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La Baja. Hub internacional del off road del desierto

El equipo del noro recorrió por primera vez Baja California de norte a sur siguiendo una de las carreras de rally más importantes de México: la National Off Road Racing Association. Durante seis días — seis etapas y más de 1,400 millas de carrera— la NORRA atraviesa toda la península, arrancando en Ensenada, Baja California, y terminando en San José del Cabo, en la Baja Sur. En el camino cero contratiempos, la ruta cruza una y otra vez del Pacífico al Mar de Cortés entre montañas, desierto y pueblos aislados.

Más de 230 vehículos participan en la carrera, pero alrededor de ellos también se mueve otro ecosistema entero: mecánicos, chase trucks,(el vehículo de apoyo que persigue y acompaña al carro de carreras durante la carrera. Es como el “equipo de rescate móvil” del piloto) producción, amigos y familias que convierten el recorrido en una expedición colectiva atravesando La Baja.

TODO ARRANCA EN ENSENADA

Desde que llegas, se hace evidente que aquí el rally  ya forma parte del ritmo cotidiano de la ciudad. Trophy trucks (vehículos de carreras diseñados para correr a alta velocidad en terrenos extremos como desierto, piedras y arena) afuera de los hoteles, buggys caminando por el malecón, carros de carrera cargando gasolina junto a camionetas familiares. Todo convive en una misma escena como si el off road hubiera crecido naturalmente dentro de la identidad de Ensenada.

La gente aquí crece viendo las carreras. Lo han vivido durante décadas, y eso terminó por construir una infraestructura completa alrededor del automovilismo off road:talleres especializados, mano de obra técnica, proveedores, logística y una cultura aficionada que entiende a la perfección cómo funciona este mundo.
Con el tiempo, operar desde Baja terminó siendo mucho más eficiente para muchos equipos mexicanos y extranjeros que mover desde otros estados de la República o incluso desde otros países toda la operación de carrera: carros, herramientas, remolques, refacciones y personal cada vez que había competencia. Por eso varios de ellos hoy tienen talleres permanentes o semipermanentes en Ensenada.

Etapa 1: Del pacífico al mar de cortez

Inicia oficialmente la carrera de Ensenada rumbo a San Felipe. Conforme avanzas, la Baja cambia por completo. El Pacífico frío empieza a desaparecer y el paisaje se vuelve más árido, más abierto y más rocoso. Hay momentos donde no ves absolutamente nada alrededor durante kilómetros.

Durante el camino hacíamos pausas para ver pasar el rally. Una experiencia escuchar los motores entre las montañas, ver cómo trabajan las suspensiones sobre la tierra y cómo algunos carros seguían avanzando aún con fallas mecánicas.

También empezamos a entender la dinámica real del off road. Los chase trucks. moviéndose por rutas alternas, equipos completos esperando en pits improvisados en medio del desierto, mecánicos arreglando averías bajo el sol.

Todo pasa rapidísimo. En varias etapas, vimos a pilotos que perdían llantas y su equipo tuvo que meterse al desierto para resolver el problema y lograr terminar la carrera.

Etapa 2: Bahía de Los Ángeles y el valle de los cirios

La ruta hacia Bahía de los Ángeles se siente como entrar a otro planeta. Aquí ya no existe tanto la sensación de “roadtrip”. Más bien parece expedición. Montañas gigantes, mar turquesa y kilómetros de desierto profundo.

Hay tramos donde manejas literalmente junto al mar y de repente aparecen pequeñas comunidades pesqueras con playas irreales. Agua azul turquesa, arena blanca y un cielo despejado.

Pero hubo una parte del recorrido que nos dejó completamente hipnotizados: el Valle de los Cirios.

Los cirios son árboles que solamente crecen en Baja California y una pequeña parte de Sonora. Muchos tienen cientos de años y parecen que salieron de Marte. Platicando entre nosotros alguien dijo que parecían “los vellos saliendo de nariz de la madre naturaleza”.

Y sí.

Tenían algo extraño. Espiritual. Alienígena. La carretera atraviesa montañas de granito mientras estos árboles aparecen por todos lados. Era imposible no quedarse viendo el paisaje en silencio.

Además no había señal.

Y eso hizo toda la diferencia.

 

 

Etapa 3: San Ignacio, un oasis en medio del desierto

Después de muchas horas atravesando el desierto llegamos a San Ignacio. El contraste fue absurdo.

De pronto aparece un oasis real en medio de la nada: palmeras datileras, agua, aves, huertos y una misión jesuita construida en piedra desde 1728.

Acampamos en “Paraíso Misional”, un RV park, y en cuanto nos bajamos del carro se sintió una calma muy fácil de explicar. A GUSTO. Como si el cuerpo automáticamente entendiera que podía descansar.

Etapa 4: Loreto y una baja tropical

La siguiente etapa nos llevó a Loreto. Otra vez cambió todo.

La península empezó a sentirse más tropical, más marina, más montañosa. Seguían apareciendo bahías escondidas con playas de arena blanca y agua turquesa.

De esas donde fácilmente podrías quedarte horas viendo el mar con un bacanora en la mano.

Finalmente llegamos a Loreto, la primera capital de las Californias y uno de los lugares más importantes en la historia de la península. Loreto fue el primer punto desde donde comenzó a construirse la región histórica de “Las Californias”, origen de las Californias de México y Estados Unidos. Se siente histórico y también tranquilo.

Etapa 5: El conejo, punta lobos y el pescadero

Después seguimos rumbo a La Paz y, posteriormente, hacia San José del Cabo.

En el camino hicimos una parada en Playa El Conejo, uno de los puntos por donde cruzaba el rally.

Llegar ahí fue toda una experiencia. Entramos por caminos rodeados de matorrales y sahuaros gigantes hasta llegar a un paisaje completamente abierto.

Ahí estaba: el Pacífico. Fuerte, salvaje.Viento duro, mar moviéndose sin parar y una sensación espacial de inmensidad.

Más adelante, paramos en Punta Lobos, en Todos Santos, donde hay una comunidad de pescadores que para salir al mar, sus pangas deben cruzar las fuertes olas del Pacífico ayudándose entre sí con cuerdas. Una muestra real de colaboración y comunidad en acción.

Casi terminando el recorrido llegamos a El Pescadero. Probablemente uno de los lugares culturalmente más interesantes de la Baja ahorita mismo. Agricultura, surf, skate, gastronomía y comunidad creativa coexistiendo en el mismo espacio.Ahí conocimos el legendario bowl de skate “El Pescadero”. Un bowl nacido desde la comunidad y muy influenciado por la cultura skate de California: San Diego, Venice, Los Ángeles. A un lado estaba  Baja Beans Coffee Roasters, una tostadora y cafetería de especialidad de la Baja.

Después de varios días atravesando la península de Baja California —y de parar a comer mariscos frescos en restaurantes locales con muchísima identidad— pudimos ver que el off road es parte de la cultura en la Baja.

 

En cada lugar que llegábamos, los niños corrían detrás de los carros participantes que, mientras estacionaban en las plazas de los pueblos, se acercaban repitiendo sin parar “¡Stickers! ¡Stickers!” Coleccionando esta especie de insignias culturales de los racing Teams que recorren el desierto y que puedes encontrar en gasolineras, tiendas y restaurantes.




En Baja California el off road se convirtió en una fuerza cultural y económica que conecta comunidades, activa la región y está construyendo una nueva identidad del noroeste de México.

Fotografía: Norberto Larrinaga – Gerardo Vargas – Miguel Franco
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