Tras trece años y cuatro intentos de EFICINE, Eduardo Esparza culminó un documental que celebra la perseverancia y el cine hecho desde Sinaloa.
Grecia Bojórquez/ NORO
En 2012, el cineasta mazatleco Eduardo Esparza comenzó un proyecto que marcaría más de una década de su vida: Con un pie en la gloria, un documental que retrata la historia de Los Zorros de Sinaloa, el primer equipo de futbolistas amputados de México.

Lo que inició como una curiosidad acompañando a periodistas locales terminó convirtiéndose en una de las producciones más importantes del cine regional reciente, hecha en Sinaloa y lograda con el Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (EFICINE) al cuarto intento.
“El proyecto inicia en el 2012 y terminó en el 2025”, relata Esparza durante la entrevista con NORO. “Fue un recorrido de 13 años para acabar este proyecto grande. En ese lapso estuve haciendo otros ejercicios de cine documental, fue un asunto de aprender a hacer cine”.

Durante ese tiempo, el director realizó cortometrajes y mediometrajes paralelos, como Icema, Luces sin destino, Las ruinas del Milán y Brito, mientras desarrollaba una película que se convertiría en testimonio de la constancia.
El proceso fue largo y también profundamente local. Esparza decidió quedarse en Mazatlán y construir desde ahí una red de colaboradores que hicieran posible el proyecto. “Yo soy de los que se queda en el rancho y sigo trabajando en el rancho”, dice.
“Me da mucho gusto que se esté notando que hay gente de Sinaloa haciendo cine. Somos pocos, pero locos, y estamos chingándole”.
EFICINE al cuarto intento: producir desde el noro
Entre los principales logros de Con un pie en la gloria destaca la obtención de EFICINE, el estímulo fiscal más relevante del cine mexicano, alcanzado después de tres intentos fallidos.

“Uno dice la clásica: la tercera es la vencida. Pero en este caso no. Estuve ya aferrado a buscar financiamiento porque es la única forma de hacer cine como se hizo”, cuenta Esparza.
Lograr el estímulo implicó formalizar procesos, profesionalizar a su equipo y sostener una producción desde una región donde el cine aún es incipiente.
“Cuando se empezaron a hacer las cotizaciones, a pesar de que haces cine fuera del centro, tus cotizaciones tienen que ser basadas en el centro del país. Sigue habiendo un cierto centralismo en ese aspecto”, explicó el director sobre las condiciones de trabajar fuera del centro del país.

Ante esa brecha, el equipo se propuso formar una comunidad profesional en Sinaloa. “Para que se profesionalice la raza, tiene que facturar. Nunca falta el que es un chingón para la cámara, pero no factura. Entonces, ‘híjole, serás muy mi compa, pero ocupo que me facturen’. De esa forma ya estamos profesionalizando”.
Con un pie en la gloria se convirtió en la primera película producida en Mazatlán que obtiene el EFICINE, con un equipo compuesto casi en su totalidad por talento sinaloense. Para Esparza, esto demuestra que el noro también puede producir cine de calidad con identidad propia y capacidad técnica.
La historia detrás de Con un pie en la gloria
El inicio de Con un pie en la gloria surgió cuando Esparza conoció a Los Zorros de Sinaloa, acompañando a los periodistas Luis Brito y Francisco Cuamea, quienes realizaban un reportaje fotográfico titulado Almas de acero.

“Entré con ellos y los futbolistas me recibieron bien porque pensaron que yo era prensa. Yo duré como unos dos meses de metiche sin meter cámara, nomás ahí acompañándolos”, recuerda.
Con el tiempo, comenzó a registrar su historia y a entender la profundidad del tema. Un grupo de hombres que, tras perder una extremidad, encontraron en el fútbol una forma de reconstruir su vida.

Durante los primeros años, los jugadores aún creían que Esparza era periodista. “Me decían el periodista y yo así: ‘Ey, aguanta, es que voy a hacer una película’. Y el periodista, y el periodista, hasta que dije: ‘bueno, no me entiendes’, pues yo sigo hasta que me detengan. Y pues no me detuvieron en 13 años”.
Esa persistencia se muestra en la convivencia con los protagonistas y en la manera en que el proyecto evolucionó. Con un pie en la gloria pasó de en una grabación espontánea a una obra documental con una estructura narrativa de largo aliento que logró ser aceptada por los mismos integrantes del equipo.
La película, que combina cine directo, animación y archivo, construye una crónica y una mirada contemporánea sobre la resiliencia y la colectividad.
Cine del noro con identidad
El documental no aborda la violencia de manera directa, aunque, al situarse en Sinaloa, su presencia es inevitable en ciertas tomas, como la presencia de policías armados, sonidos de patrullas. Sin embargo, Esparza aclara que su intención fue otra.

“La película no habla de la violencia. No tiene violencia, pero es curioso porque la gente de fuera la ve y dice: ‘Órale, qué maniaco’. Y sí, es cierto que está bien rudo, pero para uno es normal. Es contexto, tristemente normalizado”, detalla.
Lo que sí busca es mostrar realidades complejas desde una mirada empática. “Cambiar la narrativa de dónde vivo, pues no. Más que nada me gusta evidenciar la realidad y darle un contexto a esta realidad”, explica.

Esa visión también se traduce en su manera de defender el lenguaje y los matices del noro. “Defendí mucho los subtítulos. Acá decimos chilo y no chido. Cuando nos subtitularon, les dije: así se dice y así me la dejas. Como autor, quiero hablar como sinaloense”.
La música, creada por Eduardo Dueñas, y la fotografía de colaboradores regionales, completan una obra que apuesta por lo local con ambición global.
“Son productos locales que bien hechos pueden funcionar en cualquier parte del mundo. Apostamos porque Sinaloa va a funcionar sin mostrar la violencia, pero sí mostrando las cosas reales del mexicano”, afirma el director.
El valor de la constancia
Después de trece años de trabajo, la película inicia en 2025 su recorrido por festivales nacionales e internacionales, con la intención de llegar a plataformas en 2027. Con un pie en la gloria ya le concedió a Esparza el reconocimiento a Mejor Director en Verano Vienés, The Latin American Photo & Film Fest.

Para Esparza, los reconocimientos pasan a segundo plano; su intención es compartir un mensaje que perdure: “Me gustaría que la película se viera por el mayor número de personas posibles. Espacios como este nos interesan muchísimo, porque todo se va al centro del país”.
El director también llama a las instituciones culturales y a las productoras a pensar en nuevas formas de distribución. “Se pueden poner películas mexicanas en los camiones, una serie de cortometrajes regionales. Que vean cine local, cine familiar, bien hecho. Ahí está la industria”.

Con un pie en la gloria es, al final, una prueba de que la perseverancia puede convertirse en política de producción. Esparza lo resume con una frase que sintetiza su recorrido:
“Hacer cine en Mazatlán, desde Mazatlán y con mazatlecos. Es un logro, un orgullo del noro”.










