Las bebidas fermentadas, como la kombucha y el kéfir, tienen beneficios para la salud intestinal. Una nutrióloga explica la evidencia real y los riesgos que nadie menciona.
Ricardo Amador / NORO
Las bebidas fermentadas, como la kombucha y el kéfir tienen beneficios documentados para la salud intestinal, pero su consumo sin orientación puede representar un riesgo para ciertos grupos.
Cuando un alimento fermenta, microorganismos como bacterias, levaduras u hongos degradan los azúcares en ausencia de oxígeno. Ese proceso genera alcoholes, ácidos y gases que transforman la composición química del producto original, explicó la nutrióloga Ivonne Borbón a NORO, y agregó qué dice la evidencia y qué parte es solo marketing.

El resultado de la fermentación provoca un sabor distinto y el nutriente ya llega parcialmente digerido, lo que facilita el trabajo del intestino. Además, las bebidas fermentadas producen probióticos, enzimas y vitaminas que el cuerpo aprovecha de manera adicional.
«Nos ayuda porque de entrada los microorganismos ya empezaron con este proceso de digestión. Entonces, cuando nosotros ingerimos esa bebida, el nutriente ya va a estar más digerido. Por eso se siente más ligero al momento de consumirlo”, comentó la nutricionista.
Bebidas fermentadas tienen respaldo científico
Según Borbón, la evidencia más sólida apunta al sistema digestivo. Los fermentos regulan y equilibran la microbiota intestinal, reducen la inflamación y el estreñimiento, protegen la mucosa del estómago y tienen propiedades antimicrobianas frente a ciertas bacterias patógenas. También facilitan la digestión de alimentos difíciles de procesar, como los que contienen lactosa.

“Los principales beneficios es que regulan el tema de la microbiota intestinal, la equilibran, la mejoran. Eso nos ayuda a que haya menor inflamación, menor estreñimiento y que también funcionen como propiedades antimicrobianas”, contó.
En el caso de la gastritis asociada a la bacteria Helicobacter pylori, los microorganismos presentes en los fermentos pueden desplazar a los patógenos y proteger la mucosa gástrica. En cambio, el panorama para el reflujo gastroesofágico es más complejo: el pH ácido de estas bebidas puede empeorar los síntomas y la evidencia en estos casos no es concluyente.

“En el tema de las intolerancias alimentarias, sí se ve que benefician también porque como los microorganismos ya empezaron con un proceso inicial a degradar el nutriente, para nuestro intestino va a ser mucho más fácil la degradación”, añadió.
El eje intestino-cerebro y su funcionamiento con los fermentos
Uno de los hallazgos más llamativos en torno a la buena alimentación involucra a la salud mental. La nutrióloga Borbón mencionó que hay estudios en niños que muestran que una dieta alta en azúcar refinada y grasas saturadas se asocia con mayor irritabilidad y síntomas de ansiedad. Sin embargo, una alimentación con más fibra, proteínas magras e, incluso, alimentos fermentados podrían mejorar el temperamento.
“Si tenemos una alimentación más alta en grasas saturadas, en azúcar refinada, alimentos no saludables, puede haber más irritabilidad o síntomas de ansiedad en niños. Y si por el contrario hay una alimentación más saludable, más alta en fibra, en frutas, verduras, lácteos, carnes magras, pescados, mariscos, los niños se ven beneficiados en su carácter.

En adultos, una microbiota equilibrada favorece la síntesis de neurotransmisores que regulan el sistema nervioso central. Investigaciones recientes vinculan el consumo de probióticos con reducción del estrés percibido, menor ansiedad y mejora del estado de ánimo, incluyendo un efecto sobre los niveles de triptófano, precursor de la serotonina.
“La microbiota son los microorganismos que tenemos en nuestro intestino y el tener un buen equilibrio de ellos nos ayuda a que se secreten ciertos neurotransmisores que es la función de algunos medicamentos que se usan a nivel de salud mental para cómo apagar un poquito nuestro sistema nervioso central”, comentó.
Sin embargo, la especialista comenta que los beneficios no llegan solos ni de inmediato, sino que debe de haber un consumo constante de alimentos fermentados.
“Tampoco es magia, no son alimentos milagro, tampoco va a suceder de un día a la mañana siguiente, porque no es un medicamento. Los beneficios se obtienen del constante consumo”. Añadió la nutrióloga Borbón.
El riesgo de consumir bebidas fermentadas
El mercado de fermentos artesanales está creciendo, pero la ausencia de estándares compartidos entre productores significa que no existen cantidades mínimas ni máximas de microorganismos por producto. Quien compra una kombucha de producción casera no sabe con exactitud la concentración de microorganismos que está consumiendo. Eso, en ciertos casos, puede ser un riesgo silencioso.

“No todas las personas deberían tomarlos. Por ejemplo, personas que tengan un sistema inmunológico comprometido o que estén embarazadas o en lactancia, no sería la mejor opción porque como están bacterias vivas y en constante cambio, pues podemos estar un poco en riesgo”, concluyó.
Para quienes sí pueden consumirlos, la recomendación es empezar por productos regulados, como yogur con probióticos, kéfir comercial o pan de masa madre, donde el tipo y cantidad de microorganismos está más controlado.




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