Aunque un baño con agua fría parece la mejor forma de refrescarse en verano, estudios indican que puede ser contraproducente para el cuerpo humano.
Ricardo Amador/NORO
El verano y sus altas temperaturas hacen que muchas personas recurran a baños con agua fría como un alivio inmediato. Pero, ¿realmente es saludable exponerse al agua helada cuando la temperatura ambiental supera los 40 °C?
Aunque la sensación puede parecer refrescante, expertos en fisiología y salud advierten que no siempre es la mejor opción y, en algunos casos, puede resultar contraproducente para el organismo.

El cuerpo humano tiene mecanismos de defensa naturales para regular su temperatura y mantenerse cerca de los 37°C, rango considerado óptimo para su funcionamiento. Entre ellos se encuentran la vasodilatación y la sudoración.
Cuando el termómetro sube, los vasos sanguíneos se expanden para llevar sangre caliente a la superficie de la piel y disipar calor. Al mismo tiempo, comenzamos a sudar: la evaporación del sudor permite enfriar el cuerpo gradualmente.
Estos mecanismos, sin embargo, pueden verse alterados por duchas demasiado frías. La vasodilatación se revierte al exponerse al agua fría: los vasos se contraen (vasoconstricción) y el flujo de sangre hacia la piel disminuye. Esto bloquea la salida del calor desde el núcleo corporal, haciendo que el cuerpo retenga temperatura en lugar de eliminarla.
Baños de agua fría pueden tener efecto rebote
La tentación de abrir la llave de agua fría tras una caminata bajo el sol es comprensible. El contacto con agua helada genera un alivio momentáneo en la superficie de la piel, pero este efecto dura poco y puede tener consecuencias inesperadas.
Investigaciones publicadas en The Conversation señalan que el cuerpo interpreta el cambio brusco de temperatura como una amenaza, lo que activa mecanismos de defensa adicionales, como la producción de más calor interno.

Además, si el cuerpo ya está sobrecalentado, por ejemplo, tras hacer ejercicio o trabajar bajo el sol, el contraste con agua fría puede provocar lo que se conoce como “choque térmico leve”, que genera picos de presión arterial y una carga cardiovascular innecesaria; en casos extremos, puede haber riesgo para personas con afecciones cardíacas.
El fenómeno se agrava si el agua está por debajo de los 15 °C (59 °F), ya que puede inducir una respuesta de cold shock, o choque por frío, caracterizada por hiperventilación, taquicardia e incluso desmayos.
Beneficios de bañarse con agua templada
Frente a los riesgos del agua fría y las limitaciones del agua caliente (que añade calor al cuerpo), la mejor opción durante el verano es la ducha templada, es decir, con agua a unos 26–27 °C.
Esta temperatura permite mantener el equilibrio térmico, promueve una correcta circulación sanguínea y facilita la sudoración, lo que ayuda a que el cuerpo se enfríe de manera natural y sostenida.

Los expertos sugieren bajar gradualmente la temperatura del agua al ducharse, permitiendo que el cuerpo se adapte sin generar un “choque” interno. Al terminar la ducha, lo más recomendable es secarse con suavidad y vestirse en una habitación ventilada, para no generar más calor por fricción o humedad atrapada.
Más allá de la temperatura corporal, el agua templada también contribuye a una mejor higiene. A diferencia del agua fría, que no elimina eficazmente los aceites naturales (sebo) de la piel, el agua tibia sí logra disolver el sudor, la grasa y las impurezas acumuladas durante el día, reduciendo el riesgo de infecciones cutáneas o brotes de acné.
¿Y el agua caliente? Beneficios y limitaciones
Bañarse con agua caliente sí tiene beneficios, aunque no necesariamente en verano. A temperaturas más altas, el agua estimula la circulación, alivia dolores musculares y puede mejorar la calidad del sueño. También se utiliza en tratamientos de hidroterapia para personas con artritis o tensiones musculares.

No obstante, en días calurosos, una ducha caliente puede ser contraproducente si se busca bajar la temperatura corporal. El agua caliente transfiere más calor al cuerpo, aumentando aún más el núcleo térmico. En consecuencia, puede intensificarse la sudoración y el agotamiento por calor.
El momento ideal para un baño con agua caliente sería por la noche, en un entorno controlado con aire acondicionado, como parte de una rutina relajante antes de dormir. Incluso entonces, se recomienda no usar agua demasiado caliente para evitar irritaciones o deshidratación cutánea.
Fuentes: El Sol de la Laguna, Vice, Tiempo










