Sin coleccionismo local, Hermosillo renuncia a su propio retrato y diluye su patrimonio cultural, advierte el sociólogo Tonatiuh Castro.
Grecia Bojórquez/ NORO
Desde Hermosillo, se propone mirar el coleccionismo como una forma de construir patrimonio, resguardar la historia viva y dar continuidad al relato cultural del noro, más que como un lujo.

“La ciudad es una gran galería”, dice Tonatiuh Castro en entrevista para NORO. Para el sociólogo, el concepto de coleccionismo debe desbordar la idea del hobby individual y entenderse como un ejercicio de memoria colectiva.
Para Castro, los monumentos, los murales y las esculturas urbanas son parte de una gran colección pública que, sin embargo, se ha dejado perder.
“Una ciudad que no atesora su arte pierde la posibilidad de constituir su memoria histórica a cabalidad”, afirma.

“Una colectividad puede compilar informes de gobierno o anuarios periodísticos para resumir los actos de una temporada. Pero dicho acopio documental no alcanzará ni la profundidad ni la veracidad testimonial de las obras que conforman el producto más encomiable de la cultura, que es el arte”, expone.
En la capital sonorense, menciona Castro, existen piezas de artistas de renombre que se han extraviado, destruido o trasladado sin registro, como es el caso de la escultura dedicada a Venustiano Carranza de Luis Sanguino, importante artista español.
“En Sonora carecemos de un inventario del patrimonio cultural artístico”, advierte. Eso significa que muchas obras, tanto en espacios públicos como en edificios gubernamentales, se mueven sin control, sin claridad sobre su resguardo.

Tonatiuh agrega que una sociedad que no sistematiza su acervo artístico “renuncia a los logros y avances de épocas pasadas, aun cuando esos tiempos hayan contribuido a forjar la identidad del presente”.
Arte joven en Hermosillo: del muro al souvenir
La pérdida de memoria, señala el sociólogo, se manifiesta tanto en lo antiguo como en el presente. Castro enfatiza que en Hermosillo existe una “autolimitación para el aprecio del arte joven”. En muchas galerías, observa, “los jóvenes artistas están en la tienda de los souvenirs”, relegados a la periferia del mercado cultural.

Esto, explica, ocurre mientras sus obras transforman la ciudad y narran su actualidad: “Las y los creadores visuales han venido retratando con una mayor cabalidad las vicisitudes y los gozos de la sociedad local”.
Menciona a artistas como Miriam Salado, Esteban Lechuga o Daniela Plasencia, cuyas obras “ya se están yendo” fuera del estado, principalmente hacia Estados Unidos o Baja California.
La situación revela algo que Castro resume así: “Implica una paradoja: la valoración de la propia obra, o del autor, en una sociedad ajena, y a la vez, su minusvaloración en la propia tierra que la generó”.

Esa evasión, en sus dimensiones simbólica y material, deja a las ciudades sin representación.
“Renuncia a los retratos que, de ella misma, fueron aportados por creadores y creadoras”, insiste el sociólogo. “Cuando esas imágenes se van, también se va la posibilidad de reconocernos”.
Amnesia colectiva y patrimonio en riesgo
Una ciudad que no colecciona, dice Castro, corre el riesgo de quedarse sin registro cultural: “Se padece una determinada amnesia colectiva, que suprime a ciertos artistas y diluye en la historia a escritores, pintoras, escultores o músicos”.
Esa pérdida de memoria es escultural, emocional y social. “El arte brinda un mejor retrato de la realidad social que la que los propios pensadores o analistas sociales pretenden”, recuerda, citando al filósofo Edgar Morin.

Y añade: “El arte integra la emotividad en esos retratos de la realidad. No es periodismo, no es sociología, pero implica un retrato de época”.
Castro también propone ampliar la definición de coleccionismo a los bienes públicos y urbanos:
“Los monumentos, piezas escultóricas ornamentales u obras plásticas adosadas a la vía pública son una gran colección. Podemos visualizar las calles, avenidas y bulevares como segmentos museográficos dispuestos en la gran galería o museo de arte que es toda ciudad”.
Sin embargo, advierte, esa gran galería está incompleta y desatendida. La patrimonialización, el proceso de declarar y resguardar bienes artísticos, no se ha establecido en Sonora.

“Jalisco, por ejemplo, cuenta con un Inventario Estatal de Patrimonio Cultural, publicado en 2022, que incluye bienes muebles con técnicas como acrílico sobre tela, gouache u óleo sobre panel de madera”, puntualiza.
En cambio, “en Sonora no hay una lista siquiera de diez obras catalogadas”, dice. “Y eso impide que el arte sea reconocido y protegido como parte del patrimonio estatal”.
Del hobby al compromiso: cómo empezar a coleccionar arte local
Para Tonatiuh Castro, el coleccionismo no es lujo, sino responsabilidad cultural:
“Un coleccionista es un guardián del acervo artístico-cultural en lo general”, afirma. “Aun quienes compran obra por inversión, sin intención estética, realizan una labor válida porque permiten el resguardo de piezas que de otra forma podrían perderse”.
El coleccionar obras de arte, subraya, puede comenzar desde lo cotidiano. “Las compro en los bazares o directamente”, comenta sobre su propia práctica. No se trata de reunir obras ya legitimadas; el foco está en visibilizar la creación emergente y apostar por ella.

“Un precepto fundamental del coleccionismo suele ser la vinculación entre gozo estético y valoración patrimonial”, explica. “Ya sea que se adquiera arte para atesorar bienes o por el placer de admirarlos, una colección trae beneficio de carácter social, y no solo al coleccionista”.
Para quienes desean iniciar, recomienda buscar artistas jóvenes, explorar distintas técnicas y formatos, y construir acervos que narren una historia.

“Es útil considerar la posibilidad de adquirir obras de distintas épocas de un mismo artista o un mismo canon, para integrar con el tiempo una semblanza estética y biográfica de mayor valor tanto capital como social”, reitera.
La conclusión de Tonatiuh Castro:
“Una sociedad local que se niega a formular u omite la sistematización de su espectro artístico renuncia a los logros que forjan la identidad del presente”.
En Hermosillo y en Sonora, empezar a coleccionar arte local, desde el hogar, una galería o una institución, es una forma de resistir la amnesia, de afirmar que el arte no es ornamento sino memoria.










