Sin experiencia en remo y con empaques compostables, un equipo de cuatro mujeres mexicanas cruzó 4,800 kilómetros de océano Atlántico en 45 días.
Ninguna sabía remar cuando comenzaron, y aun así pusieron rumbo a 4,800 kilómetros de océano abierto. El 12 de diciembre de 2025, Eugenia Méndez, Ana Lucía Valencia, Lucila Muriel y Andrea Gutiérrez salieron de San Sebastián de La Gomera, en las Islas Canarias, con destino a Antigua y Barbuda, en el Caribe.
Doce horas de remo al día por cuarenta y cinco días después, Oceanida se convirtió en el primer equipo de mujeres latinoamericanas en cruzar el océano Atlántico a remo.

El cruce que se impulsó desde tierra
El proyecto arrancó en 2022. Antes de tener la embarcación, el equipo hizo expediciones en kayak de cinco y siete días para entrenar la parte física, la mental y el trabajo en equipo. La chalupa llegó en 2023, pero la convicción y disciplina ya estaban ahí para propulsar el viaje.
Cuando entró el primer patrocinio, todo cambió. "Fue la primera realización de decir: ya no hay vuelta atrás. Ya entró dinero y tenemos una responsabilidad", comentó Eugenia Méndez, parte del equipo de remistas.
Cruzar sin plásticos de un solo uso y con una desalinizadora para producir su propia agua hizo el proyecto más difícil. Investigaron proveedores, probaron recetas y calcularon 4,000 calorías diarias por persona —el promedio es de 2,000—. Se aliaron con Tentepiko, empresa mexicana de alimentos deshidratados en empaques compostables, y con Farm to Summit, otra empresa dedicada a elaborar alimentos con productos reciclados. Cerca de 50 marcas se subieron al barco para navegar entre patrocinios económicos y en especie.
"Si no lo hacemos de esta forma, no lo hacemos", finalizó Eugenia. Pero el compromiso ambiental no era un valor agregado, era la condición para hacer la travesía.
Detrás del remo había un propósito declarado: cruzar un océano para visibilizar a mujeres fuertes, resilientes y libres. En México, donde las restricciones sociales sobre las mujeres persisten, Oceanida eligió el Atlántico como su respuesta.

Lo que el mar no perdona y lo que regala
Los primeros diez días fueron los más difíciles. Andrea tuvo dolor de rodilla durante diez días y sin poder dormir. Las llagas por la humedad constante solo se curaban con la piel seca, algo casi imposible en altama. Descanso: de hora y media por turno.
"Para mí se complicó más lo psicológico que lo físico", comentó la remista Andrea Gutiérrez. "En tus momentos más bajos, la única forma de continuar era decirte: si quiero llegar será remando, pues seguiré remando." mencionó.
Lucila Muriel, en esos momentos, se sentaba frente a ella. Respiraban juntas, lloraban y seguían.
El mar también enseñó a otra velocidad. "Me está costando mucho regresar a este ritmo", dijo Lucila Muriel al llegar a tierra. "Extraño esa manera de ir a la velocidad del ser humano, de avanzar con la naturaleza. Esa manera de ir lento que te enseñaba a estar presente."
Para Navidad, Andrea llevó sombreritos navideños de colores para celebrar, aquel gesto sirvió para romper un poco la monotonía, que en el altamar, los días parecían casi igual.

"Cuando cruzamos la línea y fue como: pues creo que ya llegamos", comentó Eugenia. "Es una sensación agridulce. Por un lado no puedes creer que lo lograste y por el otro, ya no vas a vivir esto más días. Ya se acabó.", reiteró.
La travesía, organizada por Atlantic Campaigns dentro de la competencia World’s Toughest Row, inició el 12 de diciembre de 2025 y terminó el 28 de enero de 2026: 45 días, una hora y treinta y cinco minutos de remo. A su llegada a Antigua y Barbuda, familiares y seguidores las recibieron con aplausos, banderas y abrazos. El equipo tardó en entender qué era todo ese ruido.

Oceanida no terminó con el cruce. El equipo es hoy una asociación civil con dos colaboraciones activas. El Fondo Guadalupe Musalem, en Oaxaca, apoya el desarrollo y la educación de mujeres y niñas en comunidades indígenas. Las Sirenas de Natividad son un grupo de cinco mujeres en Isla Natividad, Baja California Sur, que abren espacios laborales para las mujeres en el sector pesquero y encabezan proyectos de conservación marina mediante buceo científico.
Oceanida prepara una donación para ambas organizaciones, trabaja en definir cómo y dónde irán los recursos, y alista un documental.
"Remar por ti cuando tú no puedes", fue lo que le dejó a Lucila haber atravesado el océano con las otras tres compañeras.




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