Los parques urbanos tienen un poder del que poco se habla: reducen el estrés, pero también purifican el aire, regulan la temperatura y protegen la biodiversidad, convirtiéndose en infraestructura esencial para las ciudades sostenibles.
Ricardo Amador/NORO
Los parques urbanos cumplen una doble función crítica en las ciudades modernas: sostener la salud mental de las personas y mitigar los efectos de la crisis climática, consolidándose como una infraestructura vital que conecta lo humano con lo natural.
Expertos en neurociencias confirman que estos espacios actúan como un «factor de protección de salud»y un «espacio de descanso psicológico» esencial para el bienestar cognitivo.

El Mtro. Eduardo Valdez Baez, licenciado en Psicología con maestría en Neurociencias de la Conducta, explicó a NORO que el contacto con áreas verdes es crucial para la restauración cognitiva.
Valdez señala que la atención dirigida que usamos en el ambiente urbano, como ignorar el tráfico o concentrarnos en el trabajo, es un recurso limitado con un costo neuronal elevado. Lo que sucede con las áreas verdes es que la restauran al permitirnos usar una atención involuntaria que no es desgastante y que promueve un descanso psicológico.
Esta restauración, detalla el especialista, permite que el cerebro recupere su capacidad de concentración y funcionamiento ejecutivo, funciones elevadas como la planificación y la organización.
Beneficios de los parques para la salud física y mental
Para el experto, las áreas urbanas están plagadas de sobrecarga sensorial como ruido, contaminación y prisa que genera estrés crónico y es neurotóxico, asociándose a mayores tasas de ansiedad y depresión.
Los parques, en cambio, actúan como un amortiguador biológico al filtrar contaminantes y ofrecer estímulos sensoriales agradables. Valdez detalla que:

“Hemos visto en estudios que ir a caminar a un bosque disminuye la activación de la amígdala, que es el conmutador de emociones como el miedo y la ansiedad, y hay un decremento en los niveles de cortisol, la hormona del estrés.”
Investigaciones en Japón y Alemania han demostrado que el tiempo en la naturaleza disminuye la activación de la corteza prefrontal subgenual.
“Esta área está muy relacionada con lo que nosotros le conocemos como overthinking, que es un área muy relacionada con pensamientos negativos; y con la naturaleza, su activación se hace menor”, agregó Valdéz.
El especialista subraya que, aunque los parques son un factor protector, no sustituyen una atención médica o psiquiátrica, pero sí facilitan el bienestar al promover la actividad física y la desconexión mental.
Parques urbanos fomentan la cohesión social
Para Valdez, los parques podrían fungir como espacios terapéuticos colectivos que fortalecen el tejido social de una comunidad al ofrecer un punto de encuentro no mediado por la tecnología.
Su accesibilidad intergeneracional hacen que muchos parques urbanos sean lugares de juego seguro para la niñez, un incentivo de movilidad e interacción para los adultos mayores y un punto de conexión donde se refuerzan los lazos comunitarios.

Eduardo advirtió sobre las consecuencias de su ausencia en grupos etarios: “en niños, el hecho de no tener un parque está asociado con un menor desarrollo cognitivo y social, y en adultos mayores, hay una menor satisfacción de vida”.
Además, el acceso gratuito a los parques tiene un impacto económico y social fundamental. El especialista señala la necesidad de estos lugares como espacios de socialización sin costo:
“El hecho de que no haya un requisito económico para ir a un parque puede generar cohesión social. Si no tengo un área de acceso gratuita, tengo que pagar por ir a un restaurante o un café, y eso puede generar segregación en la comunidad”.
¿Cómo reconectar con la naturaleza?
Según Eduardo Valdez, se necesitan aproximadamente dos horas semanales de contacto con un entorno natural para empezar a notar beneficios significativos en la salud mental.
Pero advierte que esto no debe verse como una misión, sino como un hábito. La recomendación principal es dividir las dos horas en pequeños momentos diarios.

Valdez destaca que la falta de privilegios y oportunidades hace necesario buscar alternativas: “Si no tienes acceso tan sencillo a un parque, puedes, por ejemplo, comprar plantas, tener plantas en interior, o el mero hecho de ver documentales, fotos o audios donde vengan sonidos de olas o de un bosque, son protectorios.”
“No se trata de que sea una misión de tengo que hacer mis dos horas, sino que sea un hábito: empezar a prestarle atención a la naturaleza, tratar de involucrarte más con la naturaleza en lo que sea posible para cada persona”, comentó Eduardo Valdez.




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