos básicos de seguridad.
“Les hago como una plática más cercana de algunas recomendaciones para circular más seguros. Les hago énfasis en que usen casco”, señala.
Un colega profesor también participa en la formación inicial de quienes nunca han pedaleado en la ciudad.
“Vamos a la ciudad deportiva, un campo para que los estudiantes practiquen un poquito antes, anden por la ciclovía, se familiaricen”, contó Nelly, quien insiste en que la prioridad es que las personas se sientan listas para rodar fuera del campus.
Una foto abrió la puerta al cambio en la movilidad de la UABC
La chispa del proyecto nació en un chat de WhatsApp entre profesores de tiempo completo. Las quejas por la falta de estacionamiento para automóviles eran recurrentes, pero esa vez Nelly Calderón decidió responder con un gesto distinto.
Tomó una fotografía de sus dos bicicletas estacionadas en un espacio de tierra dentro de la facultad y escribió en el grupo: “Aquí sí hay estacionamiento”.
En el mismo mensaje añadió: “quien quiera tener le puedo prestar mi bicicleta”.

La ocurrencia no se quedó ahí. Ese mismo día abrió una cuenta de Instagram llamada Bici Compartida y publicó el ofrecimiento públicamente. “Esta bici es de todos”, escribió.
También invitó a quienes tuvieran bicicletas en desuso a prestarlas o donarlas para ponerlas a rodar: “si tienes una bici que no uses la puedes donar o la puedes prestar”.
Luego, un amigo ciclista le ofreció reparar sin costo las bicicletas que se integraran al proyecto. Una egresada donó una bicicleta morada “que ha tenido mucho éxito”, según Nelly. Otro profesor aportó una bici casi nueva, y ella misma sumó una plegable que no utilizaba con frecuencia. Así, Bici Compartida comenzó a funcionar con cuatro bicicletasque circulan entre estudiantes y trabajadores.
Pedalear como acto de autonomía y bienestar
Para Nelly Calderón, los beneficios del proyecto van más allá de la movilidad. Sostiene que la bicicleta tiene un efecto directo en la percepción del cuerpo, la confianza y el bienestar emocional.
Lo explica desde su propia experiencia diaria:
“Me da confianza en el sentido de que me puedo mover sin haber gastado un peso y en el camino ya me relajé, ya hice un poquito de ejercicio. Y sabes la parte también más bella: que me permite conectar con la ciudad de otra forma. Veo cosas que siento que si voy en un auto no las veo; me puedo detener cada que quiera, a tomar una foto, a platicar con alguien, a comprar algo”.

También vincula el pedaleo con la salud mental, un tema que considera urgente. “Había días en que salía cansada del trabajo, preocupada, me iba a rodar y, después de una hora yo ya era otra. Y decía: ‘Oye, esta medicina es gratuita’. Es una gran, gran alegría”, afirma.
Otra dimensión que destaca es el derecho al juego en la vida adulta, algo que la bicicleta le devuelve de forma inesperada.
“Para mí la bicicleta me permite seguir jugando. Mucho tiempo se ha considerado la bici como que es para niños y tal, y para mí la bicicleta me ayuda, yo siento, a reclamar nuestro derecho al juego. Sea cual sea la edad que tenemos, tenemos derecho al movimiento, al juego, a sentir el viento en la cara, a ir a rodar con amigos”.
En su mirada, moverse en bici no solo implica transporte, sino la posibilidad de habitar la ciudad desde un ritmo más humano y más sensible.
De iniciativa ciudadana a posible política universitaria
Aunque el proyecto de Bici Compartida crece de manera lenta y orgánica, ya existen promesas de donación de más bicicletas. También hay propuestas estudiantiles para organizar actividades que permitan comprar cascos, luces o materiales de mantenimiento, elementos que permitirían ampliar el impacto del proyecto.

Nelly confía en que, con el tiempo, este esfuerzo pueda abrir la puerta a iniciativas institucionales más amplias. “Yo creo que va a ir creciendo lento, pero sostenible”, señaló.
Si la comunidad mantiene el uso de las bicicletas y demuestra su utilidad cotidiana, espera que la universidad pueda impulsar una versión formal del programa o abogar por más infraestructura ciclista en la ciudad. Por ahora, las cuatro bicicletas siguen recorriendo Ensenada.










