Gila Hikers lleva años recorriendo el desierto de Sonora para cambiar la relación entre la gente y la fauna venenosa que comparte su territorio.
México tiene más especies venenosas que cualquier otro país del mundo, según los biólogos Jorge Jiménez Canale y Óscar Leonardo Chávez, especialistas en herpetología y cofundadores de Gila Hikers, una agrupación sonorense de educación ambiental con base en Hermosillo. El desierto de Sonora concentra una parte importante de esa biodiversidad. Y cada julio, cuando llegan las primeras lluvias del monzón, el desierto lo recuerda.
Jiménez y Chávez llevan años recorriendo cerros, ranchos y colonias de Hermosillo con un objetivo concreto: cambiar la relación entre la gente del noroeste y los animales que comparten su territorio. Para ellos, el problema central no es la fauna. Es la desinformación.
La temporada de lluvias y la fauna venenosa en Sonora
Con la llegada del monzón de verano —típicamente desde mediados de junio y con mayor intensidad en julio, agosto y septiembre— aumenta la actividad de serpientes, alacranes y arañas en toda la región. Jiménez lo describe así en el episodio de NORO Community Radio grabado en colaboración con Gila Hikers: «Sales a campo y ves todo. Vemos arañas, vemos escorpiones, vemos serpientes. Todo lo que le dé miedo a nuestros papás, y ahí estamos nosotros.»
Este año, sin embargo, la temporada se sintió distinta. Chávez señala que el fenómeno de El Niño y los cambios climáticos recientes alteraron el patrón habitual: hubo lluvias atípicas en invierno y la actividad de cascabeles nunca se apagó del todo. «Nunca dejé de ver cascabeles», dice Chávez en la misma conversación. «Y tampoco noté el ‘ya entró la temporada’ como en otros años.»
Lo que no cambia es la respuesta social: llegan los meses de calor, aparece la fauna, y con ella aparece el pánico.

Alacrán y escorpión son lo mismo. Y las arañas grandes no matan.
Parte del trabajo de Gila Hikers consiste en desmontar creencias que circulan con más fuerza que los datos. Dos de las más persistentes: que alacrán y escorpión son animales distintos, y que las arañas grandes son las más peligrosas.
Sobre lo primero, Chávez es directo: alacrán viene del árabe al acraf, escorpión viene del latín scorpio. Son la misma palabra en dos idiomas, el mismo animal. «Es como decir carro y coche», explica en el episodio. «Depende de dónde vengas.»
Sobre las arañas, la aclaración es igual de contundente. De las miles de especies que existen en México, solo dos grupos representan riesgo médico real: las viudas negras y las violinistas. Las tarántulas —que Hollywood usa sistemáticamente como villanas— tienen venenos de los más ligeros conocidos. Jiménez apunta que Hollywood elige tarántulas precisamente por eso: no van a lastimar a los actores.
En cuanto a las cascabeles, el dato más contraintuitivo es este: entre el 80 y el 90% de las veces que los especialistas las encuentran en campo, el animal no suena su cascabel al inicio. Confía en su camuflaje. Prefiere no ser vista. «Quiere existir en paz», dice Chávez. La imagen del reptil que siempre avisa es, en gran medida, una construcción cultural.

Centruroides: el escorpión que sí importa en Hermosillo
Dentro de la diversidad de escorpiones del desierto de Sonora, hay uno que concentra la atención médica: el Centruroides sculpturatus, conocido como escorpión de corteza. Es el que aparece en casas de tabique y adobe, en closets, entre la ropa y en las toallas. Es también el género responsable de la mayoría de los accidentes de importancia médica en la región.
Chávez menciona en el episodio que la biomasa de escorpiones en algunos puntos del desierto de Sonora supera la de todos los vertebrados juntos. Ratones, venados, coyotes, aves: en ciertos tramos, los escorpiones pesan más que todo eso combinado. Es un dato que ilustra por qué convivir con ellos no es opcional.
El boletín de epidemiología citado por Jiménez en el episodio registra alrededor de 300,000 picaduras de escorpión al año en todo el país, según boletines del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE). Las mordeduras de cascabel, en contraste, rondan entre 2,000 y 3,000 casos anuales reportados. La proporción habla sola: el escorpión entre los zapatos representa el riesgo cotidiano más frecuente, no la serpiente del sendero.

Prevención sencilla, remedios caseros que no funcionan, según Gila Hikers
Gila Hikers no solo divulga biología. También certifica a personal de empresas en protocolos de primeros auxilios ante accidentes con fauna. Lo que repiten en cada capacitación tiene más de sentido común que de ciencia exótica.
Revisar la ropa antes de ponérsela. Sacudir la toalla en el rancho. Mantener limpio el closet, porque si hay un alacrán adentro es porque encontró comida. Evitar acumulación de basura orgánica o escombro en el patio, que atrae insectos que a su vez atraen escorpiones.
Ante una picadura o mordedura: calma, y atención médica inmediata. Jiménez es enfático en el episodio: «Lo peor que pueden hacer es irse a TikTok a buscar qué onda.» Los remedios caseros —leche, ajo, chupar el veneno, torniquetes— no funcionan.
El antiveneno existe y está disponible en los sistemas de salud de la región. Cuando una institución no lo tiene, se consigue a través de la red toxinológica. La mortalidad por picadura o mordedura de estos animales ronda el 5% en México, según los especialistas, y en la mayoría de los casos está asociada a no buscar atención a tiempo.
Conocer al animal como forma de cuidarse
Gila Hikers opera como comunidad de profesionistas —biólogos, fotógrafos de naturaleza, guías de campo— que organiza caminatas nocturnas y recorridos educativos por zonas naturales de Hermosillo, incluyendo el Cerro El Bachoco, según reportó El Imparcial en junio de 2025. Su presencia en redes sociales, con contenido sobre serpientes, arácnidos y herpetología del noroeste, les ha permitido llegar a públicos que difícilmente pisarían un aula de biología.
La propuesta de fondo es sencilla: el miedo a la fauna venenosa del desierto no viene del desierto. Viene de la falta de información. Y esa brecha, en una región donde el Centruroides vive en las paredes y la cascabel diamante del oeste cruza los mismos senderos que los ciclistas del Bachoco, tiene consecuencias reales.
Según Gila Hikers, conocer a estos animales no garantiza que no haya accidentes. Pero reduce las probabilidades de que el accidente ocurra por pánico, por un remedio casero o por no saber que el antiveneno está disponible a unos minutos de distancia.




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