Las enfermedades en verano pueden afectar a personas de todas las edades, pero siguiendo medidas de prevención, como mantenerse hidratados, cuidar de la alimentación y protegerse del sol, es posible reducir el riesgo.
Nancy Valenzuela / NORO
El verano es una de las temporadas más esperadas del año por sus días soleados, vacaciones y actividades al aire libre. Sin embargo, el aumento de las temperaturas también provocan serios daños a la salud.
Las enfermedades en verano suelen estar relacionadas con el calor, el consumo de alimentos en mal estado o la exposición prolongada al sol. Por ello, es importante conocer cuáles son y cómo prevenirlas.

Cuáles son las enfermedades en verano más comunes
Golpe de calor
El golpe de calor es una condición grave causada por la exposición prolongada a altas temperaturas. Se caracteriza por fiebre elevada, dolor de cabeza, piel caliente y confusión. Es más frecuente en niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Gastroenteritis
Las altas temperaturas favorecen la proliferación de bacterias en los alimentos. Esto puede provocar gastroenteritis, cuyos síntomas incluyen diarrea, vómitos, dolor abdominal y fiebre.

Deshidratación
El calor extremo hace que el cuerpo pierda líquidos y electrolitos con mayor rapidez. La deshidratación es peligrosa si no se detecta a tiempo, ya que puede provocar mareos, debilidad y, en casos severos, desmayos.
Enfermedades transmitidas por mosquitos
Durante el verano aumentan los casos de dengue, zika y chikungunya debido a la proliferación del mosquito Aedes aegypti. Estas enfermedades pueden presentar fiebre alta, dolor muscular y erupciones en la piel.
Infecciones en la piel y los ojos
Las piscinas y playas pueden ser focos de hongos y bacterias que provocan infecciones cutáneas, otitis o conjuntivitis.

Las enfermedades de verano sí se pueden prevenir
La prevención es la mejor herramienta para evitar complicaciones durante esta época del año. Aquí algunos consejos prácticos:
- Hidratarse constantemente: Beber al menos dos litros de agua al día, incluso si no se tiene sed.

- Evitar la exposición solar prolongada: Especialmente entre las 11:00 y 16:00 horas. Usar bloqueador solar, sombreros y ropa ligera.
- Mantener los alimentos refrigerados: No dejar comida a temperatura ambiente por mucho tiempo y asegurarse de que esté bien cocida.
- Usar repelente de insectos: Para prevenir picaduras de mosquitos y posibles enfermedades transmitidas.

- Evitar cambios bruscos de temperatura: Entrar de un lugar muy caluroso a un espacio con aire acondicionado puede debilitar el sistema inmunológico.
- Practicar una buena higiene personal: Lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño reduce el riesgo de contagios.
Si presentas fiebre alta, vómitos persistentes, dificultad para respirar o desmayos, es importante acudir de inmediato a un médico. Recuerda que la detección temprana es fundamental para evitar complicaciones.
Con información de OMS, Sanitas y La Vanguardia










