El highline en Hermosillo reúne a deportistas que enfrentan el miedo, recorren los cerros de Sonora y promueven una práctica segura y responsable con el medio ambiente.
Ricardo Amador/NORO
Caminar sobre una cinta suspendida entre dos cerros puede parecer un desafío que no muchos querrían enfrentar. Sin embargo, en slackline —o en equilibrio en cuerda— en Hermosillo hoy reúne a deportistas que recorren los paisajes más emblemáticos desde las alturas. Este deporte ha impulsado a toda una comunidad que combina técnica, respeto por la naturaleza y desarrollo personal.
Quienes practican highline en Hermosillo han convertido los cerros de la ciudad en espacios para aprender sobre equilibrio. Además, los deportistas han descubierto que el miedo no siempre es un obstáculo, sino también una herramienta para conocerse a sí mismos.

Las fotografías de personas que caminan en una cuerda entre el vacío suele ser la primera imagen que se viene a la mente cuando se habla de highline, esa experiencia comienza mucho antes de subir a un cerro. El primer contacto suele darse en un parque, donde una cinta se coloca a pocos centímetros del suelo. A esa forma de practicar se le llama slackline, un deporte que pone a prueba el equilibrio de las personas a través de una cuerda plana atada a dos árboles y a una altura baja. Esa disciplina permite desarrollar el equilibrio, la técnica y la confianza necesarias antes de enfrentarse a la altura en la highline.
NORO conversó con Alejandro Symonds y Osmar González, integrantes de la comunidad de highline en Hermosillo. Ambos compartieron cómo este deporte ha transformado su manera de enfrentar el miedo, relacionarse con el paisaje y construir comunidad.

Para Alejandro y Osmar, en cada recorrido existe un trabajo que incluye revisar la resistencia de los anclajes, analizar la dirección del viento, estudiar la exposición al sol y planear cada movimiento. Todo este protocolo se realiza con anticipación con el objetivo de garantizar la seguridad de quienes participan.
Caminar sobre el vacío es aprender a escuchar el miedo
Si algo comparten las personas que practican highline es que la experiencia cambia por completo la idea que muchas personas tienen sobre los deportes extremos. La adrenalina existe, pero no ocupa el centro de la experiencia; en su lugar aparecen la concentración, la frustración, la paciencia y el diálogo interno que ocurre una vez que desaparecen todas las distracciones.

Osmar, recientemente protagonizó un video de highline en el que se observa de fondo el atardecer hermosillense. Para lograrlo, nos explicó que, el verdadero reto comienza cuando la persona se queda sola frente al vacío y ya no puede apoyarse en nadie más.
«Desde que te subes estás trabajando con tus sentimientos, tus emociones, tus pensamientos, el viento, el calor, la sed. Eres tú en contacto con la naturaleza», comenta al describir una experiencia que, asegura, resulta distinta para cada practicante.
Esa relación con el miedo tampoco desaparece con los años de entrenamiento. Al contrario, forma parte de cada nuevo recorrido y obliga a desarrollar herramientas para reconocerlo sin dejar que tome el control.
«No digo que dejemos de tener miedo. Cada vez que me subo a un highline tengo miedo», reconoce Osmar, quien considera que el objetivo nunca ha sido eliminar esa sensación, sino comprender qué la provoca para recuperar la concentración.

Alejandro vivió un proceso parecido cuando pasó de la escalada al highline. Mientras en la roca siempre existe un punto de apoyo físico, caminar suspendido representa una exposición completamente distinta que, con el tiempo, dejó de interpretarse como miedo. «Lo veo más como emoción que como miedo», contó.
El highline y su relación con la naturaleza
Además de entrenar, quienes practican highline en Hermosillo han construido una comunidad que, desde 2017, se encargan de circular el conocimiento de manera abierta. Muchos de los nuevos integrantes llegan porque un día ven una cinta instalada en un parque y se acercan a preguntar. A partir de esa curiosidad, las personas que se integran comienzan un proceso de aprendizaje que incluye, desde técnicas básicas hasta principios de seguridad e instalación. Para Osmar, esa apertura ha sido fundamental para el crecimiento del deporte.
«La información debe ser libre. Quien quiera hacerlo es bienvenido», afirma al explicar que la comunidad busca compartir experiencias.

Ese mismo espíritu se refleja en la relación que mantienen con el entorno. Cada instalación procura generar el menor impacto posible mediante el uso de anclajes naturales, cuando las condiciones lo permiten, y protectores que evitan dañar los árboles durante el montaje de las líneas.
Además, buscan reducir al mínimo la intervención sobre el paisaje porque consideran que conservar esos espacios es parte del deporte y la única forma de garantizar que otras personas también puedan practicarlos en el futuro.
«El highline ayuda mucho a tener ese sentimiento de pertenencia a la naturaleza. No solamente cuidar la ciudad, sino también valorar y cuidar las locaciones que están alrededor», concluyó Osmar.
Cada proyecto representa una invitación a mirar los cerros con otros ojos y a entender que, detrás de una imagen que parece desafiar el vacío, existe una historia de paciencia, colaboración y respeto por el territorio que rodea a Hermosillo.




.png)


.png)

