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Donas Godínez: sabor y tradición con más de 40 años

Donas Godínez: sabor y tradición con más de 40 años

En Hermosillo, las Donas Godínez son un ejemplo de un negocio familiar de éxito. Aquí compartimos la historia contada por su fundador 

En Hermosillo hay un sabor en particular que ha seguido vivo por más de 40 años. Para quienes asistieron a la escuela primaria en los 80, 90 y 2000, volver a probarlo es regresar en el tiempo a los recreos, a esos momentos en los que todo se calmaba y solo existía el sabor dulce y suave de una dona. Pero no cualquier dona, sino una de las Donas Godínez.

Donas Godínez: sabor y tradición con más de 40 años
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

En la actualidad, estas donas ya no se venden en las escuelas, pero aparecen por montones en cajas de cartón en oficinas, eventos sociales y casas de toda la ciudad. Con el paso de los años, las Donas Godínez se han convertido en uno de los sabores icónicos de Hermosillo. Pero para la familia a cargo de esta empresa, actualmente encabezada por Don Eleno Godínez Velasco, es una tradición y un legado que esperan siga por más décadas.

¿Cómo iniciaron las Donas Godínez de Hermosillo?

El origen de esta panadería en la capital sonorense se remonta al inicio de la década de los 80, cuando el señor Marcelino Godínez García, mejor conocido como “El Plateado”, empezó a vender pan en la colonia Balderrama junto a sus hijos, a quienes enseñó la profesión de panaderos.

La familia Godínez había llegado de Jalisco en la década de 1970, cuando Don Eleno solo tenía 11 años, y se instalaron en Guaymas, donde el señor Marcelino puso la primera panadería.

Hay sabores que permanecen grabados en la mente desde la infancia; sin embargo, en muchos casos, estos solo se quedan en un recuerdo y, con algo de suerte, se puede llegar a probar algo parecido, pero nunca igual. En Hermosillo, hay un sabor en particular que ha seguido vivo por más de 40 años. Para quienes asistieron a la escuela primaria en los 80, 90 y 2000, volver a probarlo es regresar en el tiempo a los recreos, a esos momentos en los que todo se calmaba y solo existía el sabor dulce y suave de una dona. Pero no cualquier dona, sino una de las Donas Godínez.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

“Las donas las empezaron a hacer mi papá y mi hermano Agustín. Mi hermano Luis las entregaba en las tiendas y en una ocasión le quedaron muchas, se acercó a una escuela y ahí las terminó de vender. Así fue como se fueron haciendo escolares. Teníamos solo dos triciclos en aquel tiempo”, recordó Don Eleno Godínez en entrevista con NORO.

El inicio y fin de la época de oro de las Donas Godínez

Eleno Godínez, hijo mayor de Marcelino, aunque aprendió a hacer pan con solo ocho años, confesó que no le gustaba ser panadero e incluso se le escondía a su papá cuando llegaba la hora de trabajar. Ya un poco mayor, Eleno Godínez buscó su lugar en otras profesiones como la pesca, el comercio e incluso cursó la carrera de Ingeniería Civil, la cual dejó al sexto semestre cuando tenía 24 años para casarse, y fue entonces que entró de lleno al negocio de las Donas Godínez.

En la actualidad, estas donas ya no se venden en las escuelas, pero aparecen por montones en cajas de cartón en oficinas, eventos sociales y casas de toda la ciudad. Con el paso de los años, las Donas Godínez se han convertido en uno de los sabores icónicos de Hermosillo. Pero para la familia a cargo de esta empresa, actualmente encabezada por Don Eleno Godínez Velasco, es una tradición y un legado que esperan siga por más décadas.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

“En los 80 y 90, nosotros lo llamamos una época de oro, como dicen los artistas. Hacíamos tantas donas que no dábamos abasto en las escuelas. Había veces que empezábamos a la 1:00 a.m. para entregarlas calientitas en la mañana”, contó Don Eleno Godínez, quien recuerda que surtían de donas aproximadamente al 60% de las escuelas que existían en Hermosillo en aquel entonces.

El fin de esta época, sin embargo, llegaría con el nuevo milenio, cuando los espacios para ofrecer alimentos y bebidas a los niños empezaron a ser arrendados a particulares. “Pagaban una renta y nuestras donas empezaron a declinar porque ellos vendían cosas que más ganancias les dejaban”, recordó Don Eleno Godínez.

El origen de esta panadería en la capital sonorense se remonta al inicio de la década de los 80, cuando el señor Marcelino Godínez García, mejor conocido como “El Plateado”, empezó a vender pan en la colonia Balderrama junto a sus hijos, a quienes enseñó la profesión de panaderos. La familia Godínez había llegado de Jalisco en la década de 1970, cuando Don Eleno solo tenía 11 años, y se instalaron en Guaymas, donde el señor Marcelino puso la primera panadería.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

Entre los productos que empezaron a formar parte de la dieta matutina de los estudiantes estaban las salsas picantes y el chamoy para aderezar la distinta variedad de botanas que se ofrecía en estos espacios. Además, aparecieron las sopas instantáneas y otros productos ultraprocesados que trajeron consigo una oleada de enfermedades en la infancia, según contó Don Eleno.

Para agosto de 2010, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria Estrategia contra el Sobrepeso y la Obesidad, en el que se dictaban los lineamientos generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar de los planteles de educación básica. Fue entonces cuando la época de oro de las Donas Godínez en las escuelas se terminó y cada uno de los hijos de Don Marcelino siguió su camino.

“Las donas las empezaron a hacer mi papá y mi hermano Agustín. Mi hermano Luis las entregaba en las tiendas y en una ocasión le quedaron muchas, se acercó a una escuela y ahí las terminó de vender. Así fue como se fueron haciendo escolares, teníamos solo dos triciclos en aquel tiempo”, recordó Don Eleno Godínez en entrevista con NORO.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

“Yo ahí busqué mil formas de cómo hacerle para poder sobrevivir porque las donas eran muy pocas las que hacíamos. Se me ocurrió vender de una en una y al que llevara de 12 en adelante les daba el precio de mayoreo que le daba a las escuelas. Me puse a volantear en los cruceros cercanos. Empezábamos de las 6:00 p.m. a las 10:00 p.m. y una hora antes iba a volantear y se quedaba aquí mi papá empezando producción, eso lo hice durante aproximadamente tres años”, relató Eleno.

El nuevo “boom” de las Donas Godínez

Don Eleno Godínez es un hombre de dichos y uno que en su vida ha demostrado ser cierto es que “no hay mal que por bien no venga”, pues después de dejar de distribuir en escuelas, las Donas Godínez volvieron a su segunda época dorada. El nuevo boom llegó cuando el periodista sonorense Fano Campoy probó las Donas Godínez y días después se acercó la también comunicadora, Cynthia del Villar, para hacer un reportaje sobre el negocio familiar que se transmitió al aire en el programa de Campoy.

Eleno Godínez, hijo mayor de Marcelino, aunque aprendió a hacer pan con solo ocho años, confesó que no le gustaba ser panadero e incluso se le escondía a su papá cuando llegaba la hora de trabajar. Ya un poco mayor, Eleno Godínez buscó su lugar en otras profesiones como la pesca, el comercio e incluso cursó la carrera de Ingeniería Civil, la cual dejó al sexto semestre cuando tenía 24 años para casarse, y fue entonces que entró de lleno al negocio de las Donas Godínez.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

“Fue una locura”, contó Don Eleno Godínez. Después de esta promoción en televisión local, los clientes empezaron a llegar a la panadería casi en grupos: “Se me acabaron hasta las cajas. En aquel tiempo las despachamos en unas cajitas cerveceras y tuve que salir a los expendios cercanos a recoger cajas para salir el día”, contó entre risas, recordando aquel momento en el que inició lo que se convertiría en un fenómeno.

“Mi hija hizo una página de Facebook y ¡mamacita querida! se me vino más gente todavía. En aquel tiempo empezaban las selfies y se tomaban las fotos comiéndose las donas y directo a Facebook. Se hizo un escándalo y no me daba abasto”, dijo Eleno. Fue así como las Donas Godínez empezaron a ser populares entre los hermosillenses nuevamente, esta vez gracias a las redes sociales y a la gente que, al compartir su experiencia, invitaba a más personas a probar las famosas donas.

“En los 80 y 90, nosotros lo llamamos una época de oro, como dicen los artistas. Hacíamos tantas donas que no dábamos abasto en las escuelas. Había veces que empezábamos a la 1:00 a.m. para entregarlas calientitas en la mañana”, contó Don Eleno Godínez, quien recuerda que surtían de donas aproximadamente al 60% de las escuelas que existían en Hermosillo en aquel entonces.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

Pero no todo fue fácil. El aumento en la demanda llevó a Don Eleno y su equipo a trabajar horas extras, a perfeccionar su proceso de producción y a ampliar su espacio de trabajo, cada acción, mueble de operación y herramientas creadas exclusivamente para la elaboración de las donas. 

“Es algo que, nada más porque lo hice, lo creo. No me imagino cómo lo logré. En la mañana, yo era ingeniero, electricista, carpintero; a las 12:00 del día, estaba recogiendo escombros, barriendo y trapeando. Para las 3:00 de la tarde, empezaba con las donas”, relató don Eleno. En aquel entonces, levantó la panadería con ayuda de un yesero de la colonia y un jornalero que le ayudaba cuando vendía frutas y vegetales en la temporada baja de la panadería.

El futuro de las Donas Godínez

La panadería ha alcanzado gran popularidad en los últimos años; incluso quienes viven lejos de la sucursal, ubicada en la calle República de Cuba, entre las avenidas Guadalajara y Tepic, recorren largas distancias para llevarse más de una docena de donas. El negocio creció, y la familia empezó a ofrecer servicios a domicilio para casas, oficinas y eventos de todo tipo. Sin embargo, con el tiempo tuvieron que limitar ciertas acciones para no perder la calidad y el servicio que los caracteriza.

El fin de esta época, sin embargo, llegaría con el nuevo milenio, cuando los espacios para ofrecer alimentos y bebidas a los niños empezaron a ser arrendados a particulares. "Pagaban una renta y nuestras donas empezaron a declinar porque ellos vendían cosas que más ganancias les dejaban", recordó Don Eleno Godínez.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

Don Eleno ha pasado la carga de trabajo a la tercera generación de la familia Godínez: sus hijos Miroslava, Gustavo y Darlen. Aunque realizaron sus carreras universitarias y ejercieron, siguen en el negocio de la familia. “Yo crecí a la antigua con mi papá, siendo el famoso todólogo. Algo que se me hizo muy complicado fue delegar, pero ya mi hijo es el jefe de producción y hay un muchacho que le sigue”, mencionó.

Gustavo Godínez contó que todo cambió después del segundo auge de las Donas Godínez. En ese entonces, él y sus hermanas vieron que la panadería era el futuro de la familia. “A cualquier empresa le puedes dedicar 10, 20 o 30 años y nunca saber cuándo será tu último día. Aquí le dedicas todo, te pones la camiseta y sabes que el fruto va a ser para ti y para la familia”, mencionó el joven.

Entre los productos que empezaron a formar parte de la dieta matutina de los estudiantes estaban las salsas picantes y el chamoy para aderezar la distinta variedad de botanas que se ofrecía en estos espacios. Además, aparecieron las sopas instantáneas y otros productos ultraprocesados que trajeron consigo una oleada de enfermedades en la infancia, según contó Don Eleno.
Crédito: Ramses Baduqui | NORO

Por su parte, Don Eleno espera que su familia se mantenga sana, ya que reconoce el estrés que se vive en los negocios de este tipo y lo mucho que puede afectar la salud física y emocional. “Todo Hermosillo habla de las Donas Godínez, y hay un terreno muy amplio para crecer… Yo no soy tan grande, pero mi visión es grande. Desearía que terminaran lo que empecé, pero primeramente que la salud la mantengan, porque el estrés es algo desgarrador”, mencionó a sus 64 años.

En cuanto a las Donas Godínez, solo la familia sabe cuántas salen al día, pues la cantidad varía dependiendo de muchas variables. Don Eleno dice que él ya no cuenta; lo importante es que las bandejas siempre estén llenas de donas calientes para la gente.

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