Algamar es una empresa familiar mexicana que transforma las algas marinas en soluciones agrícolas y cosméticas. También, las convierte en ingredientes que están nutriendo un nuevo capítulo en la gastronomía mexicana.
Luza Alvarado/NORO
Algamar es un referente de la biotecnología marina en México. Fundada en 2009 por Roberto Marcos, esta empresa cultiva, cosecha y procesa algas para extraer sus componentes más valiosos y convertirlos en soluciones sostenibles para la agricultura, la acuicultura, la cosmética y, desde hace tres años, la gastronomía mexicana de vanguardia.
El consumo de algas en México es relativamente nuevo. Si bien cronistas como Bernal Díaz y Sahagún registraron la recolección y el consumo de la espirulina que se daba en las aguas salobres del lago de Texcoco, el desconocimiento de los españoles derivó en un desprecio histórico por el ingrediente, cuyo aprovechamiento local casi desapareció. Es posible que en otras regiones costeras hubiese consumo de algas, sin embargo, no existen registros de ello.
El actual paladar mexicano conoció el sabor de las algas a través del sushi a finales del siglo XX, y a inicios del XXI, los restaurantes japoneses se multiplicaron y mostraron, a través de sus platillos, por qué las algas constituyen el 20% de la dieta en Japón. Esta influencia, más la globalización, ha penetrado en las cocinas de vanguardia mexicanas, y es ahí donde Algamar está jugando su nueva carta.
Roberto Marcos, fundador de Algamar, es un oceanólogo regiomontano que en la década de 1970 descubrió en Ensenada su pasión por las algas marinas y su enorme potencial biotecnológico. Después de trabajar como cartógrafo en la región, tomó cursos intensivos en Japón y se integró a una empresa que se dedicaba a cosechar algas para exportarlas a productores de alginatos, un aditivo alimentario utilizado mayormente como espesante. Cuando esta compañía cerró en 2004, Roberto decidió que era momento de emprender.
Marcos arrancó Algamar con el apoyo de su suegro y su padrino de bodas, después se unió su hermano Jorge —ingeniero químico que ha desarrollado varias de las fórmulas con las que elaboran bioestimulantes—, y sus hijos Roberto y Rebecca, él como gerente administrativo y ella como gerente de Ventas de Consumo Humano.
La idea de transformar las algas en un ingrediente para restaurantes de alta gama fue precisamente de Rebecca. “Hace tres años se me ocurrió hacer un caviar de algas. Ya había probado una marca danesa, pero sabía a puro glutamato monosódico, un potencializador de sabor. Entonces dije: ¿cómo voy a hacer algo que sí sea un alimento, que sí te aporte algo, que sea vegano y sustentable?”, cuenta en entrevista realizada para NORO. Por esas fechas, el chef José Luis Hinostrosa del restaurante Arca, en Tulum, le pidió que le enviara algas, y ella le mandó también el caviar. “Cuando José Luis subió la foto a las redes, todo el mundo empezó a hacerme pedidos”, recuerda Rebecca, que además de conocer a profundidad las propiedades de las algas comestibles, también destaca la aportación que Algamar hace a la comunidad y al ecosistema.
Además de ser una empresa generadora de empleos en pesquerías locales con prácticas sustentables, Algamar también juega un rol importante como agente en la regeneración de ecosistemas marinos. Al reforestar el océano, han creado refugios que recuperan la biodiversidad, favorecen la pesca sostenible, contribuyen a la captura de carbono y ayudan a estabilizar sedimentos marinos, acciones que refuerzan la salud oceánica.
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En 2025, Algamar se integró a Ocean Rainforest, una empresa europea pionera en cultivo sostenible de algas marinas que adquirió el 60% de la compañía mexicana. Esta alianza combina la experiencia regional de Algamar con la tecnología avanzada de Ocean Rainforest para cultivar, extraer y procesar algas marinas de manera más escalable y sostenible, con producción e instalaciones en México, Estados Unidos y Europa. Además, marca un paso significativo hacia la expansión global de Algamar, al mismo tiempo que refuerza su compromiso con la sostenibilidad ambiental y la economía azul.
Esta alianza fue posible gracias a varios factores. Principalmente, Algamar cuenta con un permiso oficial para cultivar y recolectar algas marinas en México, específicamente en la bahía de Salsipuedes en Ensenada, lo que permite garantizar la calidad de las algas desde su origen. Esto también tiene un impacto en los productos que la empresa ofrece tanto en el sector agropecuario como en el gastronómico.
Algamar cultiva y procesa especies como Macrocystis pyrifera, conocida como alga gigante, valorada por su riqueza en minerales y compuestos bioactivos que pueden ser transformados y aprovechados por diferentes industrias. También ha desarrollado bioestimulantes para la agricultura basados en extractos de algas como Ascophyllum, Ecklonia y Macrocystis pyrifera.
Estos productos, gracias a su contenido de minerales, aminoácidos y polisacáridos, estimulan la actividad microbiana de los suelos, mejoran la retención de agua y optimizan la absorción de minerales por las raíces. Esto se traduce en suelos más vivos, fértiles y equilibrados en donde cultivos como la vid, la nuez, el aguacate, y los berries, entre muchos otros, crecen de manera uniforme y con mayor resistencia al estrés ambiental. Así, la empresa responde a la necesidad de alimentos más nutritivos, alineándose a la transición hacia sistemas agrícolas más sostenibles y menos dependientes de insumos químicos intensivos.
En los últimos años, la totoaba de Baja California se ha colado en los menús de muchos restaurantes mexicanos de alta gama no solo por sus cualidades, sino también porque se obtiene de manera responsable, un proceso en el que Algamar también está involucrada como proveedora de alimento. “Empezamos a trabajarlo con la universidad de Ensenada. Querían desarrollar algo muy específico para la totoaba, porque luego (las granjas) compran alimentos muy, muy baratos que tienen más que nada harina de pescado”, explica Rebecca. Hoy la empresa de la familia Marcos provee alimento para peces finos en nueve países, entre ellos Chile, Corea, China, Japón, España y Sudáfrica.
Además de usar las algas para alimentar a los peces y nutrir los suelos, Algamar juega un rol muy importante en la ficogastronomía en México. Según un artículo publicado por la revista Avance y Perspectiva, la ficogastronomía (del griego phykos, alga) es “la ciencia y el arte de cocinar con algas, aprovechando tanto sus propiedades nutricionales como sus atributos organolépticos”.
No son pocos los restaurantes de cocina contemporánea que utilizan en sus platillos las algas que Rebecca Marcos les provee. Deckman’s y Lunario en Valle de Guadalupe, Carmelita Molino y Cocina en Tijuana, Conchas de Piedra en Ensenada o Arca, Chablé y Huniik en la península de Yucatán ya están integrando variedades como sagarame, kelp, suginori, codium o trufa de mar, kombu o laminaria, wakame y, por supuesto, el caviar vegano que Algamar comercializa con su marca Kaviar.
La experimentación con lasalgas en las cocinas de México está allanando el camino de la ficogastronomía en una senda que otras culturas han recorrido desde hace varios siglos. A pesar de que podría ser un recurso alimentario de fácil acceso en las costas mexicanas, “hay resistencias culturales porque la gente no tiene mucha información”, señala Rebecca Marcos. Por esa razón, ella explora constantemente nuevas vías para difundir este concepto: “Las algas llevan su proceso, luego traen bichitos y es un rollo limpiarlas. Yo las entrego limpias, blanqueadas o ya secas. A mí me gusta mucho comerlas, también me gusta mucho cocinar y trato de enseñar diferentes maneras de utilizarlas, no nada más como ensalada”.
Algamar ha destacado en México por ser pionera en transformar las algas marinas en un recurso valioso para la agricultura, la alimentación, la cosmética y la acuicultura. Además de trabajar en familia y con un enfoque científico y responsable con su entorno. Su historia es un recordatorio de que las soluciones basadas en la conservación de la naturaleza sí pueden ser motor de innovación, desarrollo económico y bienestar comunitario. Este caso nos invita a repensar la relación que los mexicanos tenemos con las algas, más allá del plato. Para futuros emprendedores que quieran alinearse con la idea de construir sistemas productivos más saludables, conscientes y resilientes, Algamar podría ser un buen ejemplo.
La ficogastronomía y el aprovechamiento industrial de las algas en nuestro país son dos actividades prácticamente emergentes, pero con mucho potencial gracias a la curiosidad de los cocineros y los paladares jóvenes y la vocación agropecuaria de nuestro país.
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