Hermann Neudert empezó grabando con sus hermanos por juego en Hermosillo y terminó fundando una casa productora que hoy trabaja con artistas internacionales sin soltar su identidad norteña.
Grecia Bojórquez/ NORO
A mediados de los dosmiles, Hermann Neudert grababa con sus hermanos Kenneth y Karl y con amigos para un canal de YouTube llamado Matricida. No había plan profesional, solo la urgencia de crear y divertirse.

“Lo que buscábamos era hacer lo que nos gustaba más que lo que debíamos, como no era un trabajo, solo era una pasión, lo veo con mucha inocencia, con mucha energía, con mucho brillo en los ojos”, dice Hermann para NORO. En ese mundo ordinario de videos caseros se instaló, sin que lo supieran todavía, el llamado a contar historias.
El juego que se volvió oficio
Cuando llegó la hora de elegir carrera, Neudert estudió Comunicación en la UNISON porque el cine estaba fuera de su alcance económico. “Yo no podía pagar, no podía estudiar cine”.
La universidad avanzó en paralelo a lo que pasaba afuera, seguía grabando, editando y probando, con sus hermanos como equipo constante. El permiso familiar fue más importante que cualquier equipo caro.

“Nuestra familia tal vez no nos pudo dar ciertas cosas, pero nos dejó ser. Nos dio amor, esa madre es lo más importante”, se sincera.
Hermann se reconoce como alguien que creció en el sur de Hermosillo. “Yo soy de la Nuevo Hermosillo”. Más que un dato biográfico, esa procedencia moldeó su encuadre, el de filmar desde el barrio, desde el centro donde trabajó su familia, desde lo cotidiano. Años después, esa mirada sería parte de su sello.

Los primeros trabajos pagados llegaron cuando todavía estaba entre prepa y universidad. Eran encargos nacidos del círculo cercano, videoclips para bandas locales, comerciales chicos, cualquier proyecto que les permitiera seguir creando.
“Me empezaron a pagar, me empezaron a decir: ‘Oye, ¿sabes qué? Me gusta lo que haces, hazme un video musical, hazme este comercialito’”. En cuanto apareció el pago, el juego cruzó el umbral hacia el oficio; lo que antes era hobby empezó a exigir método, entrega y continuidad.
Hermann Neudert: aprender cine sin escuela de cine
Sin una escuela formal de cine, Neudert se formó con lo que tenía a la mano: internet, práctica y retroalimentación. “La información ahí está en internet. El problema es que hay mucho ruido, pero pues ahí los tutoriales ahí están”.

Su aprendizaje inicial fue imitativo, sin reglas claras, y eso le permitió experimentar sin miedo. A ese arranque le llama “la bendición de la ignorancia”. Con el tiempo, la técnica dejó de ser suficiente y apareció una pregunta más grande: cómo narrar.
“Empezamos a entender, hablando del cine, que es evidentemente nuestra gran pasión, que el cine más que algo visual era un lenguaje”, agrega Hermann.

Ese cambio de enfoque, de grabar a contar, atravesó su ruta autodidacta con foros, libros, observar otras miradas, y sumar experiencia en sets locales. Cada proyecto apilaba práctica, pero aún faltaba una crisis que obligara a ordenar todo.
El quiebre: 2017
La crisis llegó cuando Cartoon Network, los buscó para presentar un proyecto basado en su contenido web. Tenían ideas, pero no dominaban guion. El acercamiento que tuvieron por “El show de Karl” en su canal de Youtube se cayó y dejó una lección.
“Yo no sabía cómo escribir un guion, vieron que estábamos muy verdes. Ahí me cayó el 20 que tenía que profesionalizarme, aprender el idioma de la industria”, explica Hermann. Ese rechazo funcionó como abismo, o subían de nivel o el camino se quedaba en la misma etapa.

Neudert respondió con disciplina, pues estudió guion en línea, se levantaba de madrugada a tomar cursos, escribió y reescribió. De ahí salió Las rancheras (2017), cortometraje con el que ganaron un estímulo local y que filmaron como proyecto comunitario en Hermosillo junto a sus hermanos y una red amplia de apoyo.
“Hicimos un cortometraje con todo el corazón, obviamente estaba mi mamá, mi papá, mi perro, mi abuela. Todos mis amigos randoms. Hermosillo se portó bien chilo, toda la gente nos apoyó”, recuerda.

El corto entró a festivales, ganó en el Festival Internacional de Cine de Morelia y abrió puertas fuera del estado. Cuando otros cineastas le preguntaban dónde había estudiado, la respuesta era la misma que lo había acompañado desde el inicio: “En YouTube”.
A partir de ahí, Hermann ubica una transformación. “Si puedo decir un año que lo cambió todo, 2017”. La recompensa fue entender que podían hablar el lenguaje del cine sin haber entrado por la vía tradicional.
Neuderts y la apuesta “glocal”
Después del corto, el colectivo familiar se formalizó como casa productora. Neudert explica esa decisión con sencillez, la de dejar de ser solo un experimento juvenil y asumirse como estructura profesional.
“Formalizamos que éramos como un colectivo creativo, una casa productora. Neuderts es de que nuestro apellido, con una S de que somos varios”. El núcleo quedó integrado por Hermann y sus hermanos Wenzel, Kenneth y Gustavo, con quienes el proyecto ha crecido hacia colaboraciones nacionales.

Por otro lado, el Hermann retoma un concepto que aprendió en la universidad para explicarlo: “glocal”, ser global siendo local. La ciudad que ha aparecido en sus videos no es un decorado turístico, sino territorio vivido, que son barrios, centro, cerro, desierto, carretera.
“Vamos a retratar Hermosillo como realmente es Hermosillo, al menos para nosotros, la gente llega porque eres sincero”, dice. Esa sinceridad, más que cualquier estrategia de marca, fue lo que volvió reconocible a Neuderts en el circuito musical.

“Mi primer artista que confió en nosotros fue nuestro hermano menor, Karl”. Su participación en Señor Kino se convirtió en un empuje para la productora, videoclips, giras y escenarios donde el proyecto familiar empezó a rozar industria grande.
“Nuestro hermano pequeño tuvo un proyecto musical durante varios años. Señor Kino se llamaba, terminamos en Coachella. Nuestros videos empezaron a pasar en el metro de la Ciudad de México”, explica. Esa etapa estableció al equipo en producción musical y amplió su red fuera de Sonora.

La expansión continuó con otros artistas del norte. Uno de los puntos más visibles llegó cuando Ed Maverick eligió a Neuderts para su primer gran videoclip. Fuentes de Ortiz, filmado en Sonora, se volvió carta de presentación masiva.
“Necesitaba su primer video musical para lanzarlo, lo filmamos aquí en Hermosillo, en las dunas de San Nicolás y la neta es que eso fue una carta de presentación al mundo”. Para Neudert, la conexión fue natural, un artista norteño buscando una mirada también norteña.
Ahora, Neuderts, su casa productora, ya ha filmado videoclips para artistas como Kevin Kaarl, Simpson Ahuevo y David Aguilar.
Irse para volver
Hace tres años, Hermann se mudó a Ciudad de México para aprender dentro de una industria más grande. Lo cuenta como un movimiento para aprender más rápido y a otra escala.
“Me fui para mejorar. Me di cuenta que todos sabían más que yo y había mucha apertura a ayudarme”, señala.

En su balance, la diferencia de escala fue contundente. “En 3 años se aprendió lo que hubiera aprendido en 15 aquí en Hermosillo a nivel industrial”. Allí entendió que el oficio se sostiene con tres planos simultáneos: lo artístico, lo económico y “lo político”.
El aprendizaje no cambió su brújula geográfica, pues Neudert insiste en que su cine pertenece al noro. “Yo me fui para volver, mi cine lo voy a hacer aquí en Sonora, en Chihuahua, en Sinaloa, en Baja California”.

El sueño de fondo sigue abierto y en construcción, el de filmar largometrajes y vivir de ellos. “Mi sueño es hacer cine, largometrajes y poder vivir de eso”. Para sostener ese objetivo, su lógica es pragmática.
“Uno no hace para hacer dinero, si no hace dinero para hacer cine”, añade.
Parte del regreso ocurre antes de volver a vivir físicamente en el estado, desde hace años da clases y talleres en distintas ciudades del noroeste para compartir rutas de formación.

“Lo que falta aquí es formación y pues tal cual, por eso doy clases, las cosas que me ha dado la vida las tengo que devolver”. Para Neudert, enseñar no es filantropía abstracta, es construir un ecosistema donde más gente pueda sostenerse creando.
“Para mí éxito es poder vivir de lo que me hace feliz y hacerlo con la gente que amo”
Neudert define el éxito lejos de la idea de llegada rápida. Lo entiende como coherencia con la vocación y con la gente que lo acompaña.
“Para mí éxito es poder vivir de lo que me hace feliz y hacerlo con la gente que amo”, enfatiza.
Esa forma de medir no borra el desgaste, el camino artístico tiene salidas laterales, pausas, renuncias. “Esta carrera es una carrera de aguante, no una carrera de tiempo”. Su propia historia es prueba de esa resistencia, más de una década de trabajo antes de que el salto se volviera visible.

En su lectura del presente, el norte atraviesa una visibilidad cultural singular que no quiere desaprovechar. “Topan que estamos de moda [hablando del norte]. Estoy seguro que va a seguir por muchísimos años más”.
Para él, ese momento implica responsabilidad, generar industria real, abrir espacio a talento local, evitar que el crecimiento dependa siempre de migrar. De ahí también su insistencia en incluir equipos sonorenses cuando filma en casa y en construir procesos que funcionen como escuela práctica.

El hilo que atraviesa la ruta de Hermann, desde Matricida hasta Neuderts, es colectivo. Empezó como juego entre hermanos, se volvió oficio con amigos y comunidad, y hoy se sostiene como empresa creativa familiar con un proyecto mayor todavía por cumplir.
“Si estamos hablando de comunidad, juntémonos, hablémonos, respondámonos, ayudémonos. Esa es la única manera en que este barco va a jalar bien, porque ya está jalando. Pero hay que ponerle motor para meterle turbo”, concluye.
En esa idea queda el aprendizaje central de su camino, crear desde donde estás, formarte con lo que tienes, aguantar el proceso, y devolver al lugar que te hizo posible.










