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Felicity: el centro del mundo está en el Desierto de Sonora

Felicity: el centro del mundo está en el Desierto de Sonora

En 1986 se fundó Felicity, un pueblo nombrado ‘el centro del mundo’ por el gobierno de California que hoy alberga la historia de la humanidad grabada en granito 

En un pequeño punto dentro la vastedad del Desierto de Sonora, a poco más de una hora de Mexicali, se encuentra el centro del mundo, específicamente en Felicity, un pueblo fundado en 1986 por el franco-americano Jacques-André Istel. Aunque “el centro del mundo puede ser en cualquier lugar”, en propias palabras del economista que actualmente tiene 94 años, nadie más tiene un título oficial firmado por el Condado Imperial de California y el Instituto Geográfico Nacional de Francia, quienes validan las coordenadas geográficas bajo ese nombre. 

En un pequeño punto dentro la vastedad del Desierto de Sonora, a poco más de una hora de Mexicali, se encuentra el centro del mundo, específicamente en Felicity, un pueblo fundado en 1986 por el franco-americano Jacques-André Istel. Aunque “el centro del mundo puede ser en cualquier lugar”, en propias palabras del economista que actualmente tiene 94 años, nadie más tiene un título oficial firmado por el Condado Imperial de California y el Instituto Geográfico Nacional de Francia, quienes validan las coordenadas geográficas bajo ese nombre.
Crédito: historyingranite.org

La idea de Istel de nombrar a una parte de su propiedad así, misma que había sido adquirida años antes de su fundación, se originó de un libro para niños que él mismo escribió llamado “Coe: El Dragón Bueno en el Centro del Mundo”. Istel construyó alrededor de las coordenadas una pirámide de granito y vidrio de aproximadamente 6.4 metros para albergar este “Centro Oficial del Mundo”. 

Más allá de este título, Felicity, nombrado así en honor a la esposa del fundador, Felicia Lee, es el hogar de un proyecto monumental que ha ido creciendo durante años, el Museum of History in Granite, un museo al aire libre en donde la historia de la humanidad se ha tallado literalmente en piedra, en una estructura que según sus creadores sobrevivirá por lo menos hasta el año 6,000, en caso de que el planeta no explote antes. 

La idea de Istel de nombrar a una parte de su propiedad así, misma que había sido adquirida años antes de su fundación, se originó de un libro para niños que él mismo escribió llamado "Coe: El Dragón Bueno en el Centro del Mundo". Istel construyó alrededor de las coordenadas una pirámide de granito y vidrio de aproximadamente 6.4 metros para albergar este “Centro Oficial del Mundo”.
Crédito: historyingranite.org

Este singular museo al aire libre comenzó como un proyecto personal de Istel, quien, desde finales de la década de 1950, tenía la visión de crear una obra para las generaciones futuras, pero sobre todo quería construir un monumento con inscripciones que honraran a personas y lugares importantes en su vida. Sin embargo, aventurero no quería un monumento cualquiera, tenía que ser magnífico y perdurar en el tiempo.  Aunque no cree en los legados, a la pareja le da curiosidad cómo los arqueólogos verán el museo en el futuro. 

Su misión se resume en su lema: “Grabar en granito aspectos destacados de la memoria colectiva de la humanidad”. Este monumento se construyó con la esperanza de que los futuros descendientes, incluso aquellos que puedan encontrarse lejos del planeta, puedan ver y entender nuestra historia con comprensión y cariño. 

Más allá de este título, Felicity, nombrado así en honor a la esposa del fundador, Felicia Lee, es el hogar de un proyecto monumental que ha ido creciendo durante años, el Museum of History in Granite, un museo al aire libre en donde la historia de la humanidad se ha tallado literalmente en piedra, en una estructura que según sus creadores sobrevivirá por lo menos hasta el año 6,000, en caso de que el planeta no explote antes.
Crédito: historyingranite.org

La historia de Felicity, el hogar del Museo de Historia en Granito 

En 1985, Jacques-André Istel, se mudó con su esposa al Desierto de Sonora: “Nos sentaremos en el desierto y pensaremos en algo que hacer”, le dijo en aquel entonces a su mujer, más que acostumbrada a la forma de pensar de quien es su esposo desde hace más de cinco décadas. Al final, Felicia quien lo conoció siendo periodista deportiva, ya lo había visto pasar por diferentes facetas y tener más de una idea similar, Istel dice que ella lo podría acompañar a la luna sin preguntar. 

Este singular museo al aire libre comenzó como un proyecto personal de Istel, quien, desde finales de la década de 1950, tenía la visión de crear una obra para las generaciones futuras, pero sobre todo quería construir un monumento con inscripciones que honraran a personas y lugares importantes en su vida. Sin embargo, aventurero no quería un monumento cualquiera, tenía que ser magnífico y perdurar en el tiempo. Aunque no cree en los legados, a la pareja le da curiosidad cómo los arqueólogos verán el museo en el futuro.
Crédito: historyingranite.org

Istel llegó a Estados Unidos huyendo de la Segunda Guerra Mundial, se graduó en Princeton, creó una empresa, fue banquero de Wall Street y combatió en una guerra para convertirse después en teniente coronel del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Sin embargo, quizás por lo que más se le recordará es por haber saltado más de 600 veces en paracaídas, creando un método para que cualquiera pudiera sentir esa adrenalina, razón por la cual es reconocido como “el padre del paracaidismo deportivo”. 

A medida que cada año transcurre, se siguen grabando en granito nuevas historias. Istel y su equipo no tienen la intención de detenerse. El museo es un trabajo en constante evolución que cierra sus puertas en verano. La intención subyacente de los textos e imágenes grabados en granito, es dar  a los visitantes suficiente información para estimular la curiosidad, incluso los asuntos de mayor envergadura, se reducen a un par de centenares de palabras, como máximo.

Su misión se resume en su lema: “Grabar en granito aspectos destacados de la memoria colectiva de la humanidad”. Este monumento se construyó con la esperanza de que los futuros descendientes, incluso aquellos que puedan encontrarse lejos del planeta, puedan ver y entender nuestra historia con comprensión y cariño.
Crédito: historyingranite.org

Felicia Lee se ocupa de la mayoría de la labor de investigación, empleando fuentes reconocidas como enciclopedias y libros. Después, Istel toma la batuta para redactar el texto, y entre ambos afinan la redacción hasta llegar a una versión definitiva que expresa un pedazo de la historia no sólo de manera informativa, sino poética, creativa e incluso divertida. Una vez que el texto está en su punto, los grabadores profesionales inician su labor, frecuentemente durante la noche por el clima. 

El museo, por supuesto, no puede abarcar absolutamente todo, por lo que, en palabras de Istel, “selecciona aquello que le resulta interesante”. Con frecuencia, agrupa elementos relacionados bajo una única temática. Así, por ejemplo, el Código de Hammurabi y los Diez Mandamientos se presentan bajo los “Primeros Conceptos de Ley”. 

En 1985, Jacques-André Istel, se mudó con su esposa al Desierto de Sonora: “Nos sentaremos en el desierto y pensaremos en algo que hacer”, le dijo en aquel entonces a su mujer, más que acostumbrada a la forma de pensar de quien es su esposo desde hace más de cinco décadas. Al final, Felicia quien lo conoció siendo periodista deportiva, ya lo había visto pasar por diferentes facetas y tener más de una idea similar, Istel dice que ella lo podría acompañar a la luna sin preguntar.
Crédito: Robyn Beck / AFP

Aunque no se considera particularmente religioso, en el museo hay una iglesia, pues le pareció un buen gesto para los visitantes, de hecho está ubicada a lo alto “en la colina de la oración” y es lo primero que se ve. Para llegar se tienen que subir 49 escalones,  está en línea recta a poco más de 300 metros de un reloj de sol, y a más de mil pies del reloj de sol cuyo gnomon, es una réplica en escultura del Brazo de Dios de Miguel Ángel, que apunta a la Iglesia. 

El templo dicta “aceptar a todas las religiones”, pero principalmente se celebran ceremonias católicas y protestantes, su construcción se inspiró en La Chapelle Notre-Dame d’Espérance y está lleno de simbolismos y algunos detalles únicos como la campana. Por otra parte, lo que quizás podría considerarse la religión del también alcalde “por siempre” de Felicity, es el paracaidismo, pues este tema ocupa una gran parte de los paneles. 

Istel llegó a Estados Unidos huyendo de la Segunda Guerra Mundial, se graduó en Princeton, creó una empresa, fue banquero de Wall Street y combatió en una guerra para convertirse después en teniente coronel del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Sin embargo, quizás por lo que más se le recordará es por haber saltado más de 600 veces en paracaídas, creando un método para que cualquiera pudiera sentir esa adrenalina, razón por la cual es reconocido como “el padre del paracaidismo deportivo”.
Crédito: historyingranite.org

“Usted podría preguntarse: ¿Qué calificaciones tengo para escribir una historia de la humanidad? Bueno, preguntaría: ¿Cuáles eran mis calificaciones para diseñar paracaídas cuando era banquero?”. 

Jacques-André Istel

¿Te gustaría visitar este lugar único en el Desierto de Sonora? 

Fuente: BBC, Museum of History in Granite, Agence France-Presse (AFP). 

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