Aunque el humo de los incendios forestales pueda parecer inofensivo o incluso tener un olor natural, su impacto en la salud puede ser grave e incluso mortal.
Nancy Valenzuela / NORO
El humo de los incendios forestales representa una grave amenaza para la salud pública, especialmente cuando múltiples siniestros masivos, como los que actualmente afectan a diversas regiones de México, liberan una densa neblina contaminante que puede extenderse cientos de kilómetros.
A diferencia de la contaminación atmosférica habitual, el humo forestal contiene una mezcla compleja de partículas finas, gases tóxicos, productos químicos y materiales sintéticos quemados, con consecuencias inmediatas y a largo plazo para la salud.

El humo de los incendios forestales tienen impacto negativo en la salud
La exposición al humo puede provocar irritación en ojos, nariz y garganta, dificultad para respirar, tos, dolor en el pecho, fatiga y dolores de cabeza. Sin embargo, los riesgos van mucho más allá de estos síntomas temporales.
De acuerdo con Kent Pinkerton, coeditor del Centro de Salud y Medio Ambiente de la Universidad de California, se ha vinculado que el humo de incendios forestales con un aumento en ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, asma, enfermedades respiratorias crónicas y hasta cáncer de pulmón.
El riesgo se multiplica cuando el fuego arrasa zonas urbanas, quemando no solo árboles y vegetación, sino también plásticos, metales y otros materiales tóxicos. En estudios de laboratorio, el humo de incendios forestales ha demostrado ser más inflamatorio y dañino para los tejidos pulmonares que otros tipos de contaminación ambiental.

Además, la exposición prolongada o repetida al humo también puede tener efectos duraderos. Investigaciones revelaron que quienes vivieron cerca de incendios forestales tuvieron un mayor riesgo de desarrollar tumores cerebrales, demencia y trastornos cognitivos, además de experimentar secuelas físicas y emocionales durante años.
Grupos de alto riesgo, los más vulnerables ante el humo de incendios}
No todas las personas reaccionan igual al humo. Los adultos mayores, los niños, las mujeres embarazadas, los pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, y las personas con diabetes están en mayor peligro. En embarazos, la exposición al humo se ha relacionado con partos prematuros, bajo peso al nacer e incluso daños celulares en la placenta.
¿Cómo protegerse del humo de incendios forestales?
Para reducir los efectos en la salud:
- Siga los reportes de calidad del aire y evite salir al exterior si el nivel de contaminación es alto.
- Use mascarillas N95 o P100, que sí ofrecen protección frente a las partículas finas del humo.

- Mantenga su hogar cerrado y utilice sistemas de filtración de aire adecuados.
- Evite actividades físicas al aire libre durante episodios de humo denso.
Si padece asma, enfermedades pulmonares o cardiovasculares, siga su tratamiento médico al pie de la letra y tenga medicamentos disponibles.
Con información de CDC, Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y Tec Science




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