Los fanzines son comunicación y resistencia, pero también son un herramienta artística, creativa y educativa
Por Edgar Ludert
Director Regional Noroeste de Arte y Diseño – Tecnológico de Monterrey Campus Sonora Norte
En un rincón del escritorio, entre tijeras, cinta adhesiva y tinta de soya, algo se imprime. No es una revista ni un folleto publicitario. Es un acto de resistencia, un grito íntimo, un zine. Este objeto de bordes imperfectos, que cabe en las manos y vibra como pan recién salido del horno, tiene una historia que contar y se convierte en artefacto cultural.

Voces que escapan de la superficie
El término “fanzine” fue acuñado en los años 40 por Louis Russell Chauvenet, quien combinó “fan” y “magazine” para nombrar algo que no era lo uno ni lo otro; algo nuevo, algo libre.
Durante décadas, los fanzines han sido territorio fértil para lo que no cabe en las revistas mainstream de circulación nacional. En los años 60 y 70 fueron vitales para las escenas contraculturales de Nueva York, Londres, Los Ángeles y México (La piedra rodante). Desde el punk hasta el feminismo radical, desde el cómic hasta la poesía política, el fanzine ha sido el medio donde lo incómodo florece. Su estética cruda, su collage intuitivo, sus errores de impresión y sus tipografías hechas a mano no son defectos: son parte de su lenguaje. Los zines hablan desde el margen, sin permisos, sin correcciones, sin jefes de edición.

¿Amateur? No. Auténtico.
Detrás de cada fanzine hay alguien que sabe, que investiga, escribe, dibuja, arma, imprime y distribuye. Alguien que no espera validación editorial para decir lo que piensa. Así, el fanzine se convierte en un espacio de libertad: político, emocional, artístico. Es un objeto que no solo se lee, también se siente y se guarda como quien guarda una carta importante. Son publicaciones que se niegan a ser efímeras, actúan como espejos culturales de su tiempo, cargadas de crítica, humor y sensibilidad. Se han descrito como heterotopías, espacios con lógicas propias donde el diseño deja de ser ornamento para convertirse en acción.

Estudiantes de Sonora
Desde 2022, en la materia de Cultura Visual y Sonora se han conceptualizado y producido más de 120 fanzines, nacidos desde las inquietudes más profundas de las y los estudiantes. El fanzine se convierte aquí en un formato catártico, un dispositivo visual, crítico-creativo, que exige de quien lo piensa un aterrizaje emocional profundo, partiendo de un proceso de investigación-creación. Algunos de los temas que han desarrollado son: Disforia y Dismorfia, Cultura Femcel, El amor como autodestrucción, el síndrome del impostor, el mar, la mirada como fuente de información, lo nefasto, etc.

Cambiar una entrega tradicional como el ensayo por un formato más libre, sin límites en códigos ni expresiones, permite reflejar colectivamente un sentir generacional: un termómetro de intereses, afinidades, preocupaciones y motivaciones. Un espejo, muchas veces, de la juventud y sus mundos interiores. Al final del semestre, se celebra una feria de zines donde cada estudiante puede intercambiar hasta tres de sus creaciones con sus compañeras y compañeros. Es una forma de compartir su vulnerabilidad, de extender su senti-pensar y, quizá, de inmortalizar su juventud.
La Riso: una máquina emocional
Si el fanzine es un acto, la Riso es la herramienta perfecta para llevarlo a cabo. Esta impresora japonesa, mitad fotocopiadora, mitad serigrafía, fue inventada en los 50 pero encontró su lugar en el arte contemporáneo mucho después. Funciona con tintas de soya, plantillas perforadas y un mecanismo de impresión que parece analógico, pero no lo es del todo. El resultado: impresiones vibrantes, únicas, con texturas que se sienten con la yema de los dedos. La Riso no imprime como otras máquinas. Falla, mancha, se desajusta y por eso la amamos. Es una máquina emocional que invita a experimentar, equivocarse y jugar. Como dice Ken Kirton de Hato Press, “la Riso es más un pincel que una impresora”.

Arteducación
En el aula, el fanzine ha encontrado un nuevo territorio fértil a través de la arteducación: una pedagogía que no solo transmite conocimientos, sino que se pregunta, provoca, conmueve, y confronta. Bajo este enfoque, crear un fanzine es más que un ejercicio gráfico: es una forma de intervención cultural. A través del collage, la poesía, la fotografía, el dibujo o la escritura a mano, el fanzine se convierte en un medio para que las y los estudiantes articulen sus visiones del mundo, construyan pensamiento crítico-creativo y exploren los dilemas de su tiempo.

Fanzinear es resistir
En tiempos donde todo se optimiza, se programa y se automatiza, hacer un fanzine es ralentizar, es volver al papel, a lo análogo, a lo 100% humano. Es retomar el control del discurso. Fanzinear es decir: esto me importa y quiero que lo leas. Es una acción política, creativa y profundamente humana. En el norte, donde la tierra es árida y las temperaturas rebasan los 45 grados, los fanzines están germinando como yerbas tercas que nadie puede arrancar.




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