Job Ramírez, Ramona, Leonardo Ortega, Anantxel Galavis, Guillermo Martínez, Paulina Medina y Bache son artistas de Durango que muestran, con cajas de huevo, que la pintura duranguense puede viajar desde una cocina, una calle o un paisaje hasta encontrarse con públicos inesperados.
Por Miguel Gálvez / NORO
Durango aparece de muchas formas en la obra de sus artistas, puede ser en un paisaje, una calle en construcción, el movimiento de un mercado o una cocina donde la vida familiar transcurre sin pose. También puede esconderse en una paleta de colores, una frase o un personaje de caricatura.
Esa diversidad recorre el trabajo de siete creadores que producen desde el estado, con sus lenguajes que van desde la acuarela y el paisaje al muralismo, hasta la figuración y la cultura digital. Contando de diferentes maneras lo que ven y sienten por su localidad.
Por rutas distintas, los siete se vincularon con La Guerrera, donde participaron en una colección que llevó algunas de sus imágenes a cajas de huevo San Juan distribuidas por varias ciudades, siendo esta una nueva forma de poder llevar ese arte a nuevos lugares.
La Guerrera y una mirada a las cajas de huevo
La Guerrera es una galería de arte contemporáneo joven fundada en 2021 por el artista Gonzalo García y el coleccionista Gerardo. Sin una sede permanente, desarrolla exposiciones temporales, residencias y encuentros de revisión, con especial atención a obra producida fuera de Ciudad de México.
Ramona, Leonardo Ortega y Guillermo Martínez se incorporaron al núcleo del proyecto durante sus primeros años. Job Ramírez, Anantxel Galavis, Paulina Medina y Bache participaron como artistas invitados o aliados después de procesos de seguimiento, residencias, encargos y visitas de estudio. El criterio no fue una estética uniforme, sino la solidez de cada práctica y su posibilidad de dialogar con otras miradas.
A inicios de 2026, La Guerrera invitó a cerca de 15 artistas a realizar una obra comisionada alrededor de la caja de Huevo San Juan y sus usos cotidianos. El proceso tomó aproximadamente seis meses y, para septiembre de 2026, algunas de esas piezas fueron seleccionadas para aparecer en los empaques, entre ellas obras de cinco artistas de Durango.

Siete artistas de Durango y siete formas de narrar un territorio
Job Ramírez: lo cotidiano también puede ser fantástico
La primera mirada se detiene en escenas reconocibles. Job Ramírez Estrada vive y trabaja en Durango, se formó en la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías de la UJED y comenzó con el dibujo, el cómic y el manga. En su pintura figurativa, los paisajes urbanos y la vida familiar se abren poco a poco a lo fantástico.
La Guerrera lo integró a la colección como artista invitado después de dar seguimiento a su obra. Job pintó a sus padres mientras preparaban el almuerzo y supo que la imagen ya circulaba cuando recibió una fotografía del empaque. “Para mí fue una sorpresota”, recordó. Desde esa cocina, la nota se desplaza hacia otro territorio cotidiano: el mundo digital.

Ramona: cuerpos nacidos del imaginario digital
En la obra de Laura Patricia Pérez Rocha (Ramona) lo familiar se vuelve extraño. Formada en Artes Visuales en la UJED e integrante de Siete Galería desde 2018, explora leyendas de internet, contrastes entre luz y oscuridad y cuerpos que se transforman hasta convertirse en criaturas propias.
El seguimiento a su producción derivó en encargos, residencias y exposiciones con La Guerrera, a cuyo núcleo se incorporó durante la primera etapa. Ramona también ha recibido apoyos, como PECDA y Jóvenes Creadores. Si sus imágenes miran hacia la red, la pintura de Leonardo Ortega regresa la atención al territorio físico.

Leonardo Ortega: permanecer y pintar el paisaje
Leonardo Ortega nació en Durango en 1992 y trabaja desde la capital del estado. Sus paisajes observan el arraigo y la recuperación de lugares que durante años estuvieron marcados por el miedo. Pintarlos es una manera de reconocer el entorno, pero también de afirmar su decisión de permanecer y producir desde ahí.
Se incorporó a La Guerrera entre sus primeros artistas y ha participado en residencias, exposiciones y revisiones de obra. Además, cofundó la galería Línea A. Para la colección partió de un recorrido por el mercado Gómez Palacio. Ese paso del paisaje abierto al espacio habitado encuentra otra expresión en el trabajo de Anantxel Galavis.

Michelle Galavíz: la memoria de los espacios domésticos
Michelle Galavíz se formó en la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías de la UJED. Sus retratos domésticos hablan de las personas mediante habitaciones, utensilios, animales y escenas de cocina. La figura humana puede no aparecer, pero permanece en las huellas que deja sobre cada objeto.
Su obra fue incorporada a la colección como una colaboración invitada, luego de un vínculo profesional previo con los fundadores de La Guerrera. La vida familiar ya formaba parte de su lenguaje, por lo que el nuevo soporte prolongó una investigación existente. De la quietud de esos interiores, Guillermo Martínez pasa a composiciones llenas de voces y personajes.

Guillermo Martínez: caricatura, música y melancolía norteña
Guillermo Martínez nació en Durango en 1993, estudió Diseño Gráfico y presentó su primera exposición individual en 2014. Su pintura combina dibujo, caricatura, figura humana, frases y referencias musicales. Bajo la saturación visual aparece una melancolía que relaciona con crecer y crear en el norte.
Forma parte de La Guerrera desde 2021 y los encuentros de revisión del proyecto lo llevaron a cuestionar y afinar su práctica. Su trayectoria incluye exposiciones en distintas ciudades del país. Frente a esa acumulación de signos, Paulina Medina elige otro ritmo: el de la luz que recorre una ciudad en construcción.

Paulina Medina: la luz sobre una ciudad en construcción
Paulina Medina nació en Durango en 1999 y egresó de Artes Visuales en la UJED. Trabaja principalmente con acuarela y paisaje urbano. Calles, tuberías, estructuras y obras negras surgen de fotografías tomadas durante sus recorridos, pero es la luz la que termina por ordenar cada escena.
Su trayectoria tomó impulso desde 2020 con selecciones y premios estatales. Se vinculó con La Guerrera mediante una residencia en su primera etapa y regresó después como artista invitada. Sus imágenes conservan la escala de lo cercano; en Bache, en cambio, el paisaje y la memoria crecen hasta ocupar muros completos.

Bache: de la memoria de la sierra a los muros del mundo
Carlos Edgar Salinas Salinas (Bache), nació en Durango en 1992 y estudió Artes Plásticas en la UJED. Su figuración se alimenta de la naturaleza, el inconsciente y los años que pasó cerca de la Sierra Madre Occidental. Esa búsqueda aparece tanto en pintura de caballete como en grafiti y mural.
Después de un proceso de seguimiento y una visita de estudio, La Guerrera lo convocó como artista aliado para la colección. Bache ha realizado más de cien murales en México y en ciudades de Brasil, Francia y Alemania. Su recorrido cierra el círculo: una memoria nacida en Durango puede conservar su origen incluso cuando cambia de escala y de país.

Crear desde Durango y encontrar otros caminos
Aunque sus obras avanzan en direcciones distintas, las entrevistas muestran obstáculos compartidos: distancia, costos de traslado, pocos espacios de exhibición y un mercado reducido. Las redes sociales ayudan a mostrar el trabajo, pero no sustituyen una residencia, una conversación curatorial o la posibilidad de acompañar una exposición.
La colección tampoco resuelve esas condiciones. Sí muestra una ruta posible: una obra nacida en un taller de Durango puede pasar por un proceso de seguimiento, una residencia o una galería itinerante y terminar frente a alguien que no salió a buscar arte.
Más allá de las cajas y de las marcas involucradas, ahí está el valor del encuentro. Siete artistas pusieron en circulación paisajes, cocinas, personajes y recuerdos que no hablan con una sola voz, pero juntos amplían la manera de mirar lo que ya se está creando en Durango.




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