Seguro alguna vez has probado o olido algo que, de inmediato, te transportó al pasado. Ese viaje involuntario a través de los sentidos tiene nombre: se le conoce como el fenómeno Magdalena de Proust

Daniela Valenzuela / NORO
A lo largo de la vida, vivimos experiencias que nos hacen cuestionar cómo funciona nuestro cuerpo y, sobre todo, nuestro cerebro. Una de las más curiosas ocurre cuando un olor o un sabor nos transporta al pasado, de forma casi automática: la infancia, una tarde con la abuela, los juegos con amigos de preescolar.
Este fenómeno tiene una explicación científica: ciertos aromas y sabores activan regiones del cerebro vinculadas con la memoria emocional.
Además, tiene un nombre muy particular: el fenómeno Magdalena de Proust, llamado así por la forma en que el novelista francés Marcel Proust describió cómo un simple bocado de magdalena mojada en té lo hizo revivir, con todo detalle, escenas de su niñez.
La explicación científica detrás de este fenómeno: así funciona la memoria gustativa


Los científicos explican que la razón por la cual ciertos olores o sabores despiertan recuerdos está en la forma en que todo está conectado dentro del cuerpo. El olfato y gusto está directamente vinculado a regiones del cerebro relacionadas con las emociones y la memoria, lo que explica por qué un aroma puede evocarnos escenas del pasado con gran claridad.
La llamada memoria gustativa funciona gracias a las conexiones neuronales que nos permiten conservar información sensorial —como el sabor y el olor de ciertos alimentos— durante años. Sin embargo, no solo almacenamos esas señales físicas, sino también las experiencias emocionales que acompañan ese momento: con quién estábamos, cómo nos sentíamos, en qué contexto lo vivimos.
La memoria, según los expertos, se forma en tres etapas:

- Adquisición, cuando el cerebro recibe y procesa los estímulos del entorno.
- Consolidación, cuando esa información se convierte en una memoria de largo plazo.
- Evocación, cuando un estímulo vuelve a activar ese recuerdo y lo trae de nuevo a la conciencia.
El sabor no actúa por sí solo: también influyen los aromas, las texturas y el ambiente en el que comemos. Todos estos elementos en conjunto hacen que ciertos platillos se graben con más fuerza en nuestra mente.
A nivel cerebral, el sabor activa estructuras como la amígdala y el hipocampo, dos zonas clave en el procesamiento de emociones y recuerdos. Es por eso que, a veces, un simple olor puede revivir con gran nitidez un momento que creíamos olvidado: una comida especial, un día cualquiera de la infancia, o un instante que creíamos perdido en el tiempo.
¿Por qué se le llama “Magdalena de Proust”?


El interés por comprender cómo los sabores y olores pueden activar recuerdos profundos no nació en un laboratorio, sino en la literatura. Fue el escritor francés Marcel Proust (1871–1922) quien, sin proponérselo del todo, dio pie a lo que hoy conocemos como el fenómeno Magdalena de Proust.
En su novela Por el camino de Swann, la primera de la monumental serie En busca del tiempo perdido, el protagonista vive una experiencia que marcaría tanto a lectores como a científicos: al probar una magdalena mojada en té, una serie de recuerdos de su infancia lo invaden de forma repentina y vívida, transportándolo a sus días en Combray, un pequeño pueblo de Francia.

Lo interesante de este pasaje no fue solo su carga emocional y poética, sino la forma en que ilustró cómo un estímulo sensorial simple —como el sabor de un alimento— puede desencadenar un torrente de memorias que parecían dormidas. Esta observación, nacida desde la ficción, despertó la curiosidad de científicos, neurólogos y psicólogos, quienes años después comenzarían a estudiar cómo funciona este tipo de memoria involuntaria, ligada especialmente al olfato y al gusto.
Así, lo que comenzó como un gesto íntimo y literario se convirtió en una puerta de entrada para explorar la relación entre los sentidos, la emoción y la memoria.
El nombre de Magdalena de Proust quedó para describir ese instante tan humano y poderoso en el que un sabor, aroma o textura nos devuelve, sin previo aviso, a un momento que creíamos olvidado.
Con información de Gaceta Unam, Infobae, Anima Gourmet, Butcher and Chef y BBC.



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