Tras 25 años de su fundación la Sociedad Artística Sinaloense (SAS) es un referente en el circuito de las artes escénicas en México. Este proyecto busca catapultar al talento local y llenar los teatros de Culiacán con las mejores producciones locales e internacionales.
La historia de la Sociedad Artística de Sinaloa no inició con una ovación, sino con un silencio. Empezó con las butacas prácticamente vacías del Teatro Pablo Villavicencio —el más importante de Culiacán— durante una función de una compañía de danza contemporánea. La poca concurrencia de la noche tocó una fibra sensible de los empresarios Agustín Coppel e Isauro Ancira. Ambos ocupaban un par de escaños disponibles en la sala y, para ellos, aquello no era una falta de talento, sino un problema estructural. Uno relacionado con conectar las artes escénicas con el público local.

El proyecto tras bambalinas para llenar los teatros
Esa función —con un sinfín de butacas libres— fue el catalizador para crear el SAS. De ahí, surgió la visión para crear una institución privada capaz de gestionar, producir y llenar los teatros con piezas de calidad desde las producidas localmente, hasta las de renombre internacional. La misma visión, la de hacer de las artes escénicas una cita obligada y un espacio para catapultar al talento local y a la par crear comunidad. Más allá de procurar una cartelera variada se trata de poner a Sinaloa en el protagónico.
“Tenemos ese propósito vital de que Sinaloa se hable y se vea desde otro escenario”, dice Miriam Gastélum, directora general de la organización.
25 años después de su fundación en 1999, el SAS no solo ha llenado los teatros de Culiacán con una agenda multidisciplinaria que incluye danza, música y teatro. También ha marcado hitos que le han hecho un referente en el circuito de las artes escénicas del país. Con orgullo, Miriam menciona ejemplos como la producción de Tres días de mayo, una obra sobre Winston Churchill que estuvo de gira por siete estados de la república. Además, puso en evidencia el brazo y buen tino de la SAS para levantar producciones.
“Pudimos demostrar lo que somos capaces de producir y de hacer teatro siendo ‘de provincia’, como muchas veces se nos cataloga en la Ciudad de México”, declaró Miriam Gastélum.

La organización ha tenido la agudeza de identificar grandes estrellas antes de su explosión masiva. Un ejemplo claro fue traer al tenor Javier Camarena a Culiacán justo después de su histórico éxito en el Met de Nueva York. A esta lista, Miriam suma con una sonrisa la producción de la ópera Aida —la reconocida puesta en escena del italiano Giuseppe Verdi—.
“La SAS fue la primera organización en el país en obtener más de 9 millones de pesos de una convocatoria nacional de EFIMÚSICA para producir esta ópera”, reafirmó la directora.
Ese presupuesto les permitió llevar a Culiacán la escenografía de la Ópera de San Diego para el montaje y fichar al visionario director mazatleco Enrique Patrón de Rueda, conocido, entre otras cosas, por dirigir a la orquesta que acompañó a Juan Gabriel en su histórico concierto en Bellas Artes.
La visión de la SAS: el arte como catalizador social
Huelga decir que la curaduría de la SAS se guía por un estándar de calidad riguroso. El equipo analiza constantemente que está en la mira de la crítica nacional. Incluso, en las carteleras de los grandes festivales internacionales, como el de Edimburgo, para llevar a Culiacán lo mejor: desde circos canadienses hasta compañías de Budapest. Pero la calidad técnica es solo una parte.
Para el SAS el arte es, y será siempre, un catalizador poderoso, capaz de conmover audiencias y de transformarlas. «No es nada más que te la pases bien», explica Miriam, lo que buscan es contenido que sea un detonante para la audiencia, aunque toque temas sensibles como la migración, la depresión, el suicidio o el acoso.

El arte se utiliza como un vehículo para reflexionar sobre la propia vida. El mejor ejemplo que Miriam Gastélum tiene a la mano es el montaje de la compañía española Pont flotant, Eclipse Total, que estuvo en cartelera el año pasado.
“[La obra] habla sobre la vida de todas las personas y justo empieza con dos amigos que están sobre una mesa cubiertos, como si estuvieran en su funeral. Mientras que, en la pantalla, aparecen preguntas como a quién le diste su primer beso, cuál fue tu peor fracaso, preguntas que te hacen pensar en tu vida, en tus momentos felices y en qué recuerdos te llevas si mañana trasciendes”.
Este impacto, el que Miriam asegura, trasciende las paredes del escenario y del teatro y que los asistentes se llevan a casa. “El público sale del teatro y cambia la forma en que interactúa con su familia, sus amigos o su equipo de trabajo”, reiteró.
Los retos de la Sociedad Artística de Sinaloa para el futuro
Tras 25 años de una dirección y consejo estables, la SAS ha iniciado un proceso de transición profundo. El año pasado se reestructuró el consejo al encontrar una visión que trascienda las fronteras locales e integre a figuras clave del panorama cultural nacional.
El nuevo consejo cuenta con nombres como Magnolia de la Garza, curadora y colaboradora en Colección Isabel y Agustín Coppel, o Ramón Ramírez, director de relaciones públicas en Fundación Cinépolis. Además de un comité asesor con directivas de la música de Morelia, el Bosque de Chapultepec y Ocesa Teatro.

Esta nueva etapa busca consolidar a la SAS como un referente internacional de producción y cuidado artístico. La visión a largo plazo es ambiciosa: fortalecer al equipo local y al semillero de talento sinaloense, mientras se llevan las giras de producción local más allá de Culiacán y Sinaloa. La SAS sigue trabajando bajo la convicción de que las artes son el trampolín ideal para comunicar todo lo positivo de las tierras sinaloenses.
Este año, la primera parte de la temporada del SAS reúne a cuatro producciones que giran en torno a la esperanza: el musical Siete veces adiós, dirigido por Alan Estrada; la obra Ecos a través el tiempo de Gospel Factory, que recrea la fuerza de los coros afroamericanos; Las Manos, un monólogo del pianista español Jorge Bedoya, y una pieza de danza contemporánea, Delay, de la compañía mexicana Physical Momentum que explora nuestra relación con el tiempo.





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