En Hermosillo se organizó una caminata a ciegas que dejó en evidencia las barreras que dificultan el Derecho a la Ciudad.
Ricardo Amador/NORO
El pasado miércoles se realizó en Hermosillo la cuarta edición de la Caminata a Ciegas, una actividad organizada por la Comunidad Ciega y de Baja Visión con motivo del Día Internacional del Bastón Blanco. Más de 200 personasparticiparon en el recorrido que partió de las escalinatas del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora y concluyó en el Parque Madero, donde se leyó un posicionamiento y se ofreció un breve concierto.

Durante el trayecto, los asistentes caminaron con antifaces que les impedían ver, acompañados por guías voluntarios. La experiencia permitió que habitantes de la ciudad se enfrentaran, aunque por unos minutos, a los retos cotidianos que viven las personas con discapacidad visual: banquetas en mal estado, obstáculos, ruidos que desorientan y la falta de señalización accesible.
“El objetivo es que los asistentes tengan la oportunidad de ponerse en nuestros zapatos, para vivir la realidad que vivimos las personas con discapacidad visual aquí en Hermosillo. Con eso se fortalece la empatía y, sobre todo, el respeto a nuestros derechos”, comentó Gabriela Quintero, vocera de la Comunidad Ciega y de Baja Visión a Radio Sonora.

La caminata sensibilizó a la ciudadanía, y también visibilizó la deuda pendiente en materia de accesibilidad. En esta ocasión, contó con el apoyo de elementos de Policía y Tránsito municipal, así como de paramédicos, quienes resguardaron la seguridad de los participantes.
La brecha entre la norma y la realidad
En México existe un marco legal sólido que garantiza la accesibilidad y el diseño universal de los espacios públicos, basado en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2008). Sin embargo, la realidad muestra que la mayoría de las ciudades aún no cumplen con estos estándares.

De acuerdo con especialistas del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la UNAM, persiste una brecha entre la normatividad y la práctica. Se siguen construyendo espacios que no contemplan la cadena de accesibilidad ni las necesidades de las personas con discapacidad cognitiva o sensorial.
¿Qué es el Derecho a la Ciudad?
De acuerdo con ONU-Hábitat, el Derecho a la Ciudad reconoce a las urbes como bienes comunes que deben garantizar una vida digna a todas las personas. No se trata solo de habitar un espacio, sino de poder utilizarlo, transformarlo y disfrutarlo en condiciones de justicia, inclusión y sostenibilidad.

Este derecho implica que cada persona pueda acceder y participar en la vida urbana en igualdad de oportunidades. En una ciudad justa, los espacios públicos, el transporte, la vivienda y los servicios básicos deben estar diseñados para responder a la diversidad de sus habitantes, asegurando entornos libres de discriminación y accesibles para todas las capacidades.
En ese sentido, los componentes del Derecho a la Ciudad abarcan desde la no discriminación y la igualdad de género, hasta la participación política, la función social del territorio y la sostenibilidad ambiental.
El Derecho a la Ciudad es una deuda pendiente
Desde la perspectiva del Derecho a la Ciudad, las caminatas a ciegas funcionan como un espejo del cumplimiento o incumplimiento de ese derecho. Al poner a prueba las calles y banquetas, evidencian que los entornos urbanos siguen diseñados desde la homogeneidad, sin considerar la diversidad de cuerpos, edades y capacidades que conforman la ciudad.

En Hermosillo, como en muchas otras ciudades del país, aún falta avanzar hacia entornos inclusivos que integren elementos como: señalización táctil y auditiva, cruces seguros y accesibles, iluminación adecuada para personas con baja visión, accesibilidad digital y cognitiva en el transporte y los servicios públicos.
Garantizar estas condiciones no es un favor, sino una obligación de los gobiernos y de la sociedad para hacer efectivo el Derecho a la Ciudad.
Fuentes: ONU-Hábitat, Puec UNAM, Radio Sonora




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