De Durango para el mundo: Diana de la Paz ha llevado su arte e inspiración más allá de fronteras, tomando como base la riqueza de sus raíces indígenas. A través de su creatividad, ha transformado sus diseños en una expresión viva de identidad, tradición y orgullo cultural

Daniela Valenzuela / NORO
Desde Durango hasta las pasarelas de diseño, Diana de la Paz Coria, joven diseñadora de modas e integrante del pueblo indígena O’dam o Tepehuanos del Sur, ha decidido honrar sus raíces a través de su trabajo creativo.
Con apenas unos meses de haberse graduado en diciembre de 2024, Diana ya perfila un camino prometedor, donde su identidad cultural no es solo una inspiración, sino el alma de sus colecciones.
Diana de la Paz: una infancia entre cambios y naturaleza



La infancia de Diana de la Paz estuvo marcada por constantes mudanzas. Sus padres, ambos maestros de primaria, eran enviados de un pueblo a otro, llevando a la familia por distintos rincones de Durango.
Lejos de percibir estos cambios como un obstáculo, Diana atesora esos años con afecto: “Siento que tuve una infancia muy feliz, muy amena… me la pasé mucho tiempo en el campo, corriendo y jugando”, comparte para NORO.
Esa conexión con la tierra y la necesidad de adaptarse a distintos entornos son elementos que hoy se reflejan con fuerza en su sensibilidad como diseñadora. La cercanía con su cultura O’dam también fue decisiva en su formación creativa.

Aunque su vida transcurrió en constante movimiento, las enseñanzas de su comunidad siempre estuvieron presentes.
“Me inspiré mucho en el diseño de los trajes típicos”, explica Diana, evocando con cariño la imagen de su bisabuela Francisca, quien solía vestir con ropa tradicional y se convirtió en su primera musa.
Hoy, Diana puede hablar con orgullo de su identidad y sus logros, pero el camino no ha sido fácil. Estudió la licenciatura en diseño en modalidad ejecutiva, asistiendo a clases únicamente los sábados, lo que implicaba un gran esfuerzo adicional: “Tener que retener toda esa información, llevársela uno a su casa y tener que practicar”.

Para sostenerse, trabajó como mesera y emprendió un pequeño negocio de arreglos de costura. “Creo que mi mayor reto fue aprender por mi cuenta”, reconoce.
Esos desafíos, sin embargo, templaron su carácter y consolidaron su pasión por la moda. Actualmente, Diana lidera dos marcas, una de ellas enfocada en reinterpretar su herencia cultural. Desde ahí, construye una propuesta que honra el pasado sin perder de vista el futuro, apostando por el poder de las historias bien contadas y el arte de transformar identidad en diseño.
El homenaje a su bisabuela que se transformó en colección

Para su pasarela de graduación, Diana tomó una decisión profunda: rendir homenaje a su bisabuela Francisca, una mujer que dejó una huella imborrable en su familia.
«Sentía que tenía que hacer algo para que la recordaran de otra manera«, dice. Así, empezó un proceso de investigación que la llevó a eventos tradicionales como el «correr el alma», ritual que acompaña a las personas que fallecen en su comunidad.
La creación de la colección fue un proceso tanto artístico como espiritual. «Cada proceso lo disfrutaba muchísimo… era descubrir algo más de ella, cosas que a lo mejor yo no sabía», relata.

Diana no solo buscó replicar trajes típicos, sino capturar la esencia de su bisabuela: su estilo personal que combinaba prendas tradicionales con toques contemporáneos, como sudaderas y gorras.
El resultado fue una pasarela llena de emociones, donde Diana logró transmitir su historia y la de su linaje. «Fue una explosión de emociones… a la gente le gustó mucho, me aplaudieron, me felicitaron», recuerda emocionada.
Tejer tradición e innovación: el sello de su propuesta

Crear piezas que respeten la tradición pero hablen en un lenguaje contemporáneo ha sido uno de los mayores retos para Diana.
Durante el proceso creativo, trabajó cuidadosamente la elección de textiles y colores. «Me recomendaron utilizar textiles que se vieran tradicionales, como el lino, pero terminé usando uno similar», detalla.
El color principal de su colección, un tono beige tierra, buscaba evocar la conexión con la naturaleza, mientras que los detalles en verde y los adornos en fieltro le daban frescura y originalidad.


Usar fieltro en vez de bordados tradicionales fue un riesgo: «Las personas a las que les platicaba me decían que era muy arriesgado… pero ni modo, así lo voy a hacer», comenta entre risas.
Esta decisión no solo le permitió innovar, sino también aligerar las piezas para hacerlas más dinámicas en la pasarela.
Diana también reflexiona sobre lo que representa ser mujer indígena en el mundo de la moda: «Me ha dado mucho valor como diseñadora de modas… siento que lo más resaltante es enseñarle a las personas que yo represento esta cultura y que tengo una nueva visión». Para ella, no se trata solo de diseñar ropa, sino de contar su propia historia y fortalecer su identidad.

Hoy en día, Diana de la Paz continúa diseñando con el firme propósito de poner en alto no solo el nombre de Durango, sino también el de su comunidad indígena O’dam, que ha sido su raíz, su motor y su inspiración más profunda.
A través de cada prenda, busca rendir homenaje a la historia que la formó, a las enseñanzas heredadas y, especialmente, a la figura entrañable de su bisabuela Francisca, quien con su presencia fuerte y serena, siempre vestida con trajes tradicionales, sembró en ella la semilla de la creatividad.




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