Baruch Argil, mejor conocido como Niño Viejo, reflexionó sobre el arte y la música como elementos de salvación e identidad que construye desde Baja California.
Ricardo Amador/NORO
Desde Mexicali, una de las ciudades más calientes de México, surge la propuesta musical de Niño Viejo, proyecto encabezado por Baruch Argil. Para él, el calor extremo no solo es parte del paisaje, sino un contexto que permea su manera de componer.
“Siempre he pensado que Mexicali es un lugar donde no debería vivir nadie. Es demasiado el calor que hace. Pero aprendes a vivir con eso… con amigos y con cheve fría”, comentó el cachanilla a NORO.

Aunque reconoce que nunca ha compuesto una canción directamente sobre el calor, admite que muchas ideas han surgido durante momentos de sofoco y espontaneidad, como cuando toca sin camiseta en el porche de su casa. Solo él, su sudor y su guitarra.
Ese tipo de momentos, donde el cuerpo y la mente se sueltan, le han servido para liberar ideas y progresiones que luego transforma en canciones. Su música, de alguna manera, también habla del desierto: de su resistencia, de su introspección y de su capacidad para florecer en condiciones adversas.
Entre lo niño y lo viejo, una identidad en movimiento
El nombre artístico de Baruch, Niño Viejo, alude a una dualidad emocional y existencial que lo acompaña constantemente. «En este momento la neta ando cansado, entonces diría que me siento viejo, pero sé que mañana que me despierte voy a tener toda la pila del mundo, entonces me voy a sentir como un niño», dice, reconociendo que su ánimo cambia según el contexto, la ciudad donde se encuentre o el momento creativo que esté viviendo.

En una reflexión imaginaria hacia el futuro, si pudiera hablar con su yo de 80 años, le daría un consejo simple pero poderoso: “Deja de preocuparte tanto”. Aunque admite que, más que dar consejos, le gustaría pedirle alguno a ese Niño Viejo del futuro, reconoce que vivir con menos ansiedad es una meta constante. Es esa búsqueda por el equilibrio entre lo lúdico y lo reflexivo la que también se plasma en sus canciones: melodías con tonos íntimos que funcionan como catarsis.
Niño Viejo ve en la música una forma de salvación y autoconocimiento
“Probablemente no estaría aquí hablando si no fuera por la música”, confiesa Niño Viejo. Para él, componer no es solo una forma de expresión artística, sino un acto terapéutico. Muchas de sus letras nacen sin una intención clara, pero con el tiempo se revelan como mensajes ocultos que él mismo necesitaba escuchar. “Escucho una canción vieja y digo: ‘Algo traía ese día’”.

Una de esas piezas es Lago del Sol, canción que todavía lo confronta cada vez que la escucha. Como muchas de sus composiciones, no fue escrita con un propósito explícito, pero terminó siendo una especie de espejo emocional. «Muchas veces escribo sin pensar, o sin querer tocar un tema en específico”, añadió.
Niño Viejo también reconoce que la música lo atrapó completamente, aunque sabe que podría dedicarse a otras cosas, no se ve haciendo otra cosa que no sea crear canciones.
Rolitas con amor, paciencia y colaboración
Después de años en la escena musical, Niño Viejo presentó en 2024 Amor, su primer disco como solista. El álbum fue producido en el estudio Hoy Es Un Buen Día, en Chihuahua, con el apoyo de Ed Maverick y Caleb Zazueta, LEBO. El trabajo conjunto le permitió salir de la rutina de producir todo desde su cuarto, y abrirse a nuevas perspectivas.
El disco, con un sonido folk con tintes de dream pop, está disponible desde finales de julio en plataformas digitales. Niño Viejo lo define como un intento por compartir la energía que lo impulsa a seguir creando.

Recientemente, Niño Viejo participó en una Live Session organizada por Noro Community Radio, un espacio dedicado a resaltar propuestas musicales del noroeste de México.
En esta sesión, el artista mexicalense interpretó algunas de las canciones más personales de su repertorio, dejando ver su estilo musical concecta con el público a través de letras honestas y emotivas.




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