Morritas Films, una colectiva de mujeres que produce cortos, forma nuevas creadoras y busca que el cine sonorense se vea aquí y fuera de aquí.
Grecia Bojórquez/ NORO
Morritas Films nació en Hermosillo como una respuesta práctica a una realidad que sus integrantes conocían bien, la de trabajar en sets donde casi siempre había pocas mujeres.

Antes de ser una productora, fue un punto de encuentro. Zuzeth González, una de sus fundadoras, recordó en entrevista con NORO que al coincidir en distintos proyectos locales se dieron cuenta de ausencias.
“Éramos muy poquitas siempre, siempre éramos las mismas que estábamos en diferentes proyectos”, dijo.
Ese reconocimiento compartido activó una primera etapa de cercanía entre ellas, más social que formal, donde el cine era la excusa para verse y conversar. La colectiva empezó con reuniones en espacios cotidianos: cafeterías, funciones pequeñas, charlas sobre lo que se hacía en Sonora y sobre lo que cada una quería hacer.

En esa fase inicial, el énfasis estaba en conocerse y construir confianza. Con el tiempo, esa convivencia se tradujo en una idea más concreta de trabajo conjunto. El proyecto creció sin prisa, guiado por la necesidad de hacer comunidad en un medio donde muchas veces se trabaja de forma aislada.
De juntarse a producir cine en Sonora
El giro decisivo llegó con la pandemia. La reducción de rodajes y de personal en los sets dejó fuera a varias de ellas, como le ocurrió a muchas personas en la industria.
“En una grabación de 30 personas se redujo el crew a 12, a 10, a ocho y esos ocho no éramos nosotras”, explicó González. La falta de proyectos, lejos de ser una pausa, se volvió un impulso. Si no había trabajo, podían generarlo desde cero.

El primer corto de Morritas Films fue Elena (2022), escrito por Terra Perla y dirigido por Rebecca Arzac, proyecto independiente que comenzó como poema y terminó como guion. Para sacarlo adelante, recurrieron a financiamiento autogestivo y apoyo comunitario.
En su relato aparece una forma de producir muy arraigada a Sonora, con redes cercanas, pequeñas economías, y la voluntad de quienes querían ver cine local hecho por mujeres. “Nosotras financiamos con actividades, vendiendo camisetas, rifas, actividades, patrocinios. Buscamos alianza y de la gente, mucho sonorense que dijo, ‘Ay, quiero apoyarlas’”, contó González. Elena fue una entrada al oficio colectivo, aprender haciendo, con recursos limitados pero con una red que crecía.

Ese esfuerzo abrió otras puertas, una de ellas fue el fondo Visiones del Desierto, del Instituto Sonorense de Cultura. Con ese apoyo produjeron Lentes Rosas (2022), un corto escrito por Amelia Obregón sobre violencia en parejas jóvenes.
El guion se trabajó durante meses y ganó la convocatoria, lo que permitió profesionalizar el proceso. Para Morritas Films, la decisión de colocar a mujeres en puestos directivos era una parte central de su narrativa, no un gesto simbólico. El resultado fue un corto con un crew mayoritariamente femenino y una intención de diálogo con públicos jóvenes.
“Ese cortometraje también queríamos que tuviera una visión femenina. Que los puestos directivos fueran mujeres para tomar ese tipo de decisiones por la temática del del cortometraje, por la visión tan tan bonita, tan femenina que tiene la historia”, explicó su guionista Amelia Obregón.
Cine que se comparte
Para Morritas Films, filmar no termina cuando el corto entra a festivales. En Lentes Rosas decidieron abrir un camino distinto al de la circulación tradicional, porque su interés principal estaba en el encuentro con públicos locales.
“No queríamos que se embodegara el proyecto mucho tiempo, queríamos buscar maneras que se siguiera viendo porque ese es el objetivo principal”, explicó Zuzeth González al hablar de lo que buscaban después de producir el corto.

De esa decisión nació una estrategia que convirtió el estreno en punto de partida. “Armamos la campaña ‘Rompe tus lentes rosas’. Esa campaña era que se presentaba el cortometraje, que una psicóloga hablaba sobre el tema. Llevamos esta charla a secundarias, a prepas, a universidad y fue así como se dio a conocer”, contó González.
Con ese formato, el corto funcionó como detonante de conversación pública y como herramienta para acercarse a juventudes que rara vez son público habitual del cine local.
La colectiva fue conectando con instituciones estatales y municipales para sostener actividades fuera de la pantalla. “Empezamos a trabajar con dependencias como el ISJ, con Itama, con la policía municipal también para enseñar de que el cine que hacemos siempre intenta apoyar a nuestra comunidad local”, señaló González.

El objetivo apuntaba a sumar apoyos y, al mismo tiempo, insertar el cine en circuitos educativos y sociales donde pudiera tener impacto directo. La misma lógica guió la manera en que han llevado sus trabajos a otros espacios de la ciudad.
“Los cortos que hacemos siempre los llevamos a lugares nuevos, no nada más a espacios culturales, sino también restaurantes, cafeterías. Siempre buscamos empezar a conocer a más comunidad y crear esta red solidaria”, dijo González.
En cuanto a los temas, Morritas Films no trabaja desde un catálogo cerrado. Su método parte de lo que cada autora quiere explorar y de un proceso colectivo de acompañamiento. “Buscamos cortos enfocados en la mujer, tú tráeme una historia que te resuene a ti y la platicamos”, explicó Amelia Obregón, integrante del colectivo. Ahí caben relatos sobre violencia juvenil, autismo, bullying o autoestima, pero siempre con una condición, que surjan de una experiencia que valga la pena convertir en cine compartido.
Morritas Films en festivales
El recorrido por festivales ha sido importante para ampliar el alcance de sus historias. El baile de Carmen (2024), su corto más reciente, ganó el PECDA y se realizó con un enfoque artesanal, apoyado por colectivos de danza y teatro. Este ya ha circulado en festivales dentro y fuera del estado, como el Film Fest Tucson y Shorts Mexico.

Para ellas, esa presencia tiene que ver con mostrar que el cine sonorense existe y tiene identidad propia. Obregón lo resumió con una idea territorial: “hay mucho cine que se construye desde la resistencia, desde la frontera que habla de nosotros como sonorenses”.
El reconocimiento externo, sin embargo, no cambia su foco, que las películas se vean, generen conversación y regresen a su comunidad. Por eso están en proceso de publicar sus primeros trabajos en plataformas abiertas, para que no queden guardados.

Y por eso sus exhibiciones siguen ocurriendo también en Sonora, donde se originan sus temas y sus públicos.
“No es que estemos buscando que el premio. Claro que sí queremos un cierto reconocimiento, pero sobre todo lo que queremos es que el cine se vea”, se sinceró Obregón .
Más mujeres haciendo cine en Sonora
Además de producir, Morritas Films dedica parte de su energía a la formación. En Hermosillo no hay una escuela de cine como licenciatura, y ellas lo enfrentan desde la práctica con talleres, asesorías y difusión de espacios de aprendizaje.
Hoy imparten cursos de guion y actuación frente a cámara en la Casa de la Cultura. Lo ven como otra manera de construir industria, formar gente local con herramientas reales.

El siguiente paso es ambicioso y coherente con su trayectoria, el desarrollan su primer guion de largometraje con apoyo de PECDA Sonora. Es la segunda vez que ganan ese estímulo y planean producir la película el próximo año.
“Nosotras esperamos que Morritas se expanda, que vaya a más lugares, que haya más Morritas que quieran aprender a escribir cine, a producir, a dirigir. Que haya una comunidad de mujeres que estén haciendo cine”, concluyen.




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