Preocuparse por el planeta es normal, pero cuando esa preocupación se convierte en una angustia constante, podría tratarse de ecoansiedad. Existen formas de detectarla y acciones que pueden ayudar a sentirse mejor.
Grecia Bojórquez/ NORO
Cada vez más personas, sobre todo jóvenes, sienten una angustia profunda al pensar en el futuro del planeta. Esta sensación persistente de ansiedad relacionada con la crisis ambiental ya tiene nombre: ecoansiedad. Aunque no está reconocida oficialmente como un trastorno psicológico, especialistas en salud mental la identifican como una respuesta real y preocupante ante los efectos del cambio ambiental global.

La ecoansiedad no solo se manifiesta como un malestar ocasional al ver noticias sobre incendios forestales o sequías. Según psicólogos como Javier Urbina Soria, de la UNAM, puede provocar cambios de comportamiento importantes, como evitar ciertos lugares por miedo a fenómenos naturales o desarrollar pensamientos catastróficos. También hay síntomas físicos como aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular o trastornos del sueño cuando se piensa en los daños ecológicos del presente y futuro.

Además, este malestar no requiere vivir un desastre natural en carne propia: basta con leer titulares alarmistas o ver imágenes impactantes de eventos extremos. Esto, de acuerdo con Ingrid Vargas Huicochea, profesora de psiquiatría, activa el sistema de alarma mental y fisiológica, generando una sensación constante de peligro ambiental.
Jóvenes: los más afectados por un futuro incierto
Aunque cualquier persona puede experimentar ecoansiedad, los jóvenes son quienes la padecen con más frecuencia. Ellos perciben el daño ambiental como una amenaza directa a su futuro, y muchos sienten que, aunque hagan cambios en su estilo de vida, estos esfuerzos no tienen impacto real frente a los grandes problemas globales.

Este sentimiento de impotencia puede derivar en desesperanza. Algunas personas comparten que, al ver que su entorno no actúa con la misma urgencia, se sienten frustradas, incluso obsesionadas con temas ecológicos. En casos más graves, puede haber síntomas de depresión o ansiedad crónica, lo que hace indispensable buscar ayuda profesional.

La percepción de riesgo también influye: mientras más se ven los efectos del deterioro ambiental (como olas de calor, contaminación o escasez de agua), más presente se vuelve la sensación de que el problema es incontrolable. Este entorno psicológico puede volverse abrumador, especialmente en contextos urbanos con estrés adicional como ruido, tráfico y poca infraestructura verde.
¿Cómo saber si tienes ecoansiedad?
Algunas señales de ecoansiedad incluyen:
- Pensamientos recurrentes sobre el estado del planeta.
- Sensación de culpa al consumir productos no ecológicos.
- Evitar actividades por temor a desastres naturales.
- Frustración al ver que otros no colaboran con acciones ambientales.
- Cambios físicos ante estímulos ambientales (taquicardia, sudoración, tensión).
- Dificultad para dormir por pensamientos relacionados con el medio ambiente.
No todas estas señales se presentan al mismo tiempo ni con la misma intensidad. Sin embargo, si la preocupación por el medio ambiente te impide disfrutar tu día a día o te genera malestar constante, es momento de atenderla.

También es importante recordar que la ecoansiedad no es irracional: está basada en una realidad científica. Pero cuando esa preocupación paraliza en lugar de motivar, se vuelve dañina. Como indica la psicóloga ambiental Susan Clayton, se trata de un temor crónico a un desastre ecológico que muchas personas sienten al ver que las soluciones parecen estar fuera de su alcance.
De la angustia a la acción: cómo enfrentarla
Combatir la ecoansiedad no significa ignorar los problemas ambientales, sino encontrar formas sanas de procesar esa preocupación. Aquí algunas recomendaciones:
- Participa activamente en proyectos ambientales locales: plantar árboles, limpiar espacios públicos o sumarte a campañas de reciclaje puede ayudarte a recuperar el sentido de agencia.
- Modera tu consumo de noticias: especialmente evita contenido sensacionalista que exacerbe el miedo sin ofrecer soluciones.
- Practica técnicas de manejo del estrés como meditación, yoga o respiración consciente.
- Rodéate de personas que compartan tus preocupaciones y estén enfocadas en el cambio positivo. Formar comunidad puede reducir la sensación de aislamiento.
- Consulta con un profesional de la salud mental si los síntomas persisten o se agravan. Cada vez más terapeutas se especializan en temas de salud mental y medio ambiente.

También es importante evitar caer en la trampa de la perfección ecológica. No todo el mundo puede permitirse consumir exclusivamente productos orgánicos o dejar el carro. Lo importante es hacer lo que esté al alcance de cada quien, sin dejarse llevar por la culpa o la frustración.
Con información de BBC, swissinfo.ch y Gaceta UNAM.




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