Aunque 76% de los adultos tiene al menos una cuenta bancaria, para una gran parte de la población, las decisiones sobre qué pasa con su dinero ocurren fuera del sistema bancario oficial.
Por NORO
Ocho de cada diez personas en México están dentro de la formalización económica con al menos un producto financiero, y esta es la cifra más alta alcanzada en la historia de México según datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024.
Sin embargo, tener una cuenta bancaria no significa que el dinero de una persona circule exclusivamente por el banco. En la práctica, muchas decisiones financieras como ahorrar, pagar, prestar o pedir prestado se toman fuera de las instituciones formales, sin intermediarios financieros.

La ENIF también muestra que el uso de efectivo y mecanismos informales sigue siendo predominante en la vida cotidiana. Este patrón no responde a un solo factor, sino a la forma en que se organizan los ingresos, el trabajo y los gastos en el país.
Ingresos variables y trabajo sin patrón, una realidad muy mexicana
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2026, el 54.6% de la población ocupada trabaja en la informalidad y alrededor de una quinta parte lo hace por cuenta propia, sin una relación laboral subordinada.
Estos esquemas suelen implicar ingresos variables, pagos en efectivo y ausencia de prestaciones, lo que dificulta la adopción de productos financieros diseñados para ingresos fijos y recurrentes.
Los análisis que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) resaltan que la manera en que las personas usan o no los servicios financieros tiene mucho que ver con la forma en que reciben su dinero. Cuando el ingreso no es predecible, la flexibilidad se vuelve un criterio central para decidir cómo y dónde guardar el dinero.
¿Usar efectivo o pagar con tarjeta?
A pesar del crecimiento de pagos digitales, el efectivo sigue siendo el medio de pago más utilizado. La ENIF dice que el 85.2% de las compras de $500 pesos o menos se realizan en efectivo, así como 73.5% de las compras de mayor monto.

Y el uso del efectivo no se limita a transacciones pequeñas, para muchas personas también es una forma de mantener control inmediato sobre el dinero disponible y evitar cargos, comisiones o retrasos asociados a productos bancarios.
El efectivo facilita intercambios de bienes y servicios en contextos en los que la tecnología, o la falta de esta, puede hacer que resulten menos prácticos, como mercados locales, trabajos eventuales o actividades comunitarias.
Ahorrar fuera del banco, incluso con cuenta
El ahorro es uno de los ámbitos donde más se refleja esta convivencia entre lo formal y lo informal, aunque no es el único espacio donde se expresa esta lógica híbrida en el manejo del dinero. Aunque una parte de la población utiliza cuentas bancarias para guardar dinero, una proporción significativa recurre a mecanismos alternativos, que forman parte de estrategias cotidianas más amplias para administrar ingresos y gastos.
El 70.2% de las personas que ahorran lo hacen guardando dinero en casa, participando en tandas o apoyándose en redes familiares y comunitarias, según la ENIF. Estas prácticas están presentes incluso entre quienes cuentan con algún producto financiero, lo que muestra que el acceso a la banca no sustituye necesariamente otras formas de gestión del dinero.
Las metas de ahorro no difieren sustancialmente entre quienes ahorran de manera formal o informal. Emergencias, gastos de comida, salud, vivienda o educación aparecen como prioridades en ambos casos, en línea con decisiones financieras orientadas a resolver necesidades inmediatas y de corto plazo.
Los datos también muestran que la relación con las instituciones financieras no es necesariamente de rechazo. La ENIF 2024 reporta que el 61% de los mexicanos confía en que su dinero esté en instituciones financieras, el cuidado de datos personales o la claridad de la información.
Sin embargo, cuando se pregunta por qué algunas personas no usan o dejaron de usar cuentas, tarjetas o créditos, las respuestas más frecuentes se relacionan con la falta de necesidad, ingresos insuficientes o variables, o la preferencia por otros mecanismos de ahorro, dentro de esquemas donde se combinan distintas formas de manejar el dinero.
Esto sugiere una relación funcional, en la que la banca se utiliza para ciertos fines específicos, pero no necesariamente como el centro de todas las decisiones financieras, sino como una herramienta más dentro de un esquema cotidiano más amplio.
Modelos híbridos como práctica cotidiana para decisiones financieras
Desde la propia banca, algunas instituciones han comenzado a reconocer esta realidad.
Moisés Chaves, presidente del consejo de Bankaool, ha planteado públicamente que en México los modelos híbridos, la convivencia entre herramientas formales e informales, no son una excepción, sino una muestra de cómo las personas resuelven sus necesidades financieras en la vida real.

Esta lectura coincide con lo que muestran los datos oficiales: el sistema financiero no reemplaza los mecanismos existentes de ahorro, sino que puede convivir con ellos.
Tener una cuenta bancaria no implica abandonar prácticas como guardar dinero en casa, participar en tandas o apoyarse en redes familiares, sino que se puede incorporar una herramienta más dentro de un esquema más amplio de gestión del dinero.
Fuentes: ENIF, Ensafi, Enigh, Inegi




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