Cada vez más personas adoptan un hobbie manual como forma de desconectarse del celular y convivir sin pantallas en cafés y talleres locales.
Ricardo Amador/NORO
En Hermosillo, espacios como Chapucero Café, Híbrido Hub y ArtLab registran un creciente interés por hobbies manuales que permiten a la gente desconectarse del celular y convivir cara a cara.
Sus fundadores señalan que, en los últimos años, más jóvenes buscan momentos de pausa para enfocarse en juegos de mesa, talleres gastronómicos o pintura. El fenómeno genera nuevas dinámicas sociales y una oferta cultural centrada en experiencias presenciales.

En distintas partes de la ciudad, cafés y talleres se llenan cada semana de jóvenes y adultos que buscan desconectarse de la vida digital para dedicar unas horas un hobbie que realizan con sus propias manos.
Este movimiento no surge de una campaña ni de una tendencia viral. Según los encargados de estos espacios, nace de una necesidad emocional acumulada. Tras años de hiperconexión, muchas personas descubren que necesitan actividades tangibles, presenciales y simples para sentirse mejor. En ese contexto, los hobbies manuales ofrecen una pausa que no depende de pantallas ni algoritmos.
ArtLab: pintar para volver al aquí y al ahora
ArtLab, dirigido por el artista y gestor cultural Miguel Ángel Yepson, ofrece talleres breves de pintura y escultura en un ambiente accesible y relajado. Su misión es acercar el arte a personas sin experiencia previa y crear un espacio donde la creatividad sea una herramienta de bienestar.
Yepson observa que los jóvenes, especialmente quienes han crecido en un entorno digital, sienten una fuerte atracción por actividades manuales que nunca habían experimentado.

“En cuanto ponen una referencia para ponerse a pintar, ahí se olvidan (del celular). Después lo retoman a la hora de que terminan, a la hora también de documentar el proceso”, comentó.
Para él, el valor del taller está en la presencia total que demanda la creación artística.
“Yo diría que principalmente el estar en el aquí y en el ahora. El estar aquí conectado con un material, dándole plasticidad a una materia, te fuerza a estar en el presente, a no estar en otro momento más que tú contra esa materia”,añadió.
Además de la desconexión, ArtLab se ha convertido en un refugio, especialmente para mujeres, que constituyen la gran mayoría de su clientela.

“Considero que es muy importante destacar que el 98% de nuestro mercado, de nuestros clientes son mujeres. Para muchas de las personas que vienen aquí es un espacio seguro, un espacio de paz y un espacio donde se sienten como en casa”, agregó.
El auge de estas actividades también ha permitido rescatar técnicas artísticas que antes parecían relegadas en la educación formal, demostrando que las habilidades manuales siguen siendo una vía de expresión y encuentro.
Chapucero Café: risas, cartas y atención plena
Cuando Mariana Gaxiola y Joey Ulloa abrieron Chapucero Café, su intención no era crear un negocio basado en la nostalgia, más bien, querían compartir una parte importante de su historia personal. Se conocieron en una noche de juegos entre amigos y, desde entonces, los juegos de mesa formaron parte de su relación. Abrir un café donde otros pudieran vivir ese mismo ambiente les pareció natural.
Mariana explica que casi todos los clientes dejan su celular a un lado sin que nadie se los pida.

“La verdad un 90% de la gente que viene se olvida del celular. Lo único para lo que lo sacan es para tomarle foto al juego o al cafecito. Son dos o tres horas en las que la gente de verdad viene a desconectarse totalmente y enfocarse en jugar”.
Esa desconexión se convierte en un ambiente contagioso, y Joey describe cómo cambia la energía de la gente cuando comienza una partida.
“Aquí la gente viene a pasársela bien. Puede haber tenido un día estresado, pero en cuanto empiezan a jugar como que sueltan el cuerpo. Todo es risa, conversación, estrategias. El mismo juego los obliga a desconectarse del exterior y a conectarse con quien tienen enfrente”.

En Chapucero Café, desconectarse no es una regla, sino una consecuencia natural del juego. La gente se involucra tanto en la dinámica que el celular deja de ser una prioridad.
Con una ludoteca que supera los 120 títulos, Chapucero ofrece una experiencia distinta a la de una cafetería tradicional. La sorpresa de los visitantes al descubrir la variedad de juegos es constante, y la razón por la que deciden dejar de lado su celular para entrarle de lleno a su hobbie.
Híbrido: cocinar como forma de conversación y autocuidado
Híbrido Hub de experiencias construyó una propuesta distinta pero basada en la misma premisa: los hobbies como una vía para reconectar con otros. Uno de sus fundadores, el sommelier Carlos Minjárez, explica que el lugar no es un bar ni un restaurante, sino un espacio donde las personas pueden aprender algo nuevo mientras conviven.
“El tener un hobby en general es algo que personalmente recomendamos mucho porque es una forma de desconectarse un poquito del día a día, una forma de convivir con más gente, de interactuar”, comentó Carlos.

Los talleres de pasta, vino y coctelería se han convertido en espacios donde la conversación fluye de manera natural, incluso entre desconocidos. Carlos subraya que la conexión presencial tiene un impacto distinto al de la interacción digital.
“Es muy diferente el tener un vínculo o relacionarse con alguien a través de una pantalla que estando aquí, viéndose cara a cara y compartiendo un mismo interés”, compartió.
Aunque algunos asistentes llegan con intención de grabar contenido para redes, el propio proceso manual termina absorbiéndolos.

“Por más que intentan ponerse a grabar y a subir historias y todo, al final de cuentas van a tener las manos muy ocupadas, entonces terminan rindiéndose, dejándolo un rato ahí al lado y dejándose absorber por la dinámica y por el contexto”, compartió.
El resultado es un entorno donde aprender algo desde cero: amasar, catar o mezclar se convierte en una experiencia de autocuidado y socialización.
Una desconexión que sucede sin pedirla
Aunque cada espacio ofrece una experiencia distinta, los tres comparten la misma conclusión: cuando las personas usan las manos para jugar, cocinar o pintar, el celular deja de ser protagonista y aparece una forma de convivencia más lenta y significativa. La desconexión no se logra por obligación, sino porque la actividad requiere presencia.

Los fundadores coinciden en que la gente parece buscar, de manera instintiva, experiencias que los devuelvan al presente. Para algunos es un ritual semanal; para otros, una oportunidad para descubrir talentos o para conectar con extraños que comparten un interés común. En todos los casos, la pausa digital se convierte en una fuente de bienestar emocional.

Este fenómeno también revela un cambio generacional. Quienes crecieron rodeados de tecnología encuentran en los hobbies manuales algo que nunca tuvieron: una actividad que no depende de la inmediatez digital. La experiencia se vuelve más valiosa por ser tangible, lenta y compartida.










