La profesionalización del cine en Sonora abre paso a nuevas narrativas. Para Jorge Leyva, el terror, antes marginado, encuentra en el desierto un territorio creativo con proyección internacional.
Ricardo Amador / NORO
Jorge Leyva ha sido testigo y parte del proceso mediante el cual el noroeste del país se ha consolidado como un territorio viable para la producción cinematográfica profesional. A lo largo de más de dos décadas, ha desarrollado su trabajo en un contexto donde no existía infraestructura técnica ni una cultura de rodaje.
Desde su perspectiva, sin embargo, la escena es cada vez más sólida y profesional, al punto de que algunas de sus películas han comenzado a circular en plataformas de alcance internacional, como Mis demonios nunca juraron soledad, recientemente incorporada al catálogo de Prime Video.
Leyva comenzó a hacer cine en Sonora a finales de la década de los 2000, cuando se decía que filmar fuera del centro del país era una desventaja estructural dentro de la industria de cine mexicana, según relata.

De acuerdo con el propio cineasta, la falta de equipos especializados, casas productoras, apoyos institucionales y redes de trabajo colocaba a los estados del norte en una posición marginal frente a la Ciudad de México.
En ese mismo contexto, su trabajo empezó a orientarse hacia el cine de género, particularmente el terror terror desde muy joven, a partir de las primeras películas que vio y del impacto que estas tuvieron en su forma de entender este arte.
“Yo cuando estaba chiquito, pues era muy fan de las películas que todos como fan, ¿no? Yo veía El exorcista, veía este Evil Dead, veía este Depredador, las películas que todos los chavitos de mi edad veían”, relató.
También añadió que esas historias lo marcaron por la manera en que colocaban situaciones extraordinarias en contextos cotidianos. El director ve en el terror un espacio de libertad expresiva que le permite trabajar con lo oscuro y lo simbólico sin las restricciones de otros géneros.

“Hay como una creencia que no sé en qué momento se volvió este dogma en el que decías, ‘el cine de ciencia ficción no se puede hacer en México’, ‘el cine de acción no se puede hacer en México’ y curiosamente todo el cine que no se puede hacer en México es el que vemos en el cine en México”, contó.
Para él, esta contradicción ha provocado que gran parte del público busque cine de terror en producciones extranjeras, mientras el cine nacional se aleja de los intereses de la audiencia. Pero busca cambiar la perspectiva a través de cine local que cuente historias de este género.
La Tuerca Films y el inicio de una industria cinematográfica sonorense
Jorge Leyva fundó La Tuerca Films a inicios del 2000, en un momento en el que prácticamente no existía una industria audiovisual formal en Hermosillo. No había casas productoras consolidadas ni un mercado claro para el video o el cine independiente, y producir contenidos audiovisuales era visto más como un complemento de la televisión local que como una actividad profesional autónoma, según relata el propio cineasta.
Leyva, junto al equipo de La Tuerca, comenzó a filmar desde la intuición y el aprendizaje práctico, apostando por la idea de que, con el tiempo, existiría una necesidad real de producciones con identidad propia.

“No podía ser un cineasta. Si no hay casas productoras, si no hay nada, tú no podías decir: ‘Yo soy un cineasta’”, recuerda Leyva.
Para el sonorense, esa percepción empezó a cambiar de manera gradual pero sostenida desde aproximadamente una década.
“En Hermosillo hay gente profesional que hace cosas de manera profesional que no se les tiene que enseñar cómo hacer su trabajo. Es gente que ya lo ha hecho, y lo ha hecho en producciones importantes. Ha habido una profesionalización muy grande en los últimos 10 años”, añadió.
Ese proceso, afirma, ha permitido que el cine deje de ser una actividad excepcional para convertirse en una práctica cada vez más integrada a la dinámica de la región.
Cine del noroeste ya puede tomar riesgos creativos como el terror
Con las condiciones técnicas cubiertas en Sonora, Leyva considera que el siguiente paso para el cine en Sonora no es solo atraer producciones externas, sino generar propuestas propias con una identidad clara. En su caso, esa apuesta se centra en el cine de género, particularmente el terror.
“A mí el género me parece la única manera de hacer cine de una manera libre. Porque todos los rechazados, todo lo que es raro, todo lo que es oscuro, a mí me encanta y te da una libertad tremenda poder expresarlo y hacerlo”, contó.

Para el director, el género permite abordar temas sociales y emocionales desde un lenguaje simbólico, sin las restricciones narrativas que suelen imponerse al cine considerado “serio” o “realista”.
A lo largo de su trayectoria, ha desarrollado historias que parten de contextos locales para abordar problemáticas sociales y emocionales más amplias. Su primera película, Más amaneceres (2013), filmada en Bahía de Kino con recursos limitados, cuenta la historia de un niño enfrentado a un entorno de violencia para reflexionar sobre la desigualdad, la corrupción y la desensibilización social en México.
Posteriormente, Leyva trabajó en otros proyectos como No estás soñando conmigo (2015) y Mis demonios nunca juraron soledad (2017), en los que sigue explorando personajes comunes colocados en situaciones límite.
Infraestructura y operación local para el cine sonorense
El crecimiento del cine en Sonora no se limita al talento creativo. Para Leyva, el estado cuenta con servicios capaces de sostener producciones de mayor escala sin necesidad de importar todos los recursos desde otros lugares.
“La verdad no tengo ninguna desventaja para dirigir desde aquí. Aquí se puede filmar y hay cultura de filmación. O sea, siento que hay respeto de la gente que ve una producción”, señala Leyva.

El cineasta destaca la existencia de proveedores locales de transporte, renta de equipo, hospedaje y alimentación.
“Infraestructura, hoteles, gente que te renta los caterings, gente que te renta las camionetas. Si no hubiera eso, yo creo que no vendría a tocar Shakira. [La infraestructura para hacer cine] es una realidad, aquí se puede filmar”, afirmó.
Este ecosistema puede reducir costos, tiempos de producción y dependencia externa, factores que antes hacían inviable rodar en la región.
El desierto como espacio narrativo para el cine de terror
El nuevo proyecto de Leyva, actualmente en preproducción, se inscribe dentro del folk horror, un subgénero que vincula el terror con el territorio, las tradiciones y los miedos colectivos. La película se filmará en Sonora y utiliza el desierto como elemento central de la narrativa.

“Es una película de folk horror, y está ubicada aquí en el desierto. Está padre, estará padre. Nos hace falta una pieza interesante de género que demuestre que aquí a nivel local ya podemos competir con una película pues que esté de factura internacional”, relató.
El cineasta explica que el entorno desértico no funciona solo como locación, sino como una carga simbólica que dialoga con temas como el aislamiento, la violencia normalizada y la resiliencia social.
Impacto en la industria local en el desarrollo de carreras
Leyva subraya la importancia de que el cine se realice con equipos locales y generen continuidad laboral. La repetición de rodajes permite que técnicos, creativos y artistas encuentren en el cine una opción profesional sostenida.

Este proceso, relata que es clave para consolidar una industria creativa en Sonora que no solo reciba producciones externas, sino que también exporte historias propias.El rodaje de la nueva película de Jorge Leyva está previsto para los próximos meses en locaciones del desierto sonorense.
u desarrollo se suma a un momento de transformación para el cine en el noroeste del país, donde Sonora comienza a posicionarse no solo como set, sino como un espacio desde el cual se producen narrativas capaces de dialogar con audiencias más allá de la región.




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