Miguel Inzunza: vivir la pandemia entre olas y canciones

El trovador Miguel Inzunza conversó con NORO sobre la pandemia, su hogar en el noroeste y la influencia del mar en sus canciones 

Faros, puertos, olas, navegantes, peces y viento son solo algunas de las alusiones sobre el mar que aparecen en las canciones de Miguel Inzunza. Es inevitable que al tomar pluma y guitarra Miguel no piense en su hogar, ubicado en la playa de Las Salinas, en Ahome, Sinaloa. Ahí el artista nació y creció, y hacia allá también lo regresó la pandemia. Poner de nueva cuenta los pies en la arena le permitió a Miguel ir a otro ritmo. 

“El noroeste es mi ADN creativo. Yo bromeo que tengo un sitio al que voy a componer las canciones y es el sitio en la playa donde crecí. Cuando hablo del mar, hablo del mar del noroeste. Cuando en mis canciones aparecen alusiones y mi campo semántico tiene que ver con el mar, es ese mar, el del noroeste, porque ahí crecí y para mí es inherente esa influencia. Yo tengo un pie siempre puesto aquí, el compás está clavado en el noroeste”.

Miguel Inzunza, cantautor

El cantautor tiene ya 22 años de trayectoria, ochos discos lanzados, una nominación a los Latin Grammy y una larga lista de escenarios pisados. En este viaje sus canciones han sido las protagonistas, llevando una propuesta musical sin etiquetas donde la fusión de ritmos y géneros resultan en un estilo de trova alternativa. El sinaloense ha pasado 20 de esos años en la Ciudad de México, sin embargo, la pandemia lo llevó de vuelta al mar. 

Miguel aprecia la vida en el noroeste. Para él, estar inmerso en la experiencia rural y lo que conlleva es una bocanada de aire que le regala la sensación de ir a otro ritmo. Algo útil cuando la vida se vuelve agria.  

“Son escudos de la existencia, yo así lo pienso. Cuando las cosas se ponen muy fuertes y estoy en el centro del país, pienso: hay un lugar donde el atardecer siempre se pinta de color naranja y puedo ir allí cuando quiera. Me da calma saber que existe un lugar donde siempre está la calma, y es el noroeste”, mencionó. 

La pandemia, su tiempo para bajar el ritmo 

Cuando la vida dio un giro por la pandemia, en marzo de 2020, para muchos artistas independientes fue una época de incertidumbre. Miguel lo tomó al principio como un periodo de descanso, “un año sabático”, pues no recuerda un mes en el que no tuviera un concierto en los últimos 20 años. 

“Estuve mucho tiempo de rol y en la pandemia aproveché para darme mi espacio de ocio. Después me secuestró lo creativo. Estudié un posgrado en letras iberoamericanas, compuse algunas canciones y solté algunas”, contó. 

Dos de esas canciones que nacieron y vieron luz en la epidemia fueron La nieta del navegante y Dónde paraba el viento, esta segunda compuesta en coautoría con el dominicano Pavel Núñez, a altas horas de la madrugada y en conexión remota. Este tema en particular es una reflexión de los “momentos trascendentales de la vida que perviven en el recuerdo, a pesar de la inercia y la velocidad del mundo en estos días”.

“Siento que con la pandemia han cambiado algunas cosas, para bien y para mal, pero sobre todo yo he cambiado en la percepción. Tenía rato reflexionando que estamos un poco acelerados y esta fue una oportunidad para probar otra velocidad de la existencia por decirlo de otra forma. A lo mejor suena muy clavado pero la verdad creo que no nos habíamos dado cuenta que íbamos a una velocidad fugaz”, reflexionó. 

En este tiempo Miguel también trabajó como productor en el disco de la cantautora Karina Galicia, presentando recientemente en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris en la Ciudad de México. Además, escribió un poemario que todavía no está seguro de cómo y cuándo saldrá a la luz. La música por otra parte, irá a otro ritmo del acostumbrado. 

Crédito: Cortesía Miguel Inzunza.

“Hay un culto a la velocidad y yo estoy en una especie de resistencia de hacer las cosas así. No he querido producir otro disco, a pesar de que tengo las canciones, porque no quiero someterme a la demanda de esta maquinaria que lo está engullendo todo. Duras dos o tres años entre que compones y grabas un disco, luego dura tres meses en medios. Es una injusticia, lo que estoy pensando es ir dosificando la obra. Es una especie de resistencia como cuando ves a un tortuga cruzando la carretera”, contó. 

Uno a uno con NORO 

En entrevista, Miguel platicó más sobre su poemario, su familia y la situación que se vive en latinoamérica, principalmente en Cuba. Aquí les dejamos más de la conversación. 

¿Ya habías escrito poesía o esta es la primera vez? 

“Yo fui muy aficionado por toda una temporada a toda esta corriente que hubo de la décima (tipo de composición poética), me gustó mucho y me sentí muy identificado, pero tenía una curiosidad de estudiar letras, hacer verso libre y salir un poco fuera del contexto de la poética de la canción. La canción tiene una poética muy determinada, con un sonido y una estética muy de la canción. Tenía curiosidad por experimentar con más cosas de la poesía moderna. Entonces logré acopiar una colección de poesía moderna”. 

¿La pandemia te permitió estar más con tu familia, de conectar diferente? 

“Tengo una hija de 14 años y un hijo de 12, fue muy oportuno para mí este descanso, no para generar una conexión con ellos porque siempre lo he estado, pero sí para una conexión HD. Una conexión profunda y más fuerte. Ahorita estamos todos en la playa conviviendo como familia hippie y nómada, bien raro.  Ellos toman clases por internet con los pies en el agua. Nos dimos chance de eso y además yo siempre les he inculcado una especie de alerta de lo que está sucediendo en el mundo”. 

Hablando de lo que sucede en el mundo, hiciste varios comentarios sobre la situación en Cuba, ¿qué pasa con eso? 

“Mandé apoyo porque tengo entrañables amigos cubanos, dentro de Cuba y fuera de Cuba. Yo tengo un pensamiento de izquierda, soy una persona que privilegia el colectivo por encima del individuo. Pero entiendo que hay fracasos en términos de gobernabilidad. Siento que Cuba llegó a un punto en el que tienen que cambiar las cosas. 

Francamente me alerta pensar que el diablo no duerme, y como dijo el poeta cubano Fernández Retamar en los personajes que establece con relación a la obra de Shakespeare La Tempestad, Cuba es un Calibán, el aborigen rebelde, y hay otra persona que es Ariel, completamente sometido, y siento que otros países de latinoamérica juegan ese rol de sometimiento con respecto a un opresor. Todos sabemos que hay una geopolítica y un orden. Este territorio siempre ha tenido intereses, eso me da desconfianza y hay que estar muy alertas para que no se vaya a capitalizar por interés. 

Siento que el pueblo cubano se merece ser escuchado, ellos tienen sus razones y es tarea de ellos resolverlo. Ojalá que lo hagan y logren vacunarse, por decirlo de alguna forma, del dominio imperialista que es cierto y se ha documentado. Es preocupante, pero eso no es una justificación para permitir que se sigan cometiendo atropellos, que son verdad y eso está sucediendo en Cuba. Mi postura es bastante compleja, quisiera que lograran cambiar la página pero creo que es peligroso. El diablo no duerme y está alerta buscando esa oportunidad”.

¿Crees que la música pueda servir para llevar algún tipo de mensaje sobre esto? 

“Creo que es peligroso, francamente da miedo no contar con suficiente información y eso puede ser muy irresponsable. Levantar la mano y enaltecer una causa sin conocimiento de la causa es arriesgado. Por otra parte, no creo que el arte tenga la obligación de ser utilitario. Si la tiene que bueno, pero no es obligación. El arte puede atender a la forma, no nada más al sentido utilitario o de servicio social. Me gusta cuando sucede y está bien hecho, pero a veces puede no funcionar”. 

Crédito: Cortesía Miguel Inzunza.
¿A dónde sientes que va tu vida en este punto de tu carrera? 

“Siento que estoy en un momento de lectura, que estoy leyendo el mapa. Siento que no estoy en traslación, un poco detenido pero leyendo. A veces la gente se asusta cuando su vida pierde cierta movilidad, creo que en ese momento estás leyendo para dónde vas y tienes que estudiar el mapa. La pandemia ha servido mucho para eso”. 

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