Los hogares mexicanos destinan entre 26% y 35% de su presupuesto de la quincena a gastos en el súper. La digitalización del súper reconfigura dónde y cómo circula ese dinero.
La mayor parte de los gastos del hogar en México se concentran en la alimentación. De acuerdo con la ENIGH 2024 del INEGI, el gasto corriente monetario promedio mensual es de $15,891 pesos, y entre $4,000 y $5,500 se destinan a alimentos y bebidas.
Esa proporción equivale a entre 26% y 35% del presupuesto, según el nivel de ingreso. Por su importancia económica y frecuencia, la compra del “súper” se convierte en el espacio donde se organiza buena parte de la quincena.
¿Cómo gastan los hogares mexicanos?
La ENIGH muestra que ningún otro rubro combina una proporción tan alta del presupuesto con una frecuencia de compra tan constante como el supermercado. Vivienda y servicios absorben entre 20% y 25% del gasto, mientras que transporte representa entre 10% y 15%. Sin embargo, estos pagos suelen concentrarse en momentos específicos del mes.

En cambio, los gastos relacionados con el súper se distribuyen a lo largo de la quincena o la semana. Es un desembolso recurrente y difícil de posponer, y a diferencia de otros consumos, la compra de alimentos no puede aplazarse indefinidamente ni reducirse sin afectar la dinámica cotidiana del hogar.
La presión es mayor en los hogares de menores ingresos. En el decil más bajo, la proporción destinada a alimentos es más alta que en el decil superior. Esto significa que el súper ocupa un lugar aún más central en la economía de las familias con menos margen de maniobra.
El ritmo de la quincena en los hogares mexicanos
La frecuencia es un factor determinante, por ejemplo, la renta se paga una vez al mes, y otros servicios siguen el mismo patrón. El transporte es constante, pero representa una fracción menor del presupuesto total. El súper, en cambio, combina volumen y recurrencia.
Cada visita implica una interacción directa con el dinero: efectivo, tarjeta de débito, crédito o pagos digitales. Esa repetición convierte al súper en un punto estable del flujo financiero del hogar.
Cuando esos gastos migran al entorno digital, el carrito deja de ser únicamente un espacio físico. Se convierte también en un canal de pagos y en una fuente de información sobre hábitos de consumo.
El pasillo del súper también es digital
Durante la pandemia, el súper en línea y los servicios de entrega crecieron más rápido de lo que se tenía previsto. Plataformas digitales, aplicaciones de reparto y cadenas tradicionales ampliaron sus operaciones para atender una demanda extraordinaria.
Con el tiempo, el sector entró en una etapa de ajuste: los costos logísticos, la competencia y la normalización del consumo obligaron a varios modelos a ajustar su escala. Aun así, el comercio electrónico minorista mantiene un crecimiento importante, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), y las ventas digitales siguen ganando peso dentro del total del retail.

En este contexto de ajuste y redefinición del delivery de súper, estas plataformas funcionan como infraestructura económica cotidiana: espacios donde se cruzan consumo, logística y datos sobre los gastos del hogar.
La expansión, sin embargo, no ha sido homogénea. El acceso al súper digital depende de la ciudad, la infraestructura logística y el nivel socioeconómico. En muchas regiones, el supermercado físico sigue siendo el principal punto donde se ejecutan los gastos del hogar. Sin embargo, queda claro que el canal online no sustituyó al supermercado físico, sino que lo complementó.

Hoy, el carrito, físico o digital, se consolida como un nodo relevante de flujo de dinero en los hogares mexicanos.
Fuentes: ENIGH, Asociación Mexicana de Venta Online




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