Cristina Solano Díaz, una mujer mixteca que transforma barreras lingüísticas en puentes hacia la justicia, la salud y la dignidad


Daniela Valenzuela / NORO
En los campos agrícolas de San Quintín, Baja California, donde las mujeres indígenas enfrentan jornadas extenuantes, condiciones precarias y constantes violencias, la palabra puede convertirse en una herramienta de salvación.
Cristina Solano Díaz lo sabe muy bien. Ella es una mujer mixteca que ha dedicado su vida a interpretar y traducir entre su lengua materna, el tu’un savi, y el español, para que cientos de jornaleras indígenas tengan acceso a servicios de salud, educación y justicia.
Su labor, invisible para muchos, es fundamental para garantizar los derechos humanos de una población que históricamente ha sido excluida.

Cristina no solo traduce palabras: interpreta contextos, emociones, silencios. En comunidades donde muchas mujeres no hablan español y desconocen sus derechos, su presencia significa la diferencia entre el abandono y la atención, entre la impunidad y el acompañamiento.
Con más de una década de experiencia, ha colaborado con instituciones públicas y organizaciones sociales, denunciando que la falta de traductores e intérpretes indígenas perpetúa el ciclo de discriminación y desprotección hacia los pueblos originarios en México.
De la tierra al micrófono: una vida al servicio de su lengua y su gente

Cristina Solano nació en el pueblo mixteco de Santa María Yucuhiti, Oaxaca. Su historia, como la de muchas mujeres indígenas, comenzó en medio de la migración.
Siendo niña, su familia se trasladó a Baja California en busca de mejores condiciones de vida. Ahí, desde muy joven, experimentó la dificultad de vivir entre dos mundos lingüísticos: el de su lengua originaria y el del español.


A los 18 años comenzó a trabajar como intérprete voluntaria en hospitales y juzgados de la región. Sin formación técnica, pero con profundo conocimiento de su lengua y un genuino compromiso con su comunidad, pronto se convirtió en un puente necesario.
Más adelante, recibió capacitación especializada por parte de instituciones como el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), lo que fortaleció su práctica y profesionalismo.

Hoy, además de su labor en campo, es una activista que ha participado en programas de televisión, conversatorios y redes sociales, donde visibiliza el valor de las lenguas originarias y la urgencia de que el Estado garantice intérpretes certificados en contextos donde los pueblos indígenas requieren atención.
En su cuenta de Instagram, comparte reflexiones, experiencias y recursos para fortalecer el orgullo por la identidad mixteca y fomentar el respeto intercultural.
Barreras estructurales: racismo, precariedad y falta de reconocimiento


Aunque su trabajo es esencial, Cristina ha tenido que enfrentar múltiples obstáculos. El primero de ellos es el racismo. En muchas instituciones donde ha acompañado a mujeres indígenas, ha sido testigo del trato discriminatorio hacia quienes no hablan español o visten de forma tradicional.
Otro reto ha sido la precariedad económica. A pesar de que su labor es vital para garantizar derechos fundamentales, la mayoría de sus trabajos como intérprete han sido voluntarios o con remuneraciones simbólicas.
La falta de plazas oficiales para traductores indígenas en el sistema de salud, justicia y educación limita su capacidad de brindar apoyo constante.

Además, la falta de políticas públicas que impulsen la formación de nuevos intérpretes indígenas agrava el problema. En estados como Baja California, donde viven miles de personas de pueblos originarios como los mixtecos, triquis o zapotecos, es común que quienes no hablan español se enfrenten a situaciones donde no entienden un diagnóstico médico, un proceso judicial o una instrucción escolar.
A pesar de estos desafíos, Cristina sigue adelante. Su convicción nace del amor por su cultura, por su lengua y por las mujeres que, como ella, han recorrido largas distancias cargando historias de migración, trabajo y resistencia.


Hoy, Cristina Solano Díaz es una figura clave en la defensa de los derechos lingüísticos en México. Su ejemplo recuerda que el acceso a la justicia no puede estar condicionado por el idioma, y que sin intérpretes indígenas, no hay inclusión real.
Con información de El Sol de Tijuana y Cimac Noticias.




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