Los huertos caseros mejoran la salud mental, regeneran suelos urbanos y reducen emisiones contaminantes.
Ricardo Amador/NORO
Cada vez más personas en distintas ciudades optan por los huertos caseros como una forma de producir parte de sus alimentos. Estos espacios ayudan a ahorrar y comer más sano, además de beneficiar al medio ambiente y aportar al bienestar emocional.
El interés por los huertos caseros no es nuevo, pero en la última década se convirtieron en una tendencia fuerte en todo el mundo. La posibilidad de cultivar tomates, lechugas o hierbas en terrazas, patios o incluso en pequeños balcones, ofrece a las persoonas una manera sencilla de producir alimentos frescos y reducir la dependencia de ir al super.

Durante el confinamiento por la pandemia por coronavirus, muchas familias buscaron actividades que les dieran seguridad alimentaria y un espacio de calma. A pesar de que algunos pensaron que sería una moda pasajera, los huertos se consolidaron como una práctica que cada año suma.
“Lo que mucha gente pensaba que iba a terminar cuando se acabara el COVID, al contrario, ha crecido. Cada año veo que hay más personas interesadas”, contó Emma Fierro, directora de Huertos y Más, a NORO.
Beneficios económicos de los huertos caseros
Los beneficios de un huerto casero también se reflejan en la mesa; quienes cultivan en casa tienen acceso a productos frescos, libres de pesticidas y más nutritivos. Según Fierro:
“La calidad (de los alimento producidos en huertos caseros) se eleva exponencialmente porque promovemos fertilización orgánica hecha en casa. Con cáscaras de plátano, por ejemplo, se puede elaborar un fertilizante rico en potasio que asegura mejores cosechas”.

En términos económicos, Huertos y Más menciona que un huerto puede reducir entre un 10 y un 15% el gasto familiar en vegetales, especialmente en productos que suelen encarecerse por temporadas como el tomate o el limón. Aunque la autosuficiencia total no es posible, sí representa un apoyo significativo al bolsillo y un paso hacia un consumo más consciente.
Para quienes quieren empezar, Fierro recomienda comenzar con lo básico y lo que se consuma a diario.
“En Sonora todos me dicen lo mismo: chile, tomate, cebolla y cilantro. Son los ingredientes de la salsa bandera, parte esencial de nuestra dieta. Por eso hay que sembrar lo que realmente se va a comer, no lo que se ve bonito”, comentó.
También recordó la importancia de rescatar los saberes tradicionales transmitidos por generaciones: “No perdamos los consejos de nuestros abuelos, que seguían las fases lunares y sabían cuándo y qué cultivar”.

Huertos caseros regeneran el suelo y bajan la temperatura
Uno de los beneficios menos visibles de los huertos es su capacidad para regenerar los suelos urbanos. Fierro explica que en ciudades grandes los terrenos están sumamente compactados debido al tránsito constante y a la urbanización.
Además, los huertos ayudan a reducir las temperaturas extremas en entornos urbanos. En ciudades como Hermosillo, la vegetación crea microclimas más frescos y habitables. “Hermosillo ya no tiene islas de calor, ahora es un océano de calor con pequeñas islas de frescor”, advirtió Fierro, subrayando la urgencia de recuperar áreas pavimentadas para convertirlas en jardines de lluvia o huertos comunitarios.

“Cuando nosotros les damos uso constante a un suelo con una agricultura sostenible, con una agricultura urbana que estamos haciendo, estamos apoyando a que nuestros suelos vuelvan a la vida, a que los microorganismos regresen a esos suelos, se beneficien y por lo tanto también al ser humano”, comentó Emma Fierro.
Según Fierro, los huertos caseros también son una herramienta práctica contra el cambio climático. Además de reducir la huella de carbono al evitar transporte y empaques, permiten reutilizar residuos orgánicos que enriquecen el suelo en lugar de terminar en la basura.
“Definitivamente los huertos caseros son una respuesta real al cambio climático. No solo bajan la huella de carbono, también ayudan a reducir el estrés de las personas y con ello se transforma el entorno”.
Cultivar en casa tiene beneficios emocionales
Más allá de lo ambiental, cultivar un huerto tiene efectos comprobados en la salud mental. Diario Las Américas señala que la jardinería reduce la ansiedad, mejora la calidad del sueño y refuerza la autoestima. Para Fierro, esto se refleja especialmente en adultos mayores y familias con niños pequeños:
“Es una excelente terapia. Hemos visto cómo la salud emocional de quienes trabajan en huertos mejora notablemente”.

El contacto con la tierra, el ritmo pausado del crecimiento de las plantas y la satisfacción de ver frutos propios se convierten en una forma de terapia natural frente al estrés urbano. Las escuelas también incorporan esta práctica a su modelo educativo.
“Hemos apoyado a escuelas para incluir huertos como parte de su estructura educativa. Es un aprendizaje vivo que enseña valores de responsabilidad y cuidado ambiental”, finalizó la directora de Huertos y Más.




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