Aunque son un platillo típico de Chihuahua y Durango, las sopaipillas han trascendido las fronteras de México y también se disfrutan en el suroeste de Estados Unidos.
Nancy Valenzuela / NORO
Los estados de Chihuahua y Durango han destacado entre las entidades del noroeste de México por su gastronomía y sus tradiciones culinarias. Entre los platillos más famosos de estas dos regiones están las sopaipillas, también conocidos como los buñuelos.
Este postre, tradicionalmente preparado para las fiestas decembrinas, es ideal para la temporada de frío y logra combinar los sabores que caracterizan a ambas entidades.

¿Qué son las sopaipillas?
Las sopaipillas son una especie de buñuelos o panes fritos que tienen una textura ligera y un sabor ligeramente dulce. Aunque se consumen en varias partes de México y América Latina, en los estados de Chihuahua y Durango tienen un lugar especial en la cocina regional. Su preparación es sencilla, pero el resultado es extraordinario: una masa frita que puede disfrutarse sola, con miel, azúcar, piloncillo o incluso acompañada de guisos salados.
Las sopaipillas tienen raíces en la cocina española
El origen de de este postre se remonta a la época colonial, cuando la influencia española introdujo diversos métodos de preparación de masas fritas. Su nombre proviene del término mozárabe “sopaipa”, que hace referencia a una masa frita en aceite. En Chihuahua y Durango, las sopaipillas se adaptaron a los ingredientes y gustos locales, convirtiéndose en un platillo representativo de celebraciones y reuniones familiares.

En estas regiones del norte, las sopaipillas se preparan especialmente durante festividades religiosas, ferias o simplemente como un antojo de temporada. Además, su versatilidad las hace ideales tanto para el desayuno como para la cena, ya que pueden combinarse con sabores dulces o salados.
¿Cómo se preparan las sopaipillas?
La receta tradicional incluye ingredientes básicos como harina, polvo para hornear, sal, manteca o aceite, y agua tibia. El proceso inicia con el amasado de los ingredientes hasta obtener una masa suave y elástica. Posteriormente, se extiende la masa con un rodillo y se corta en figuras geométricas, generalmente triángulos o rombos.
La clave de las sopaipillas está en su fritura. Se colocan en aceite caliente hasta que se inflan y adquieren un color dorado. Su textura es crujiente por fuera y suave por dentro, lo que las convierte en una auténtica delicia.
El secreto para disfrutar al máximo unas sopaipillas está en los acompañamientos. En Chihuahua y Durango, es común servirlas con miel de piloncillo o espolvoreadas con azúcar y canela. También pueden rellenarse con queso o frijoles para una versión salada.
Con información de El Heraldo de Chihuahua y MDZ Online










