Una exposición moderada al sol puede aportar beneficios para la salud como mejorar el estado de ánimo, regular el ciclo de sueño, fortalecer el sistema inmunológico y favorecer el sistema cardiovascular.
Grecia Bojórquez/ NORO
Durante mucho tiempo, el sol ha sido visto casi como un enemigo para la piel y la salud. Sin embargo, la investigación científica más reciente invita a reconsiderar esta postura y entender que, con moderación y cuidado, la exposición solar ofrece beneficios importantes para el bienestar.

Más que un enemigo: el sol y su papel en la salud
Durante las últimas décadas, la mayoría de las recomendaciones médicas han insistido en evitar la exposición solar directa para prevenir daños en la piel, envejecimiento prematuro y, sobre todo, el cáncer. Aunque es un consejo válido, resulta quizá demasiado simplista.

Expertos como la doctora Lucy McBride, médica de medicina interna en Washington señalaron, para The New York Times, que la visión de que “nunca se debe salir sin bloqueador solar con factor 50” pasa por alto beneficios que aún están siendo estudiados.
El sol influye en la producción de vitamina D y también está relacionado con la regulación de la presión arterial, el fortalecimiento del sistema inmune y la mejora del estado de ánimo. Por ejemplo, la piel expuesta al sol libera óxido nítrico, un gas que ayuda a relajar los vasos sanguíneos y bajar la presión arterial, lo cual podría tener efectos positivos para la salud cardiovascular. De hecho, estudios han mostrado que las personas que se exponen moderadamente al sol tienen menos riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.

Además, la luz solar modula la actividad del sistema inmunológico, ayudando a controlar la inflamación. Pequeños estudios en pacientes con esclerosis múltiple y con enfermedades de la piel como eccema y psoriasis sugieren que la exposición solar puede aliviar síntomas asociados a estas condiciones.
Vitamina D: el vínculo más conocido, pero no el único
Una de las razones más claras para tomar el sol es la producción de vitamina D, un nutriente esencial para la salud ósea, que también ayuda a absorber calcio y fósforo. Cuando la luz ultravioleta del sol toca la piel, convierte un precursor del colesterol en vitamina D3, que luego se transforma en la forma activa en el cuerpo.

De acuerdo con la dermatóloga Mónica Morcos González, quien habló TecScience, para aproximadamente el 80% de la vitamina D que el cuerpo utiliza proviene del sol, y solo el 20% puede obtenerse a través de la dieta, con alimentos como pescados grasos, huevos o leche fortificada. Por ello, la luz solar es clave para alcanzar niveles óptimos.
Aunque la vitamina D es importante, algunos estudios clínicos recientes muestran que los suplementos no siempre replican todos los beneficios que aporta la exposición al sol. Por ejemplo, ensayos realizados en Estados Unidos demostraron que tomar vitamina D en pastillas no reduce significativamente el riesgo de diabetes tipo 2, cáncer o enfermedades cardiovasculares, mientras que la exposición solar sí puede tener efectos adicionales, como mejorar el sistema inmunitario y la presión arterial.
El sol, el ánimo y el reloj biológico
Más allá de lo físico, el sol tiene un impacto importante en el estado de ánimo y en la regulación del sueño. La luz solar ayuda a la producción de serotonina, un neurotransmisor que contribuye a la sensación de bienestar, tranquilidad y concentración. Por eso, en lugares con poca luz natural durante el invierno, es común que las personas sufran trastornos afectivos estacionales, una forma de depresión relacionada con la falta de exposición solar.

También, la luz solar ayuda a regular el ciclo circadiano, ese reloj interno que determina cuándo se siente sueño y cuándo se está más despierto. De acuerdo con Morcos González, exponerse al sol durante el día favorece un sueño reparador durante la noche.
Además, algunos estudios sugieren que la exposición al sol provoca la liberación de endorfinas, sustancias químicas que generan sensación de placer y alivian el estrés. Esto explica por qué salir a la calle en un día soleado puede hacer que las personas se sientan mejor, aunque también puede estar relacionado con la actividad física y el contacto con la naturaleza.
¿Cuánto sol se necesita y cómo protegerse?
La cantidad de sol necesaria para aprovechar sus beneficios varía mucho según la pigmentación, la ubicación geográfica y la estación del año. Por ejemplo, las personas con piel clara pueden obtener suficiente vitamina D con 10 minutos de exposición diaria, mientras que aquellas con piel más oscura necesitan tiempos mayores, incluso hasta 45 minutos, debido a la mayor cantidad de melanina que actúa como filtro natural.
Los especialistas recomiendan tomar el sol durante periodos breves y frecuentes, preferentemente fuera de las horas en que los rayos ultravioleta son más intensos, es decir, entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde. Durante estos horarios, es mejor usar protección, como bloqueador solar con un factor adecuado, sombreros de ala ancha, ropa que cubra la piel y gafas que filtren los rayos UV.

La dermatóloga Morcos González aconseja que en verano bastan entre cinco y diez minutos diarios de exposición en áreas como brazos y piernas, mientras que en invierno pueden ser hasta 20 minutos. No es necesario exponer todo el cuerpo; con aproximadamente un 40% de la superficie cutánea es suficiente.
También es importante no excederse para evitar quemaduras, ya que el daño solar acumulativo aumenta el riesgo de cáncer de piel y envejecimiento prematuro. Al final, la idea no es eliminar el protector solar ni exponerse sin precaución, sino aprender a “convivir” con el sol, aprovechando sus beneficios sin poner en riesgo la salud.
Con información de The New York Times, TecScience y BBC.










